Ingeniería y entorno accesible | Coyuntura
Infraestructuras y servicios críticos ante los riesgos
Una de las características más relevantes del siglo XXI está siendo la creciente incidencia de fenómenos extremos, en particular los meteorológicos, asociados al calentamiento global del planeta, con fuertes efectos negativos sobre las consideradas infraestructuras críticas y sus servicios.
Estos cada vez más frecuentes fenómenos extremos afectan a las infraestructuras críticas y a sus prestaciones con pérdidas económicas, interrupciones de los servicios, degradación y depreciación patrimonial e impactos en el bienestar de los ciudadanos. Además, se prevé que estos efectos serán cada vez peores si las infraestructuras críticas no se someten a procesos de adaptación que aumenten su resiliencia socioeconómica ante esos fenómenos extremos.
La fuerte incidencia de los riesgos en las diferentes fases del ciclo de vida de cualquiera de las infraestructuras críticas, o de las actividades de la ingeniería civil, justifica una presencia e intervención técnica relevante desde la ingeniería en todos los procesos asociados a las mismas (planificación, proyecto, inversión, mantenimiento u obsolescencia) para garantizar la dotación adecuada de sus servicios y evitar el deterioro de su valor patrimonial.
Se conoce la forma de actuar para prevenir y minimizar los daños correspondientes a estas infraestructuras críticas sobre todos y cada uno de los efectos asociados a los diferentes riesgos considerados por Protección Civil.
De hecho, la prevención de riesgos y el concepto de resiliencia ante los mismos tienen una amplia tradición científica y técnica (1), en el campo de las infraestructuras críticas y sus servicios, debiendo destacar las aportaciones del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015 2030 (2), que pone el acento en la necesidad de que los países se centren prioritariamente en medidas de prevención y gestión del riesgo de desastres, reforzando la resiliencia ante los mismos antes de que se produzcan, en lugar de en la gestión de los propios desastres una vez se producen.
Desde el punto de vista de los desastres ligados al calentamiento global y al cambio climático asociado y sus consecuencias, los sucesivos informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) (3), desde su creación hasta el último informe de síntesis presentado en 2023 (4), han implicado una recopilación de los riesgos y de las políticas y metodologías recomendables para la mitigación y adaptación ante este fenómeno.
La normativa europea y española han introducido, respectivamente, la exigencia de analizar la resiliencia de las cadenas de valor frente al clima y la obligación de establecer planes de adaptación al cambio climático, así como la consideración específica de la necesidad de proceder a medidas que aseguren la resiliencia de las infraestructuras críticas y sus servicios frente a los riesgos asociados a fenómenos extremos. Asimismo, la mayor parte de los bancos multilaterales y fondos que financian las obras públicas han introducido la evaluación de las consecuencias del cambio climático y los eventos extremos a lo largo de la vida útil de sus inversiones como requisito indispensable para la financiación de nuevas infraestructuras críticas, o para la ampliación y modificación de las existentes.
Se han establecido marcos y herramientas institucionales para la preparación y evaluación de proyectos que incorporan guías metodológicas para el análisis de riesgos y la adaptación al cambio climático, como la metodología propuesta por el IPCC (5), o la metodología JASPERS (Joint Assistance to Support Projects in European Regions), desarrollada por el Banco Europeo de Inversiones (BEI) (6) y la Comisión Europea, que pretende garantizar que los proyectos financiados por fondos europeos «sean resilientes y eficientes frente a los riesgos climáticos». Se exige una evaluación ex ante que integre el análisis de riesgos en la evaluación coste-beneficio de proyectos financiados con fondos europeos, para asegurar una toma de decisiones de inversión robusta y alineada con la citada taxonomía de finanzas sostenibles de la UE.
Para ello, es imprescindible mejorar el conocimiento y la capacidad predictiva para la adecuada gestión del riesgo, midiendo correctamente lo que valoramos. Los costes reales de los riesgos están especialmente infravalorados, y esta brecha se está ampliando a medida que los principales efectos del cambio climático se multiplican. Es preciso reformar las evaluaciones financieras para que incluyan los costes reales del riesgo, en particular, los riesgos a largo plazo, reorientando las tomas de decisiones sobre inversión y seguros para incentivar la reducción del riesgo.
En este marco, la ingeniería, y particularmente la de caminos, tiene una tradición y conocimientos que la hacen óptima ante estas exigencias, pues tiene la capacidad de afrontar técnicamente la respuesta necesaria ante el incremento y consecuencias de estos riesgos que, adicionalmente, se producen en el marco de una revolución científico-técnica y de las tecnologías de la información y computación, incluida la inteligencia artificial generativa. Estas tecnologías posibilitan un conocimiento, información y capacidad de intervención sobre las infraestructuras críticas que, adecuadamente gestionados desde la ingeniería, pueden llevar a una reducción notable de esos riesgos y sus consecuencias.
Las posibilidades de modelización y simulación de procesos, para los que el ingeniero de caminos está particularmente capacitado, permiten desarrollar predicciones sobre los riesgos a corto, medio y largo plazo, con diferentes niveles de probabilidad, que optimizan la respuesta a los mismos a través de la adaptación y resiliencia de las infraestructuras críticas y sus servicios, medidas que benefician al conjunto de la sociedad y, en particular, a los intereses del sector de la ingeniería de las obras públicas, cuya vida útil y cuyos servicios se extienden durante décadas.
La actividad tradicional y metódica de la ingeniería debe evolucionar para adaptarse y poder gestionar nuevas herramientas en la predicción de eventos, sistemas de alerta temprana, evaluación de infraestructuras, modelado y simulación, gestión de emergencias, entre otros. En este sentido, integrar nuevas tecnologías, como herramientas basadas en IA, para un análisis de riesgos avanzado (incluyendo el climático) permitirá una gestión más precisa de ellos, lo que aportará mayor certeza y valor en la toma de decisiones de inversión, así como en la estructuración económica y financiera correspondiente.
El ingeniero de caminos no es solo un usuario de la IA, sino también, en cuanto a la consideración de riesgos extremos complejos, es un «entrenador y validador» fundamental. En la actualidad, estas herramientas basadas en IA no están perfeccionadas y están en fase de entrenamiento. Es ahí donde el rol de los ingenieros se vuelve estratégico y fundamental. Sin su conocimiento especializado y sin su liderazgo para guiar la recopilación, procesamiento y validación de datos (históricos, de sensores, geoespaciales, de imágenes y vídeos reales, entre otros), la formulación y calibración de modelos, así como la validación y colaboración con equipos multidisciplinares (economistas, financieros, etc.), las herramientas basadas en IA no serían fiables ni eficientes en la toma de decisiones y en el desarrollo de estrategias.
En este marco, es preciso reforzar la alineación entre el perfil profesional del ingeniero de caminos y las necesidades reales que implican los fenómenos climáticos extremos cada vez más frecuentes, actualizando los planes formativos (grado, máster y desarrollo profesional continuo), incorporando escenarios de cambio climático, modelización de eventos extremos y análisis de vulnerabilidad de servicios esenciales, y promoviendo certificaciones específicas relacionadas con la resiliencia de infraestructuras críticas para así aumentar la visibilidad y confianza en el mercado sobre la labor de la ingeniería de caminos.
También en el proceso constructivo de una infraestructura crítica, el análisis y consideración de la información sobre eventos extremos permite establecer la interacción de estos con las obras en construcción, optimizando los recursos y garantizando la seguridad de las operaciones, reduciendo los riesgos, e incrementando los beneficios en una situación en que estos riesgos presentan una dinámica claramente creciente.
En efecto, el calentamiento climático se está incrementando por la dinámica energética y de consumo mundial actual, que mantiene e incluso incrementa el uso del carbón, del gas y del petróleo. El resultado es un previsible agravamiento de un proceso histórico de calentamiento medio tanto terrestre como marítimo, siguiendo la dinámica reflejada, para el período 1880-2024, en la imagen superior, siendo preciso destacar que, en el estío, las anomalías térmicas muestran, desde 2022 hasta 2025, niveles de calentamiento global superiores a 1,5º C.
En paralelo, los datos globales registrados por AON muestran cómo esta dinámica de riesgos naturales y ambientales está incrementado de forma exponencial las pérdidas económicas asociadas que, adicionalmente, solo en una pequeña parte están aseguradas, si bien España destaca por su elevado nivel relativo de aseguramiento frente a estos riesgos.
Las Naciones Unidas y la propia Unión Europea prevén que estos costes sigan incrementándose significativamente en los próximos años. En particular, el último Informe de la EEA sobre el estado ambiental de la UE (7) señala que los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos causaron pérdidas económicas estimadas en 738 000 millones de euros en la UE durante el período 1980-2023, con más de 162 000 millones de euros en costes solo entre 2021 y 2023.
A medida que el cambio climático se acelera, los costes aumentan y las pérdidas económicas anuales promedio asociadas a fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en el período 2020-2023 fueron 2,5 veces mayores que en la década anterior, de 2010 a 2019. Al mismo tiempo, la brecha de cobertura de seguros en Europa es considerable, con más del 50% de las pérdidas no aseguradas, y con estas creciendo a un ritmo más rápido que las cubiertas.
Ahora, con un periodo de retorno (número de años en que es esperable que el fenómeno se repita) de fenómenos extremos cada vez menor, y una magnitud de la incidencia de cada fenó-meno creciente sobre las infraestructuras críticas y sus servicios, la urgencia de llevar a cabo medidas de intervención que incor-poren la adaptación y resiliencia socio-econó-mica es máxima, minimizando la magnitud de las consecuencias que se están derivando de su no adopción, y teniendo en cuenta la previsión de que los efectos catastróficos irán in crescendo ya en la presente y próximas décadas.
Existe una brecha entre el conocimiento y las capacidades de intervención existentes en la ingeniería y la necesaria aplicación de ello a los requerimientos de los agentes públicos y privados para la adaptación y resiliencia ante fenómenos extremos de las infraestructuras críticas y sus servicios, brecha que los ingenieros de caminos pueden cubrir muy satisfactoriamente por su indudable capacitación profesional para abordar estos procesos. Pero todavía se está muy lejos de aprovechar estos nichos de trabajo, socialmente imprescindibles en el momento actual.
Notas
1
Naciones Unidas ha venido utilizando el concepto de resiliencia en distintos documentos; en particular, el Organismo de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) lo utiliza –desde hace decenios- para reflejar la capacidad de adaptación de la sociedad a los riesgos, catástrofes y situaciones desfavorables que soporta o puede soportar. Concepción no muy diferente de la primera acepción de la Real Academia Española de la Lengua que la define como «Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos».
2
Adoptado en la tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en Sendai (Japón) el 18 de marzo de 2015 https://www.unisdr.org/files/43291_spanishsendaiframeworkfordisasterri.pdf
3
El IPCC se creó en 1988 en la Asamblea General de Naciones Unidas para aportar informes periódicos sobre el conocimiento científico y las recomendaciones pertinentes ante los procesos de cambio climático y sus consecuencias.
4
IPCC (2023). Informe de síntesis sexto. https://www.ipcc.ch/reports/
5
IPCC. (2022). Climate Change 2022: Impacts, Adap-tation and Vulnerability (2023). https://doi.org/10.1017/9781009325844
7
EEA (2025) Europe’s environment 2025. (29.09.2025) https://www.eea.europa.eu/en/europe-environment-2025. Este informe quinquenal es el más completo sobre el estado actual y las perspectivas del medioambiente, el clima y la sostenibilidad en el continente europeo.