Ingeniería y entorno accesible | La Clave

La accesibilidad en el entorno: claves e ideas fuerza

José Antonio Juncà Ubierna

Dr. Ingeniero de caminos. Coordinador del número 3661

Interior del túnel de Eupalinos de Megara. Isla de Samos. Grecia. Siglo VI a. C. © Grigoris Koulouriotis.

Al hablar de ingeniería y accesibilidad no se piensa en un partido de tenis, no; se piensa en el binomio, pero sin perder de vista un enfoque global, coral, dado que la accesibilidad es un área de conocimiento transversal que precisa, para alcanzar sus fines, del concurso, de la concurrencia de muchos saberes propios de la ingeniería, de la arquitectura, de las humanidades, de las ciencias de la salud, del mundo del derecho, del conocimiento del ser humano y de la sociedad en la que vive.

La ingeniería, si no bebe de los fundamentos de la accesibilidad, es como un jardín sin flores, una presa vacía, o un motor sin aliento. Por su parte, la accesibilidad necesita de la ingeniería para no resultar evanescente, pues de otro modo corre el riesgo de perderse en el rito de las formas, de renunciar a los cimientos que necesita para robustecerse.

Ingeniería, de ingenio y accesibilidad, cualidad de accesible, de facilitar. Parece no un binomio, sino una simbiosis, casi una tautología. Si nos asomásemos a la armonía de las esferas, percibiríamos los acordes de melodías de astros y estrellas; esa armonía, ese equilibrio, ese sosiego, es aquello que todo ser humano ansía en sus momentos de lucidez. La accesibilidad precisa de ese equilibrio, precisa de una percepción sensible del espacio.

Permítanme que echemos la vista atrás y que viajemos en el tiempo hasta la isla de Samos, en la época del tirano Polícrates, allá por el año 530 a. C. Tal como nos refiere Heródoto de Halicarnaso, el ingeniero Eupalinos de Megara, hijo de Naustrofo, primer ingeniero de cuyo nombre se tiene constancia, construyó el túnel de la isla de Samos, de 1 km de longitud para el abastecimiento de agua a la ciudad. Para ello, comenzó a horadar la galería por ambos extremos simultáneamente, logrando el encuentro de las dos perforaciones con apenas unos pocos centímetros de desviación. Además de recordar esta obra de ingeniería civil, considerada una de las ocho maravillas del mundo heleno, quisiera que sirviera como metáfora del encuentro entre estos dos «frentes de avance», el de la ingeniería y el de la accesibilidad, un encuentro que se logra con precisión, desde el rigor, desde el trabajo bien hecho, desde la voluntad y el esfuerzo de superación.

Aunque todo parece evidenciar la estrecha vinculación entre la ingeniería civil y la accesibilidad, no deja de ser paradójico que, desde siempre, no se hayan tendido puentes —o perforado túneles— entre ambas, hasta el punto de parecer campos yuxtapuestos. Incluso la nomenclatura o terminología habitual acuñaba la expresión, reflejada incluso en textos legales, de «las barreras arquitectónicas», expresión poco afortunada por razón doble: la primera, por trasladar un enfoque parcial de la cuestión; la segunda, por dar una visión en negativo, en clave de barreras, no de oportunidades, de soluciones que sustenten proyectos concebidos y redactados para el conjunto de la sociedad dando respuesta a la diversidad humana.

Algo que caracteriza a la ingeniería es que posee un tronco común que se diversifica de manera asombrosa y que, a medida que pasa el tiempo y se profundiza en los conocimientos técnicos, resulta más complejo —pudiendo llegar a ser casi inabarcable— conjugar la visión panorámica o generalista con aquella específica que ahonda en las cuestiones concretas de las ciencias y las técnicas aplicadas. Tal vez sea este el rasgo que marque más las diferencias entre el arte de la ingeniería y el de la arquitectura, si bien el campo de la construcción deviene cada día más apasionante al aplicar nuevos métodos como el BIM, nuevos diseños y materiales, y al afrontar retos de índole energética, ambiental, de sostenibilidad y, por supuesto, de accesibilidad.

Es en ese punto donde se incardinan ingeniería y accesibilidad, entendida esta en su más amplia acepción, la de planear, proyectar, construir y conservar el entorno de modo tal que cualquier persona, con independencia de su edad o de sus capacidades, pueda utilizarlo de forma cómoda, segura y autónoma. Así, la accesibilidad es una cualidad propia del buen diseño y su carencia supone un lastre inaceptable, tanto por no ser conforme con el marco jurídico regulador como por una cuestión de carácter deontológico, de respeto y de sentido ético.

Incardinar los fundamentos, directrices, criterios, especificaciones técnicas y, sobre todo, la filosofía de la accesibilidad en los trabajos de ingeniería, a todos los niveles y en cualquier tipo de proyecto, es una cuestión que ha de llevarse a cabo desde las fases iniciales, previéndola desde el principio como uno de los requisitos de partida, evitando algo habitual como olvidarla o infravalorarla, y a posteriori procurar rescatarla y aplicarla de manera forzada e impostada. La cuestión es tan sencilla como partir de la hoja en blanco y, desde la concepción del proyecto, tener en mente la accesibilidad, enfocada desde una visión amplia, que abarque cualquier situación personal, que proponga una perspectiva de conjunto y, a la vez, un zoom que atienda y resuelva cada detalle.

Cubierta de la publicación Ingeniería y Accesibilidad. Ciclo de sesiones. Libro de referencia que analiza los criterios y aplicaciones en materia de accesibilidad desde cada una de las ramas de la ingeniería. Publicado por el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana. 1.ª edición: septiembre de 2022.

La accesibilidad está presente en prácticamente todos los ámbitos de competencia de la ingeniería

La accesibilidad está presente en prácticamente todos los ámbitos de competencia de la ingeniería, incluyendo el planeamiento territorial, el urbanismo, las vías y espacios públicos, los parques, jardines y entornos naturales, la edificación, la rehabilitación, los entornos monumentales, el patrimonio de las obras públicas, la movilidad y el transporte, los equipamientos deportivos, las instalaciones industriales, la señalización, las técnicas de wayfinding y los sistemas de información, las TIC y la e-accesibilidad, los productos tecnológicos, la bioingeniería y, en fin, las grandes infraestructuras. La accesibilidad ha de ser un requisito básico transversal que debe ser tenido en cuenta por los ingenieros y profesionales que participan en el desarrollo de cada proyecto de ingeniería.

Por ello, pese a tratarse de un ámbito de ejercicio profesional apasionante, resulta extraño comprobar que ni en las escuelas de ingeniería se imparte formación en accesibilidad ni tampoco, salvo excepciones, existe una oferta formativa de posgrado en esta área de conocimiento que debería impregnar cada trabajo, calando como fina lluvia en sus fundamentos y aterrizando en los detalles constructivos.

He dedicado 48 años de mi ejercicio profesional a trabajar por un entorno más accesible y debo reconocer que ha sido un trabajo apasionante, ya que conjuga la faceta técnica con la faceta humana. Sin embargo, en la vida todo lo que tenemos es tiempo, y este no da marcha atrás; de ahí que observe con cierto desengaño la lentitud en el avance hacia una sociedad accesible, que pasa por ser capaces de crear entornos accesibles e inclusivos. También confieso una cierta desesperanza al ver cómo la ingeniería de caminos, o la ingeniería en general, no parece sentirse apelada ni interpelada por este compromiso, que entra de lleno en el objetivo de lograr una ingeniería civil al servicio de la sociedad.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.