3662 | Cerdá, más allá del Ensanche

Los trabajos topográficos de Ildefons Cerdà en el contexto de la cartografía española de mediados del siglo XIX

Francesc Nadal Piqué

Catedrático de Geografía Humana. Coordinador del Grup d’Estudis d’Història de la Cartografia

Una de las actividades en las que Ildefons Cerdà destacó como ingeniero de caminos y urbanista fue la cartográfica. Cerdà realizó, a lo largo de su vida profesional, diferentes tipos de mapas: topográficos, urbanísticos, parcelarios y viarios (Grau, 2014, 94-119. Montaner, 1994, 71-80). En este artículo se intentará poner en contexto histórico uno de los tipos de mapas que realizó: los topográficos. En concreto, se expondrá su confección en el marco de la difusión de una de las principales innovaciones cartográficas que se produjo durante la primera mitad del siglo XIX: la de la representación del relieve mediante la técnica de las curvas de nivel.

Aunque esta técnica fue expuesta gráficamente por primera vez en 1782 por Marcelin Du Carla (1738-1816), no sería hasta principios del siglo XIX cuando los ingenieros militares franceses empezaron a levantar mapas a partir de la misma (Nadal, Montaner, 2016, 48-51; Rossi, 2021, 29-35). Así, el primer levantamiento cartográfico en el que se empleó esta técnica fue el que realizó en 1801 el ingeniero militar francés F. N. B. Haxo (1774-1838) en la Rocca d’Anfo en los Alpes lombardos. El segundo fue el que llevó a cabo entre 1809 y 1811 el ingeniero militar francés Pierre-Antoine Clerc en el golfo ligur de la Spezia (Rossi, 2021, 117-139). A partir de entonces, los ingenieros militares franceses empezaron a utilizar esta técnica ya de una forma sistemática y general.

De hecho, los ingenieros militares franceses fueron los primeros en emplear esta técnica en la realización de diferentes mapas relativos al territorio español. Este hecho sucedió en el marco de la invasión de España llevada a cabo en abril de 1823 por el ejército conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis, que dirigía el duque de Angulema y que tenía como objetivo la derogación del régimen liberal que se había instaurado en España a principios del año 1820. La presencia del ejército francés —que en algunas partes del territorio español se alargó hasta finales de 1827— permitió que el Corps Royal du Génie llevará a cabo importantes levantamientos cartográficos realizados con la técnica de las curvas de nivel.

Este fue el caso del mapa titulado Lever-nivelé de la place de Barcelone, que se realizó entre el invierno de 1823 y el otoño de 1827. Durante cuatro años un grupo de siete oficiales y jefes del Corps Royal de Génie levantó un detallado mapa que cubría toda la zona de exclusión militar del Llano de Barcelona. El resultado de sus trabajos fue un mapa compuesto por 54 hojas a escala 1:1.000 con curvas de nivel equidistantes un metro y en el que la expresión de la escala del levantamiento fue de carácter numérico y no gráfico. Una cuestión cartográfica singular de este mapa es que se tomó como valor cero de altitud un punto situado a 100 metros por encima de la puerta de entrada del Castillo de Montjuïc, de manera que el valor numérico de cada isohipsa iba aumentando conforme estas se acercaban al nivel del mar (Nadal, Montaner, 2016, 44- 67). Este no fue el único mapa que realizaron entonces estos ingenieros militares franceses, ya que, en 1825, levantaron un plano titulado Reconnaissance des environs de Lérida a escala 1:4.000 con curvas de nivel equidistantes un metro (Burgueño, 2017, 230).

A pesar de que, durante los cuatro años que duró la ocupación francesa de Cataluña, los ingenieros militares franceses cohabitaron con los ingenieros militares españoles, el uso de la nueva técnica de las curvas de nivel se hizo esperar entre los cartógrafos militares españoles. De hecho, la primera referencia de que disponemos sobre su aplicación es una hoja manuscrita relativa a la montaña de Montjuïc, que realizó en 1844 el ingeniero militar Ángel Romero y Walsh (1823-1898). Este plano —que, en realidad, constituye una minuta inacabada y del cual desgraciadamente solo se conserva un ejemplar y de forma fragmentaria— fue realizado con curvas de nivel a escala aproximada 1:6.423 (véase imagen de la derecha) y, al igual que en el plano de Barcelona que habían levantado los ingenieros militares franceses entre 1823 y 1827, el valor cero de altitud se encontraba en un punto situado encima de la montaña de Montjuïc (Burgueño, 2017, 230; Muro, 2020, 150-153).

El Cuerpo de Estado Mayor, adscrito al Depósito de la Guerra, ya había incorporado en 1848 en su reglamentación oficial la técnica de las curvas de nivel

Por su parte, el Cuerpo de Estado Mayor, adscrito al Depósito de la Guerra, ya había incorporado en 1848 en su reglamentación oficial la técnica de las curvas de nivel (Burgueño, 2017, 231-233). Ese mismo año, tal y como explica el geógrafo Jesús Burgueño, el Cuerpo de Estado Mayor efectuó sus primeros ensayos topográficos con dicha técnica. Sin embargo, su aplicación real tardó unos años más en plasmarse en los mapas realizados por este cuerpo militar. Así, en 1856, una comisión compuesta por varios miembros del Cuerpo de Estado Mayor —el comandante Benigno de la Vega y los capitanes Hipólito Obregón, José Coello y Jacobo Febrer— realizó un mapa a escala 10.000, formado por nueve láminas y titulado Plano de Madrid y contornos, en el que están dibujadas las curvas de nivel, pero sin estar acotadas. Lo mismo sucede, por ejemplo, con el plano titulado Batalla de Burgos o Gamonal, dibujado en 1859 a escala 1;20.000 e impreso, con posterioridad, formando parte del Atlas de la Guerra de la Independencia, que dirigió el jefe de Estado Mayor José Gómez de Arteche y que se publicó entre 1868 y 1901. En dicho plano, las curvas de nivel que aparecen dibujadas son equidistantes 10 metros, pero están también sin acotar (Burgueño, 2017, 233-236).

Al igual que los ingenieros militares y los oficiales y jefes del Cuerpo de Estado Mayor, los ingenieros de caminos, canales y puertos también efectuaron durante estos años levantamientos cartográficos utilizando la técnica de las curvas de nivel. En marzo de 1848 el ministro de Comercio, Industria y Obras Públicas Juan Bravo Murillo comisionó a los ingenieros de caminos Juan Rafo y Juan de Ribera (1811-1880) para que evaluasen sobre el terreno los diversos proyectos que se habían elaborado para la traída de aguas del río Lozoya a Madrid. Después de nueve meses de trabajos, en 1849 presentaron una Memoria razonada sobre la posibilidad y conveniencia de conducir las aguas del río Lozoya, que serviría de base para la construcción del Canal de Isabel II. Además, a raíz de dichos trabajos, en 1848 se imprimió un mapa titulado Plano del relieve del suelo de Madrid, que fue levantado a escala 1:12.500 y en el que el relieve estaba representado mediante curvas de nivel equidistantes 10 pies de la vara de Burgos (véase imagen inferior). El valor cero de altitud se encontraba, tal y como indican Juan Rafo y Juan de Ribera, «en las aguas bajas del Manzanares en el puente de Toledo».

Detalle del plano de la montaña de Montjuïc. Ángel Romero y Walsh, 1844. Fuente: Archivo General Militar de Madrid, B-37/15

La información topográfica de este mapa sería utilizada en la segunda edición, realizada en 1849, del Plano de Madrid a escala 1:5.000, que formaba parte del Atlas de España y sus posesiones de ultramar de Francisco Coello (1822-1898). Así, mientras que en la primera edición, que vio la luz en 1848, el relieve aparece representado mediante hachures, en la segunda está expresado a través de curvas de nivel equidistantes 10 pies. Este cambio fue debido, tal como se reconoce en el plano de la segunda edición, a la información topográfica contenida en el mapa realizado por Juan Rafo y Juan de Ribera. Así, en dos notas informativas de la segunda edición del Plano de Madrid se puede leer que los números relativos a las curvas de nivel «denotan las alturas en pies castellanos sobre el nivel ordinario de las aguas del Manzanares en el puente de Toledo», así como que «la nivelación que ha servido para determinar las alturas de los puntos principales y todo su perímetro ha sido practicada en el año de 1848 por los ingenieros de caminos, canales y puertos D. Juan Rafo y D. Juan de Ribera. La misma ha servido para marcar las curvas de nivel de 10 en 10 pies» (Nadal, 2017, 361- 362; Ortega, 2025, 18).

Unos años más tarde, durante el otoño de 1854, el ingeniero de caminos Ildefons Cerdà recibió el encargo del gobernador civil de la provincia de Barcelona Cirilo Franquet de estudiar el relieve del Llano de Barcelona en el marco de los estudios que debían efectuarse para definir el futuro ensanche de la ciudad (Grau, 2016, 71-72). Hasta ese momento Cerdà había llevado a cabo diversos trabajos cartográficos como el Proyecto de una carretera desde Sarriá a Barcelona (1845) o el Plano de la carretera de Sitges a Cañellas proyectada por ingeniero… (1845-1846), pero en ninguno de ellos había utilizado la técnica de las curvas de nivel para expresar la forma del relieve.

Esta situación cambió a partir del encargo recibido por el gobernador civil de la provincia de Barcelona. Con la ayuda del maestro de caminos José Fontserè y Mestre y de su hermano Miguel Cerdà, que era director de caminos vecinales, Cerdà emprendió a finales de 1854 un amplio y detallado levantamiento topográfico de una gran parte del Llano de Barcelona. Un primer resultado de este levantamiento fue la confección durante los meses siguientes de 13 planos parciales que cubrían una gran parte del llano mencionado; 12 de los planos estaban a escala 1:1.250 y uno, el correspondiente a la montaña de Montjuïc, a escala 1:2.000. En todos ellos el relieve se expresaba mediante curvas de nivel equidistantes un metro. A continuación, a partir de la información contenida en estos planos el 19 de noviembre de 1855 firmó el Plano de los alrededores de la ciudad de Barcelona a escala 1:5.000, en el que el relieve estaba representado mediante curvas de nivel equidistantes cinco metros (Grau, 2014, 97-104). En la realización de esta cartografía es preciso tener en cuenta, tal como señala Francesc Magrinyà, no solo el hecho de que Cerdà conocía el mapa del relieve del suelo de Madrid de 1848 de Juan Rafo y Juan de Ribera, sino que sus «conocimientos de las curvas de nivel y el desarrollo topográfico los había adquirido Cerdà en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid y disponía de los ejemplos de Lucio del Valle, Rafo y Ribera» (Magrinyà, 2026, 92).

Plano del relieve del suelo de Madrid. Juan Rafo y Juan de Ribera, 1848

Fuente: Biblioteca Regional de Madrid, Mp. VI/11.

Proyecto de un 'ferro-carril' de Granollers a S. Juan de las Abadesas. Plano parcial en escala de 1/5000

Fuente: 4.ª hoja, Ildefons Cerdà, 1856. Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, RM. 54824

En 1856 Cerdà elaboró un proyecto de ferrocarril desde Granollers hasta Sant Joan de les Abadesses para el que realizó un detallado levantamiento topográfico compuesto por 18 hojas, algunas a escala 1:50.000 con curvas de nivel equidistantes 50 metros, y otras a escala 1:5.000 con curvas de nivel equidistantes cinco o 10 metros (Montaner, 1994, 71-80) (véase imagen de la página 42). Más tarde, entre 1860 y 1865, Cerdà trazó un conjunto de 18 hojas a escala 1:500 que componían el denominado Plano particulario. Se trata de una documentación cartográfica parcelaria que elaboró a fin de gestionar la aplicación de su proyecto de ensanche de Barcelona, que había sido aprobado en 1859. Aunque las hojas de este mapa carecen de curvas de nivel, contienen una detallada información altimétrica de un gran valor urbanístico (Grau, 2014, 108- 119; Magrinyà, 2026, 313-315).

A partir de la segunda mitad de la década de 1850 la representación del relieve mediante la técnica de las curvas de nivel empezó a generalizarse en España. El 6 de junio de 1859 el arquitecto Miguel Garriga y Roca (1808-1888) firmaba el Plano de Barcelona con el trazado del relieve del terreno y construcción del mismo a escala 1:1.000 y con curvas de nivel equidistantes 0,5 metros (Nadal, 2011, 37). Tres años más tarde, en febrero de 1862, la Junta General de Estadística aprobaba el ambicioso Reglamento general para la formación de planos parcelarios, diseñado por el cartógrafo Francisco Coello, que determinaba como debía llevarse a cabo el catastro general parcelario del país aprobado en la Ley de Medición del Territorio de 1859. En este Reglamento se indicaba que los planos parcelarios debían realizarse a escala 1:2.000 y no solo debían contener las lindes de las propiedades, sino el relieve del terreno expresado mediante curvas de nivel equidistantes cinco metros (Muro, Nadal, Urteaga, 1996, 125-131). Se trataba de una verdadera utopía catastral que certificaba el triunfo rotundo en España de la nueva técnica de representación del relieve mediante curvas de nivel.

Referencias

1

Burgueño, J. (2017). «Cartografiar el entorno urbano. El Plano de Barcelona y sus alrededores, de Estado Mayor (1865)», en L. Urteaga y F. Nadal (eds.): Historia de la cartografía urbana en España: modelos y realizaciones. Madrid: Instituto Geográfico Nacional, p. 227-251.

2

Grau, R. (2014). «Conèixer per transformar. L’empresa cartogràfica d’Ildefons Cerdà, 1854- 865», en Ramon Grau y Carme Montaner (eds.): Estudis sobre la cartografia de Barcelona, del segle XVIII al XXI: els mapes d’una ciutat en expansió. Barcelona: Ajuntament de Barcelona e Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, p. 94-119.

3

Grau, R. (2016). «Planimetria i altimetria en els mapes d’Ildefons Cerdà, 1854-1865», en Ramon Grau y Carme Montaner (eds.): Estudis sobre la cartografia de Barcelona, del segle XVIII al XXI: els mapes d’una ciutat en expansió. Barcelona: Ajuntament de Barcelona e Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, p. 68-91.

4

Magrinyà, F. (2026). Teoría Cerdà. La revolución urbana e industrial. Barcelona. Universitat Politècnica de Catalunya.

5

Montaner, C. (1994). «El mapa d’Ildefons Cerdà de 1856: el primer mapa de Vic amb corbes de nivell?». Vic, Ausa, vol. XVI, n.º 132-133, p. 71-80.

6

Muro, J. I. (2020). «Cartografía militar de la montaña de Montjuïc, 1823-1880», en Ramon Grau y Carme Montaner (eds.): Vistes panoràmiques, cartes militars i plànols urbanístics a Barcelona del segle XVI al XIX. Barcelona: Ajuntament de Barcelona e Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, p. 144-169.

7

Muro, J. I.; Nadal, F.; Urteaga, L. (1996): Geografía, estadística y catastro en España, 1856- 1870. Barcelona: Ediciones del Serbal.

8

Nadal, F. (2010). «Miquel Garriga i Roca i el plànol de Barcelona, 1856-1862». Barcelona, Quaderns del Seminari d’Història de Barcelona, n.º 26, p. 3-79.

9

Nadal, F.; Montaner, C. (2016). «El Lever nivelé de la place de Barcelone, 1823-1827: un gran salt qualitatiu em la representació cartogràfica de l’espai barceloní», en Ramon Grau y Carme Montaner (eds.): Mapes i control del territori a Barcelona. Vuit estudis. Barcelona: Ajuntament de Barcelona e Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, p. 44-67.

10

Nadal, F. (2017). «Reformismo liberal y cartografia urbana municipal en la España del siglo XIX», en Luis Urteaga y Francesc Nadal (eds.): Historia de la cartografia urbana en España: modelos y realizaciones. Madrid: Instituto Geográfico Nacional, p. 357-385.

11

Ortega, J. (2025). «Ramón de Mesonero y su relación con dos planos de Madrid en 1846 y 1849». Madrid, Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo LXV, p. 9-36.

12

Rossi, L. (2021). La misura del paesaggio. Il viaggio topografico di Pierre-Antoine Clerc, Capitano del Genio napoleonico (1770-1843). Florencia, Istituto Geografico Militare.

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