El patrimonio cultural de la obra pública 3 | Editorial

La reivindicación colectiva del patrimonio de las obras públicas

Este es el tercer número que dedicamos en esta nueva etapa de la Revista al patrimonio cultural de las obras públicas. El primer número (3633) lo intentamos introducir como una parte fundamental del contenido de la publicación, y el segundo (3644) lo editamos como apoyo al primer Congreso Internacional del Patrimonio de las Obras Públicas y de la Ingeniería Civil que celebramos en Cuenca, Toledo y Madrid en septiembre de 2023. Este tercer número espera servir de presentación a la segunda edición de este encuentro, que, organizado por el Colegio de Ingenieros, Caminos y Puertos y la Demarcación de Valencia, celebraremos en abril de 2006 en Castellón, Valencia y Alicante.

Después del Foro del Patrimonio de la Obra Pública que organizamos en octubre de 2019 y tras estos dos congresos, con una amplia participación de comunicaciones, se puede decir que la reivindicación del patrimonio cultural de la obra pública se ha convertido en una reivindicación colectiva, aunque este mensaje diste todavía de llegar a los responsables de su protección y conservación. Se siguen protegiendo obras públicas del pasado por su interés arqueológico, arquitectónico o industrial sin poner de manifiesto los valores culturales, territoriales o paisajísticos que caracterizan este patrimonio.

En el número anterior de la Revista dedicado al patrimonio cultural de las obras públicas, nos extendíamos, en el editorial, en estos valores y en la ampliación del concepto de patrimonio cultural que se ha producido desde principios del siglo XX, más allá de la consideración del patrimonio cultural como monumento. Reflexionábamos sobre el concepto integrador que supone la aproximación a la dimensión territorial de este patrimonio, definiendo el conjunto de cualidades que permiten diferenciarlo de otro tipo de obras, como las de la arquitectura, olvidando que las obras públicas tienen una capacidad de crear multitud de lugares, como elementos fundamentales en la construcción del territorio, que no serían posibles, ni reconocibles, sin su presencia.

No definirá –decíamos– precisamente esta característica, mejor que ninguna otra, su carácter patrimonial, por su permanencia en el tiempo y su capacidad de integrarse en la naturaleza, como una nueva naturaleza, reconocible por parte de quienes la recorren, la usan, la miran, la habitan. Es así como defendemos en este editorial el patrimonio cultural de las obras públicas como una reivindicación colectiva, que, si bien tiene autores que contribuyen a su identificación, una vez construida se integra en los valores de la colectividad, más en el momento que va perdiendo su carga funcional, por ser sustituida por otras utilidades que se adaptan mejor a la reducción de las exigencias funcionales de la velocidad o de la capacidad de resguardo, defensa o regulación.

Este nuevo número de la Revista, que ha vuelto a coordinar Rita Ruiz, nos pone en contacto con los valores de un patrimonio cultural disfrazado bajo su funcionalidad, como son las carreteras, especialmente ahora que se cumple el centenario de la creación del Circuito de Firmes Especiales, que nos remite a la recuperación del paso de las carreteras históricas desde la segunda mitad del siglo XVIII, con las ruinas de sus ventas, pasos de montaña o desfiladeros y la necesidad de una mejor señalización de los tramos que han perdido su uso anterior.

Las carreteras históricas, con su componente paisajística, son una oportunidad para el recorrido de paisajes que no serían entendidos sin su presencia, en donde sus menores exigencias funcionales son una oportunidad para recorrerlas por otros medios, incluso con los vehículos a menor velocidad, por su integración actual en el paisaje, a una escala distinta de las carreteras modernas. Identificarlas, incluidos los tramos que permanecen de las carreteras del XVIII, del XIX o del Circuito de Firmes Especiales, es una labor que va a llevar tiempo, pero es un acto necesario para poner en valor este patrimonio cultural de las obras públicas, que abarca también sus trazados y sus obras de fábrica, con toda la documentación de los proyectos a los cuales podemos acceder desde el Archivo de la Administración de Alcalá de Henares o desde los archivos de los proyectos de las carreteras de las Jefaturas Provinciales.

Los razonamientos que utilizamos para las carreteras serían aplicables también a las líneas de ferrocarril, que han quedado obsoletas o con tráficos reducidos como consecuencia de la alta velocidad; a los propios canales de riego o de navegación; a las transformaciones de la superficie del agua de los puertos; a las presas, con sus embalses; a los sistemas de defensa, que forman parte de un patrimonio colectivo del que nos debemos de sentir orgullosos los ingenieros de caminos, canales y puertos.

Un patrimonio que necesita de vigilancia y protección, con obras de restauración para mantener su uso actual, que puede ser distinto del histórico para el que la obra fue construida, como recogemos en la restauración del puente del Deba, el análisis de la fatiga de los puentes ferroviarios, o elementos del patrimonio de las obras públicas y del patrimonio industrial, como las Eras de Sal de Torrevieja.

Identificar las carreteras históricas es una labor que va a llevar tiempo, pero es un acto necesario

Junto con las carreteras está el patrimonio cultural de los edificios de los peones camineros y la reivindicación también de caminos históricos, como el camino real de México a Toluca, con una carga urbanizadora de todo un territorio de ultramar, de un patrimonio cultural de las obras públicas que, por la labor colonizadora de España, se extiende a otros territorios de América Latina y de Filipinas.

El papel territorial y estructurador de este patrimonio encuentra, como dice Inmaculada Aguilar, mayores dificultades para su valoración y protección, dispersando sus elementos en otros Planes Nacionales o en declaraciones de bienes de interés cultural a nivel autonómico, respecto al que iniciativas como la Cátedra Demetrio Ribes, que ella dirigió durante 15 años, son un factor impulsor del conocimiento del patrimonio de las obras públicas en la Comunidad Valenciana, con proyectos de investigación, inventarios temáticos, fondos documentales y cartográficos, publicaciones y exposiciones para reivindicarlo.

Ello deriva también en intervenciones como la puesta en valor de la presa de Relleu, a través de una pasarela adosada en voladizo a la pared rocosa, que facilita el recorrido suspendido sobre el barranco del río Amadorio, y cuya construcción ha supuesto una aventura por las dificultades de acceso, poniendo también en valor el papel de la ingeniería en estas obras de rehabilitación del entorno.

Un caso contrario, que no nos cansaremos de repetir, es la construcción del nuevo puente que se ha realizado en el entorno del puente de Alcántara, en Extremadura, no entendiendo el área de respeto que necesitan estas obras de ingeniería, como ocurre también con las de arquitectura cuando son declaradas bienes de interés cultural. El debate sobre la protección del patrimonio cultural de las obras públicas es también el debate sobre la protección de sus áreas de respeto, con sus componentes paisajísticas, más en el caso de un puente como el de Alcántara, el puente romano conservado más importante de la antigüedad.

En este número de la Revista incluimos también la entrevista que Rita Ruiz ha realizado a Paul Daniel Marriott, con una amplia trayectoria en la investigación, defensa y difusión del valor cultural de las carreteras históricas, especialmente en Estados Unidos. “La carretera sin contexto es ilegible”, dice Marriott, que reivindica su diseño, su paisaje y su cultura como recursos patrimoniales, y que establece tres categorías de carreteras históricas: rutas estéticas, rutas de ingeniería y rutas culturales, habiendo conseguido que su programa Preserving the Historic Roads sea un espacio de reflexión, siendo necesario, para que sean plenamente reconocidas, comprometerse con su inventario y su selección.

Finalmente hemos recogido la reseña de dos libros que tienen que ver con el patrimonio de las obras públicas. En el primero, María Elósegui y José Aguirre nos recuerdan el valor de la presa de Arriarán como ejemplo de ingeniería y arte, con el recuerdo de la figura de José María Elósegui, ingeniero de caminos de la Diputación de Guipúzcoa, que desempeñó un papel fundamental en su proyecto y construcción, con la escultura de Néstor Basterrecha que dota de gran belleza y espectacularidad a la presa. En el segundo, María del Mar Lozano Bartolozzi nos reconstruye la memoria de los poblados de los Saltos de Torrejón el Rubio en el Tajo, hoy desaparecidos, en los que recupera la figura de los arquitectos y del ingeniero Manuel Castillo Rubio, que está detrás de la construcción de estas presas, y nos invita a reflexionar sobre el destino de este patrimonio, que persiste en los archivos y en la voz de los antiguos habitantes.

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