Cerdà, más allá del Ensanche| Editorial

Cerdà, una herencia interminable

Desde que Fabián Estopé reeditó los dos tomos que se conocían de la Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona, en 1968, añadiéndoles un tercer tomo en 1971 sobre La vida y obra de Ildefonso Cerdà, incluyendo varios apéndices documentales entre los que estaba la Monografía estadística de la clase obrera de Barcelona, de 1856, poco se sabía de este ingeniero de caminos, canales y puertos, que en 1859 había conseguido aprobar el Proyecto de Reforma y Ensanche de Barcelona. El salto de escala lo dio la exposición que el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos organizó en 1976, con motivo del centenario de su muerte, con el título Ildefonso Cerdà (1815-1876), que recorrió numerosas ciudades del mundo, editando un catálogo prologado por su presidente José Antonio Fernández Ordoñez, con textos de Arturo Soria y Puig y Salvador Tarragó. Coincidiendo con esta exposición, se descubrió un fondo Cerdà, consistente en más de 50 planos originales y textos tan importantes como un diario personal o la memoria económica del Ensanche, que el Colegio compró y cedió al Ayuntamiento de Barcelona.

No siendo suficientes estos encuentros y reediciones, dos historiadoras localizaron en 1985, en el Archivo de la Administración de Alcalá, la Memoria del anteproyecto del ensanche de Barcelona, de 1855; el Proyecto de reforma y ensanche de Barcelona y su memoria de la Teoría de la Construcción de Ciudades, de 1859, y el Anteproyecto de reforma interior de Madrid y su memoria de la Teoría de la Viabilidad Urbana, de 1861. La publicación de la nueva documentación en dos volúmenes, en 1991, con títulos Teoría de la construcción de las ciudades. Cerdà y Barcelona y Teoría de la Viabilidad Urbana. Cerdà y Madrid, y unos textos introductorios de Arturo Soria y Puig, sirvieron para ofrecer una imagen actualizada de la dimensión de Cerdà. Ello dio lugar a una nueva exposición, Cerdà. Ciudad y territorio, promovida por la Fundación Catalana per a la Recerca y Albert Serratosa, con textos de Salvador Tarragó, Francesc Magrinyà y Arturo Soria y Puig, que recorrió también numerosas ciudades.

La Revista de Obras Públicas ya recogió, entre 1863 y 1864, unos textos del propio Cerdà sobre la calle, las necesidades de la circulación, los cruces de calles, las dimensiones de la edificación, pero muy limitados respecto a su Teoría General de la Urbanización, que publicó en 1867. Tardó casi un siglo hasta que el nombre de Ildefonso Cerdà volvió a aparecer en la Revista, con un artículo de José Luis Escario, de 1960, como precursor del urbanismo, en donde dice que tropezó Cerdà con el muro de los egoísmos del interés privado, que no le concedieron cuartel, debiéndole el Gobierno cantidades por sus trabajos, y en sus últimos años, después de dejar la Administración pública en 1848 (fue el primero) pasó apuros y estrecheces económicas, muriendo en 1876, acompañado solo por su hija en el balneario de Caldas de Besaya, en Santander. La Revista, en mayo de 1972, dedicó el número 3085 al Urbanismo en homenaje a Ildefonso Cerdà.

El número, además de un homenaje a Cerdà, intenta serlo también a los ingenieros de caminos, canales y puertos que se han dedicado al urbanismo

Después, la revista de arquitectura y urbanismo 2C Construcción de la Ciudad dedicó en 1975 un doble número monográfico a Cerdà, que servía para reconocer el valor de la obra de este ingeniero de caminos, canales y puertos al que la arquitectura había atacado con saña (a excepción de César Cort) por pensar que su Proyecto de reforma interior y ensanche de Barcelona estaba en contra de todas las normas de belleza de las poblaciones, prefiriendo el proyecto del arquitecto Rovira que había ganado el concurso. Es, por tanto, en los años 70 sel siglo XX cuando empieza a cambiar la percepción que se tenía del Ensanche y del propio Cerdà. Al cumplirse los 150 años de la aprobación del proyecto, la propia Revista de Ingeniería y Territorio (antes OP) editada por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, publicó un número en el año 2009 con título 1859-2009. El Ensanche de Cerdà; y diez años antes, en 1999, la revista Ciudad y Territorio había dedicado un doble número monográfico (119-120) a “Cerdà y su influjo en los ensanches españoles”. Su entonces director, Javier García-Bellido, escribía un editorial sobre “Ildefonso Cerdà y su poderoso influjo en el urbanismo español del último siglo y medio”.

El presente número de la Revista de Obras Públicas ha sido coordinado por Pere Calvet, Pere Macías y Francesc Magrinyà con motivo de los 150 años de la muerte de Cerdà, y lo han titulado Cerdà, más allá del Ensanche, intentando proyectar una imagen de este ingeniero de caminos, canales y puertos que va más allá de su proyecto y su obra teórica y práctica, con la que justificó el Ensanche de Barcelona y la reforma interior.

El universo de las relaciones de Cerdà con personajes de su generación que han sido claves en su obra y en su pensamiento; la relación con Pascual Madoz y su coincidencia en el pequeño grupo de diputados progresistas de las Cortes; la influencia de Laureà Figuerola, con el que comparte un carácter visionario y modernizador; los trabajos topográficos de Cerdà en el contexto de la cartografía de la época, con figuras como Francisco Coello; las referencias del paso de la ciudad ilustrada a la ciudad napoleónica y la consideración de que la inversión en suelo urbano era un buen negocio; la idea de reducir la ciudad a cultivo urbano, haciendo que el coste de las obras públicas salga de los beneficios esperados por propietarios y promotores; el entorno técnico y político de Cerdà durante el Sexenio Revolucionario que precipitó el advenimiento de la Primera República; la poderosa influencia que ejerció la obra de Cerdà con su Teoría y su Plan para Barcelona; la influencia que en Cerdà tuvieron tanto las nuevas locomotoras como los nuevos colectores y las obras de Haussmann en París; el modelo que supuso Barcelona para otras ciudades españolas; los parámetros de densidad de Barcelona frente a otras ciudades del mundo; la importancia de las infraestructuras, los servicios urbanos y la movilidad en la intervención de los ingenieros de caminos en el urbanismo, forman parte de los temas que trata este número de la Revista de Obras Públicas.

El número, además de un homenaje a Cerdà, intenta ser también un homenaje a los ingenieros de caminos, canales y puertos que se han dedicado al urbanismo, desde Cerdà a Serratosa. Quiero, en este sentido, recordar a un gran urbanista que nos dejó en abril de este año, Manuel Herce, que conocía muy bien la obra de Cerdà y difundió sus enseñanzas en libros desde la Escuela de Ingenieros de Caminos de Barcelona o la Universidad Oberta de Catalunya. A uno de sus discípulos, Francesc Magrinyà, debemos el último libro sobre Cerdà: Teoría Cerdà. La revolución urbana e industrial (2026), que recogemos aquí como reseña, y que da continuidad a los libros que, por parte de otro ingeniero de caminos, canales y puertos, Arturo Soria y Puig, se han dedicado a las teorías y a la obra de Ildefonso Cerdà, cuya herencia ya es interminable.

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