La Clave | Cerdà, más allá del Ensanche

De Cerdà a Serratosa: los ingenieros de caminos y la movilidad

Ildefons Cerdà fue el introductor de una ciencia y una técnica dedicada a la «urbanización» de las ciudades. Fue capaz de incardinar y resolver el binomio movimiento-quietismo. Los ingenieros de caminos de finales del siglo XX —con Albert Serratosa como paradigma— retomaron el protagonismo de la profesión en la planificación urbana y territorial. Hoy, la ingeniería dispone de un nuevo instrumento de intervención en la ciudad, la planificación de la movilidad.

Palabras clave: Urbanismo, vialidad, edificación, movilidad, planificación urbana, planificación territorial, accesibilidad.

Ildefons Cerdà pioneered a science and a technique dedicated to the «urbanization» of cities. He was able to reconcile and resolve the tension between movement and stillness. Civil engineers of the late 20th century—with Albert Serratosa as a prime example—restored the profession’s leading role in urban and regional planning. Today, engineering has a new tool for intervening in the city: mobility planning.

Keywords: Urbanism, road systems, building, mobility, urban planning, regional planning, accessibility.

Pere Macias i Arau

Doctor ingeniero de caminos. Miembro numerario de la Reial Acadèmia d’Arts i Ciències de Barcelona

Retrato de Albert Serratosa. Fuente: Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya

«La intervención histórica del ingeniero de caminos en el campo del urbanismo se ha producido, sobre todo, a través de las obras de infraestructuras y servicios urbanos. La ingeniería, hoy tiene otros retos que la reclaman y la capacitan en la intervención urbana en campos como la ordenación de la movilidad». (1) Esta reflexión de los ingenieros Manuel Herce y Joan Miró en el primer capítulo de la publicación El soporte infraestructural de la ciudad parece, de entrada, limitar la intervención de la ingeniería de caminos en el urbanismo a cuestiones vinculadas al núcleo duro de nuestras competencias profesionales: el proyecto de la vialidad y de las redes, a las que en la actualidad se ha sumado la planificación de la movilidad.

Sin embargo, Herce y Miró, conocedores en profundidad de la obra de Ildefons Cerdà y compañeros del catedrático Albert Serratosa en el Departamento de Urbanismo de la Escuela de Caminos de Barcelona, acotan el alcance de su aseveración con un «sobre todo» que nos sugiere que, a lo largo de la historia, algunos ingenieros han trascendido a esta aportación parcial de la profesión en el urbanismo.

En efecto, Cerdà y Serratosa intervinieron profusamente en el urbanismo y no lo hicieron solamente con propuestas relativas a la movilidad y a las redes de servicios urbanos, sino que entraron de lleno en el ámbito de la ordenación del espacio dedicado a la edificación. El genial redactor de la Teoría general de la urbanización, lo tenía muy claro: «La edificación y la viabilidad son dos ideas correlativas e indisolubles de las cuales una no puede existir sin la otra. En efecto, no puede concebirse siquiera la viabilidad sin la edificación como su punto de partida y de término; así como tampoco puede concebirse la edificación sin la viabilidad como medio de movimiento de comunicación, de manifestación de la vida del hombre». (2)

Ildefons Cerdà se propuso sentar las bases de una nueva ciencia y de una nueva técnica de la ciudad a partir de sus postulados sobre el movimiento –hoy diríamos movilidad– y el quietismo, esto es, la calidad ambiental y el derecho a la vivienda, en versión del siglo XXI. El modelo urbano proyectado por Cerdà consiste en una trama capaz de dar respuesta tanto a las necesidades de movilidad como a la ordenación de los edificios de manera que se garantice un alojamiento digno a la ciudadanía. En consecuencia, la obra Teoría general de la urbanización emana de sendos postulados en torno a la vialidad urbana (Cerdà usaba la palabra viabilidad en los primeros textos) y a la edificación. En 1863, la ROP recogía en sus páginas el testimonio del proceso creativo de Cerdà publicando en seis entregas los capítulos relativos a «La Calle» de su Informe sobre el anteproyecto de reforma interior de Madrid. (3) Un año después, bajo el sintético título de «Edificación» publicaba sus ideas sobre la teoría de la edificación de las ciudades.

Según Arturo Soria y Puig, (4) el proceso de formulación del corpus doctrinal de Cerdà surgió en Nimes, durante un viaje a esta ciudad francesa en julio del 1844: «[…] veo por primera vez la manera de funcionar de los ferrocarriles y se me ocurre la idea de estudiar la influencia trascendental que, al generalizarse, han de ejercer sobre la urbanización». Cinco años después, solicita la baja del Cuerpo y decide dedicarse por completo a pergeñar una ciencia y una técnica para el proyecto de las ciudades. En este momento, Cerdà —convencido de la revolución que va a suponer la irrupción del ferrocarril y de las incipientes comunicaciones a distancia gracias a otro invento, el telégrafo— decide centrar sus reflexiones en el impacto que estas tecnologías proyectan sobre el territorio. (5) Sus aportaciones sobre la ciudad tendrán un sólido fundamento en las nuevas posibilidades de comunicación que van a proporcionar el tren y las telecomunicaciones.

La publicitación de sus estudios y reflexiones se inició en 1859 con la Teoría de la construcción de las ciudades aplicada al proyecto de ensanche de Barcelona; prosiguió con la Teoría de la viabilidad urbana y reforma de la de Madrid, de 1861 y culminó el 1867, con la nueva versión del proyecto de ensanche de la capital catalana bajo el pomposo título de Teoría general de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona.

La clave del éxito de Cerdà en sus planteamientos urbanísticos radica en introducir una visión de ciudad que sostiene que planificar una urbe no se limita a ubicar un conjunto de edificios bajo un estricto criterio de composición armónica. El proyecto de ordenación debe garantizar simultáneamente la accesibilidad necesaria a quienes participan de las actividades que tendrán lugar en dichos edificios. Sin esta concepción cinemática, la ciudad no va a funcionar y la insatisfacción de sus habitantes se hará patente. Como, para Cerdà, la ciudad es quietismo y es movimiento, un buen proyecto urbano debe afrontar la resolución simultánea de ambas cuestiones: buenas condiciones de habitabilidad para satisfacer el «quietismo» y buen funcionamiento de los desplazamientos de la ciudadanía para facilitar sus «movimientos» o, como decimos hoy día, su movilidad.

La formulación de un modelo que da plena respuesta a ambos requerimientos resultó ser la gran aportación de Cerdà. Así, su Proyecto de Reforma y Ensanche de Barcelona ha logrado trascender fronteras espaciales y temporales. Dos siglos después, continúa siendo un referente urbanístico mundial, mientras que otras propuestas coetáneas –en la misma ciudad condal, el proyecto de extensión urbana del arquitecto Rovira y Trías, o los ensanches de Madrid, Bilbao o Valencia– no han alcanzado un papel mínimamente comparable al ensanche barcelonés en el concierto de la urbanística.

Albert Serratosa, erigido en uno de los grandes apologetas de Cerdà, reivindicó, un siglo después, su corpus doctrinal y su obra. No solamente lo hizo desde el comisariado de la magna exposición que en la década de 1990 recorrió 100 ciudades de todo el mundo acaparando la atención en los más distinguidos foros académicos y culturales, sino también actualizando sus propuestas urbanísticas en un mundo crecientemente complejo, el de la metropolitanización del fenómeno urbano. El catedrático ha retomado la concepción cinemática de la ciudad de Cerdà aplicándola en una sugerente teoría donde un insólito parámetro toma protagonismo: «Deberíamos implementar una nueva disciplina, la ordenación del cronitorio. El tiempo constituirá una nueva variable a considerar en la planificación de la urbe», proclama en su antológico proyecto docente para el concurso de la Cátedra de Urbanismo de la naciente Escuela de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de Barcelona. (6)

Serratosa fue, con el arquitecto Joan Anton Solans, corredactor del Plan General Metropolitano de Barcelona, aprobado el 1976 y que todavía sigue vigente hoy (¡50 años después!) en la capital catalana y en el resto de los 26 municipios metropolitanos. Quizá la perdurabilidad del Plan se deba al acierto de la transposición de las ideas cerdianas al contexto del área de Barcelona en acelerado y caótico crecimiento durante los años del desarrollismo español: «Conferir los atributos urbanos al resto del área metropolitana requiere un gran esfuerzo de planificación coordinada, como en su día fue necesario el Plan Cerdà para convertir el recinto amurallado y pueblerino de Barcelona en una ciudad moderna». (7)

Posteriormente, Albert Serratosa centraría su actividad en los trabajos de formulación del Plan Territorial de la Región Metropolitana de Barcelona presentando una propuesta sugerente: el salto a la escala territorial de la malla urbana de Cerdà. Introduce el concepto de illes metropolitanes,8 islas metropolitanas, que vendrían a ser la traslación de las intervías a un nuevo ámbito territorial. Para asegurar la comunicatividad entre estas «islas» no solamente cuenta con la red de vías segregadas, sino que aporta otra idea innovadora: las vías cívicas, que define como una red intermedia entre las vías segregadas y las calles, a modo de auténticas avenidas metropolitanas. Apelando, una vez más, a Cerdà, Serratosa diseña esas vías de manera que realicen también la función de corredores de servicios urbanos, facilitando la extensión de las distintas redes y garantizando su continuidad territorial. Las vías cívicas conforman unos espacios canales, aptos para la comunicación y para la conectividad, diseñados con elementos de reducción de la velocidad de los vehículos y con un criterio de priorización de los espacios destinados a modos de transporte sostenibles. Las vías cívicas de Serratosa constituyen el paradigma y el avance de lo que, en pleno siglo XXI, se ha calificado como calles pacificadas.

En el documento «Objetivos, estudios e instrumentos» del Plan Territorial Metropolitano de Barcelona (1997) el preámbulo del documento se inicia con una declaración solemne y ambiciosa: «La solución a los problemas de las ciudades contemporáneas obliga a replantear la teoría urbanística convencional. Esta es la primera conclusión, y seguramente la más importante, de los estudios que se presentan». (9)

Esta apuesta de Serratosa por un planteamiento profesionalmente ambicioso e intelectualmente audaz conduce de forma ineludible a retomar la lectura del pensamiento de Cerdà. Un pensamiento que emana de su decidida vocación reformista. Bien conocida es su trayectoria profesional y lo son también sus incursiones en la política, nada ajenas a las protagonizadas por buena parte de los miembros del Cuerpo de Ingenieros de Caminos durante un siglo XIX en el que más de la mitad de los ingenieros ocuparon escaños en las Cortes, y algunos, como Práxedes Mateo Sagasta o José Echegaray, se aseguraron un lugar destacado en la historia. El alto prestigio del Cuerpo, consecuencia de una ardua preparación en la exigente Escuela y de su intervención continua y decisiva en la modernización de las infraestructuras y del propio Estado, derivó en una estrecha vinculación de muchos ingenieros con los sectores del liberalismo progresista. En este sentido, Ildefons Cerdà constituye el paradigma: sus contactos institucionales le permiten participar de forma activa en destacados proyectos y, especialmente, facilitan la asunción y aprobación, por parte del Gobierno estatal, de su plan de ensanche de Barcelona.

El ingeniero es franco en lo que se refiere al alcance de sus objetivos: «Estamos en una verdadera época de transición, y si no queremos merecer las censuras, quejas y recriminaciones que dirigimos a las generaciones que nos han precedido, y que las venideras podrán dirigirnos con más rigor y fundamento, preciso se hace emprender algo, hacer mucho para ayudar, favorecer y dirigir esa transición». (10)

Esta autoexigencia de Cerdà es coherente con el profundo sentido social que guía sus reflexiones y conduce a sus propuestas urbanísticas. Ambas cuestiones han sido reconocidas por distinguidas personalidades. Quién fuera decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, José Antonio Fernández Ordóñez, califica a Ildefons Cerdà de personaje admirable por «la entrega de una vida en beneficio de su pueblo», (11) resaltando los valores humanos y profesionales que, efectivamente, se concitaron en una persona dedicada de forma muy intensa a un proyecto de marcado cariz social.

El arquitecto Oriol Bohigas se refiere al proyecto de Cerdà afirmando que «incluye una profunda tesis social, muy anticipada en la historia del urbanismo moderno», y que «nos hallamos ante el primer planteamiento sociológico del urbanismo». (12)

Arturo Soria y Puig interpreta que: «Cerdà vistió de razón, de ciencia, lo que su sentido de la justicia le inspiraba» (13) y, tomando sus propias palabras, concluye que «la urbanización es un problema eminentemente social». (14)

La demógrafa Anna M. Cabré, analizando la cartografía y los datos procedentes de la Monografía estadística de la clase obrera de Barcelona (1856), explica que Cerdà «trata de demostrar que los barceloneses, y de manera muy especial, las clases populares, sufren la ciudad de una manera muy insoportable, que no solo arruina la salud y el bienestar, sino que pone constantemente en grave peligro la necesaria cohesión social». (15)

Para Antonio Bonet Correa, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid: «Cerdà, en tanto que pensador y reformador social, opinaba que la ciudad era, en sí misma y desde sus orígenes, el compendio de una comunidad humana, y aspiraba a dar forma a una nueva urbe más justa y mejor organizada capaz de eliminar las arbitrariedades y las deficiencias que la habían constreñido». (16)

Francesc Magrinyà, uno de los ingenieros de caminos que más esfuerzos ha dedicado a la investigación de la vida, pensamiento y obra de Ildefons Cerdà, relata las influencias que destacados personajes coetáneos ejercieron sobre él. (17) En primer lugar, Jaume Balmes, filósofo del pensamiento cristiano en tiempos de cambios sociales y atisbos de revoluciones. Balmes, como Cerdà, había nacido en la comarca de Vic y llevó a cabo sus actividades en Barcelona y en Madrid. Postulaba un aggiornamento de la religión y un entendimiento entre la Iglesia y el liberalismo moderado. Cerdà capta del eclesiástico la preocupación por los desvalidos y el valor del esfuerzo individual para superar las adversidades de una sociedad afectada por el cambio.

Sin embargo, fue en las filas del liberalismo de signo progresista donde Cerdà contó con mayores influencias y complicidades. Desde Laureano Figuerola, hasta Pascual Madoz, la ideología del ingeniero fue capturando las aportaciones y las praxis de quienes se decantaban por una profunda transformación de la sociedad española que le permitiera superar un pasado decadente y sumarse a los países que fundamentaban su progreso económico y la justicia social en una inequívoca apuesta por el desarrollo y la industrialización.

Esta apuesta de Cerdà por el progresismo y la modernidad subyace en su resolución de la cuestión de la movilidad: «el movimiento es el carácter distintivo de la vida mercantil y de la industrial». (18)

El presente artículo se inició con una cita del ingeniero de caminos Manuel Herce y va a culminarse con una reflexión suya en el prefacio del libro Sobre la Movilidad en la Ciudad.

Herce defiende que escribir un libro sobre movilidad urbana es escribir un libro sobre urbanismo, porque: «la ciudad se caracteriza por ser el lugar por excelencia de la relación social y la realización de la mayoría de las necesidades derivadas de este hecho depende del tratamiento que se dé al espacio urbano de la movilidad». (19) Continua su escrito con el convencimiento de que ha concluido el ciclo de la predominancia de los profesionales de la morfología urbana, de la arquitectura, en la ordenación de la ciudad, y lo argumenta con un viaje al siglo XIX cuando «la ingeniería fue capaz de convertir el paradigma del saneamiento ambiental, la higiene y el transporte en un potente instrumento de organización de la ciudad moderna e incluso de realización de una sociedad más justa». (20)

La irrupción de la movilidad como sujeto de derecho y objeto de planificación ha consolidado una renovada praxis de la acción pública en la ordenación urbana que conlleva el rearme del rol de la ingeniería civil. Dos de los principales retos de las ciudades actuales, el de satisfacer las necesidades de vivienda y el de recuperar la calidad del espacio urbano, no podrán tener respuesta adecuada sin apelar a la satisfacción del derecho a la accesibilidad por medio de una eficaz movilidad: «Todo el mundo tiene el derecho a la accesibilidad, a desplazarse, independientemente de sus condiciones –edad, género, clase social, físico— a cualquier punto del territorio. Conviene garantizar la máxima accesibilidad con la mínima movilidad, con el mínimo dispendio energético y con la mínima contribución a la contaminación y al cambio climático». (21)

Reivindicar intervenciones urbanas en base a la accesibilidad conjuga movimiento y localización de actividades. En cierto modo, es renovar la apelación de Cerdà a una teoría que dé respuestas satisfactorias al quietismo y al movimiento de la ciudadanía. La ingeniería ya no puede ceñirse solamente a resolver las cuestiones de los desplazamientos, sino que debe participar en el planteamiento de modelos territoriales y urbanos en los que la residencia y toda suerte de actividades humanas resulten accesibles de forma fácil y universal.

Hoy, la profesión está en óptimas condiciones para asumir la resolución del complejo hecho urbano a partir de la planificación y la gestión de la movilidad, con propuestas audaces y novedosas como lo fueron en su momento las vías e intervías de Cerdà, o las illes metropolitanas y las vías cívicas del profesor Serratosa.

Notas

1

Herce, M. y Miró, J. (2002) El soporte infraestructural de la ciudad. Edicions UPC. Barcelona.

2

Cerdà, I. (1863) «Edificación». ROP, tomo I (núm. 24) pág.291.

3

Cerdà, I. (1863) «La Calle. Seis artículos extractados de la Memoria del anteproyecto de reforma interior de Madrid». ROP, tomo I (núms. 4, 5, 6, 13, 14 y 15).

4

Soria y Puig, A. (1979) Ildefonso Cerdà, Hacia una teoría general de la urbanización. Ed Turner y Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Madrid.

5

Magrinyà, F. (2026) La Teoría Urbanística de Ildefons Cerdà. Una teoría espacial de la revolución urbana industrial. UPC y Ajuntament de BCN. Barcelona.

6

Serratosa, A. (1992). ¿Infraestructuras sin territorio?. Monografía 11. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Barcelona.

7

Serratosa, A. (1993) Objetivos del Planeamiento. ROP 3327.

8

Tort, J. y Català, R. (2011) Pensar el territori. Converses amb Albert Serratosa. Dèria Editors. Barcelona.

9

Mcrit/Multimedia consulting (1997). Factors Clau de la Planificació Territorial a l’Àrea Metropolitana de Barcelona. Departament de Política Territorial i Obres Públiques.

10

Cerdà, I. (1867) Teoría General de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona. Madrid: Imprenta Española (Edición facsímil a cargo del Instituto de Estudios Fiscales).

11

Fernández Ordóñez, J.A. (1994) Cerdà, utopía y pragmatismo. En Cerdà, Ciudad y Territorio. Fundació Catalana per la recerca y Editorial Electa. Barcelona.

12

Bohigas, O. (1963) Barcelona, entre el Pla Cerdà i el barraquisme. Llibres a l’abast, n.º 6. Edicions 62. Barcelona.

13

Soria y Puig, A. (1979) Ildefonso Cerdà, Hacia una teoría general de la urbanización. Ed Turner y Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Madrid.

14

Cerdà, I. (1867) Teoría General de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona. Madrid: Imprenta Española (Edición facsímil a cargo del Instituto de Estudios Fiscales)

15

Cabré, A.M. y Muñoz, F. (1994) Ildefons Cerdà y la insoportable densidad urbana: algunas consideraciones a partir de la cartografía y análisis de las estadísticas presentadas en la Teoría General. En Cerdà, Ciudad y Territorio. Fundació Catalana per la recerca y Editorial Electa. Barcelona.

16

Bonet Correa, A. (2009) La Barcelona Moderna: Realitat i utopia del Plan Cerdà. Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. Madrid.

17

Magrinyà, F. (2026) Teoría Cerdà. La revolución urbana industrial. UPC & Abacus. Barcelona.

18

Cerdà, I. (1867) Teoría General de la urbanización y aplicación de sus principios y doctrinas a la reforma y ensanche de Barcelona. Madrid: Imprenta Española (Edición facsímil a cargo del Instituto de Estudios Fiscales).

19

Herce, M. (2009) Sobre la Movilidad en la Ciudad. Editorial Reverté. Barcelona.

20

Id.

21

Macias, P. (2024) Espai Públic i Evaporació de Trànsit. Memòries de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona.

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