Coyuntura

El agua urbana

Un cambio de paradigma hacia una movilidad activa y saludable

Durante la pandemia y a pesar de las dificultades, los abastecimientos de agua urbanos y los sistemas de saneamiento han mantenido sus niveles de servicio. Las depuradoras no sólo están operando sin incidencias sino que están constituyendo un eficaz sistema de diagnóstico de la transmisión vírica.

Teodoro Estela Montreal

Director General del Agua de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos.

Francisco Javier Sánchez Martínez

Subdirector General de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos

Manuel Menéndez Prieto

Vocal Asesor en el Gabinete del Secretario de Estado de Medio Ambiente

© Lucía Moreno Diz – Miguel Sánchez Moñita

Imagínese un hospital sin agua. Imagínese su vivienda sin agua. Si normalmente son situaciones inaceptables en nuestros días, imagínese que eso ocurriera durante la pandemia. Y, aunque parezca un hecho normal, sin importancia y apenas valorado, el haber tenido acceso al agua en nuestras ciudades en situación de emergencia no ha sido sencillo.

En estos tiempos de pandemia, el agua juega un papel aún más protagonista y es imprescindible garantizar que, a pesar de todas las dificultades, se mantienen con total garantía todas las actividades relacionadas con ella.

En este último año, para asegurar el normal funcionamiento de los servicios del ciclo urbano del agua, ha habido que hacer grandes esfuerzos que afortunadamente se han beneficiado de un sector sólido y bien preparado tecnológicamente. La mayoría de los operadores han puesto en práctica medidas en dos ámbitos diferentes: protección de la salud de los trabajadores y garantía en la prestación del servicio.

En primer lugar, la protección de la salud de los trabajadores supuso la adaptación de las plantas, por ejemplo, instalando medios de control en la entrada de las instalaciones, fundamentalmente mediante cámaras termográficas, adecuando los espacios de trabajo e incluyendo señalización específica para asegurar que se mantenían las distancias de seguridad. Actualmente, estos medios se han reforzado con la realización, en algunos casos, de pruebas rápidas de antígenos. En segundo lugar, ha habido que garantizar la disponibilidad de equipos de protección para los cerca de 35.000 trabajadores del sector. Esto supone un suministro semanal de unas 8.000 mascarillas quirúrgicas, 30.000 mascarillas plegables con válvulas, 5.000 buzos desechables y unas 1.500 gafas de protección. 

En algunos casos, se han aplicado planes específicos de contingencia acordados con las organizaciones sindicales. Por ejemplo, al principio de la crisis, la Mancomunidad de los Canales del Taibilla mantuvo en operación tres de sus seis plantas potabilizadoras que consideraba esenciales, para dar una suficiente garantía al abastecimiento. Las otras tres quedaban como respaldo, es decir, como salvaguarda de un posible fallo de las restantes debido, por ejemplo, a la aparición de algún brote epidémico. En cuanto a la desalación, las cuatro plantas operadas por la Mancomunidad han estado permanentemente en funcionamiento, habiéndose llegado a considerar la posibilidad de que los trabajadores se mantuvieran en “burbujas”, confinados temporalmente en ellas.

Estos planes se implementaron en cuanto se vislumbró la posibilidad de que la enfermedad se extendiera en España, incluso antes de la entrada en vigor de los decretos que sucesivamente fueron desarrollando las medidas del estado de alarma. Han demostrado ser eficaces y, de hecho, tanto los servicios de abastecimiento como los de saneamiento se han desarrollado sin mayores contratiempos. 

En relación con el sector del agua urbana, durante la pandemia se han aprobado distintas normas específicas encaminadas a asegurar el mantenimiento de los servicios. Por ejemplo, la Orden SND/274/2020, de 22 de marzo, por la que se adoptan medidas en relación con los servicios de abastecimiento de agua de consumo humano y de saneamiento de aguas residuales, incluía una regulación específica que permitió que las empresas y entidades involucradas en el ciclo urbano del agua tuvieran la consideración de operadores de servicios esenciales y dispusieran de los productos, sustancias y materiales higiénicos necesarios para garantizar su labor. Esta Orden abría la consideración de esencial a las plantas desaladoras  y a los laboratorios de ensayo, así como a los procesos de fabricación y comercialización de reactivos empleados en el abastecimiento y depuración de las aguas residuales.

El impacto económico de la pandemia se ha hecho notar en el ciclo urbano del agua y, evidentemente, ha afectado a la capacidad de pago de muchas familias. Ya el Real Decreto Ley 8/2020, de 17 de marzo, de medidas urgentes extraordinarias para hacer frente al impacto económico y social del COVID-19 y el Real Decreto-ley 11/2020, de 31 de marzo, por el que se adoptan medidas urgentes complementarias en el ámbito social y económico para hacer frente al COVID-19, reconocían el carácter esencial del servicio del suministro domiciliario de agua para consumo humano e introducía la imposibilidad de cortes a los consumidores vulnerables. Posteriormente, y en ese mismo sentido, el Real Decreto-ley 37/2020, de 22 de diciembre, de medidas urgentes para hacer frente a las situaciones de vulnerabilidad social y económica en el ámbito de la vivienda y en materia de transportes, amplió la prohibición del corte del suministro de agua a los consumidores vulnerables, vulnerables severos o en riesgo de exclusión social, pudiéndose acreditar esta condición ante las empresas suministradoras con la presentación de la última factura de electricidad en la que esté reflejada la percepción del bono social de electricidad.

La restricción de las actividades comerciales e industriales dio lugar a un descenso en el consumo general del agua urbana, que no se vio compensado por el ligero aumento de la demanda en las viviendas durante el confinamiento. Fuentes del sector (XVI Estudio Nacional de Suministro de Agua Potable y Saneamiento en España 2020. AEAS-AGA) estiman que, en algunos meses, este descenso en el consumo ha llegado hasta el -8%. En poblaciones turísticas, en los meses más duros y restrictivos de la crisis, ha llegado a disminuir hasta un -22%. 

La garantía de los servicios y la protección de los usuarios exigieron una adecuada coordinación entre administraciones y operadores. Por ello, en marzo de 2020, inmediatamente después de declararse el estado alarma, la Secretaría de Estado de Medio Ambiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico creó un Grupo de Trabajo sobre la «Incidencia de la COVID-19 en los servicios de abastecimiento y depuración de aguas», que se reunió semanalmente hasta mediados de mayo.  Este grupo posteriormente dio lugar a una «Mesa de Evaluación del Ciclo Urbano del Agua» en la que, además de los operadores, también están presentes la Federación Española de Municipios y Provincias,  las organizaciones sindicales y las asociaciones de usuarios. La Mesa ya no se limita al intercambio de información y toma de decisiones relacionadas con el mantenimiento de los servicios durante la pandemia, sino que también pretende recopilar información, por ejemplo referida a los consumos y demandas en los abastecimientos, y a poner en marcha reformas de carácter estructural que conduzcan a un mejor modelo de gobernanza en los servicios del agua urbana. 

Seguimiento y evaluación de la pandemia a través de las aguas residuales

Las depuradoras se han convertido en potentes métodos de diagnóstico del estado de la pandemia. Nos están permitiendo saber a qué velocidad se transmite el virus y si las medidas de contención son eficaces. 

España fue de los primeros países en identificar el potencial del seguimiento ambiental del material genético del SARS-CoV-2 en las aguas residuales y en desarrollar proyectos como el de  “Vigilancia para la alerta temprana de la COVID-19 en aguas residuales (VATar-COVID-19)”, que llevan a cabo los Ministerios para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y de Sanidad, con el apoyo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX) y los gobiernos de varias comunidades autónomas.

El 14 de julio comenzaron los muestreos en 30 Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR), y se han venido realizado semanalmente (en cada EDAR, uno a la semana, el mismo día y a la misma hora) totalizando, hasta finales de enero de 2021, 880 muestreos en las entradas, que se han complementado con 220 muestreos en las salidas de las plantas. Inicialmente, se seleccionaron estaciones depuradoras de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, La Rioja, Madrid, Navarra y País Vasco. 

Evolución SARs-Cov-2 en la EDAR

Fuente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Fig. 1. Resultados obtenidos en una EDAR del Proyecto. Los laboratorios analizan dos dianas del ARN del virus. Se aprecia la segunda y tercera ola de la pandemia.

Durante la temporada estival, además se muestrearon diez zonas de baño de aguas continentales,  que fueron seleccionadas teniendo en cuenta la afluencia de bañistas, los resultados previos sobre la calidad de las aguas, el caudal y características del cauce, la temperatura del agua y su representatividad geográfica.

Posteriormente, se han incorporado al estudio EDAR adicionales de la Comunidad de Madrid (desde el 19 de octubre) y, desde finales de 2020 y principios de 2021, de Castilla-La Mancha (Talavera de la Reina), Melilla, Extremadura (Cáceres), La Rioja (Calahorra) y por último de Galicia (Lagares-Vigo- y Lugo), alcanzándose un total de 38 estaciones depuradoras a controlar. 

La selección de las depuradoras no es fija, sino que se realiza en base a la evolución de la pandemia y considerando las indicaciones de las autoridades sanitarias. En todo caso,  se  ha elaborado teniendo en cuenta criterios como la movilidad e interconexión entre poblaciones, mayor afluencia de turismo, poblaciones favorables a la expansión rápida de la enfermedad, impacto de la enfermedad o climatología.

Los análisis de las muestras se están realizando en los laboratorios de investigación del CSIC y en las Universidades de Barcelona y de Santiago de Compostela, ya que cuentan con experiencia y conocimientos adecuados para el análisis y la interpretación de los datos sobre la presencia de virus entéricos en muestras de agua.

Los resultados de los muestreos de las estaciones depuradoras del proyecto VATar-COVID-19 son puestos a disposición de las autoridades sanitarias y ambientales de las comunidades autónomas y del Ministerio de Sanidad, a través de una plataforma de intercambio de datos que integra los resultados obtenidos en cada proyecto.

Niveles de las EDAR agrupadas por semanas

Fuente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Fig. 2. Evolución de la concentración media de SARS-CoV-2 encontrada en las aguas residuales a lo largo del proyecto en todas las EDARs seleccionadas. La X es el valor medio. Se aprecia la segunda y tercera ola de la pandemia.

Superada la fase de calibración de la metodología de laboratorio, y tras consulta con las autoridades ambientales y sanitarias autonómicas, desde el 15 de noviembre de 2020 se publica semanalmente un resumen de los resultados de los muestreos en la web del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que incluye una aplicación para su visualización interactiva.

Asimismo, cabe destacar que el CEDEX ha desarrollado un foro de debate que pretende compartir los conocimientos y experiencias de otros proyectos en marcha.  Dicho foro reúne a expertos, técnicos y científicos que trabajan en la recopilación de información para la vigilancia ambiental del SARS-CoV-2, y permite debatir sobre nuevas cuestiones, protocolos, publicaciones, etc.

Los resultados obtenidos tienen una importante correlación con los casos clínicos y están permitiendo detectar posibles asintomáticos en poblaciones con baja incidencia. Además, de forma indirecta, permiten un adecuado seguimiento del efecto de las medidas que se están adoptando por parte de las autoridades sanitarias. Por otro lado, permitirán identificar en las aguas residuales cepas o variantes principales del virus, para lo que se están desarrollando las pruebas oportunas.

Sin embargo, la metodología tiene sus limitaciones, fundamentalmente derivadas de episodios de lluvia, de los patrones de comportamiento de la población y de las condiciones específicas de degradación del virus. En todo caso, existen metodologías que toman muestras integradas en vez de puntuales y que, una vez calibradas, pueden ayudar a solventar estas dificultades.

Lecciones para el futuro

La pandemia de la COVID-19 está suponiendo una crisis global de proporciones históricas y, en estos momentos, todavía es necesario priorizar los esfuerzos para evitar nuevos contagios. Su irrupción en nuestras vidas nos ha hecho darnos cuenta de nuestra fragilidad y nos ha obligado a afrontar grandes cambios en nuestras actividades cotidianas.

Asimismo, ha hecho evidente que retos de esta magnitud sólo pueden afrontarse con buena ciencia, con buena tecnología, con buena ingeniería. Un sólido y riguroso conocimiento es la base de la puesta en práctica de medidas que palíen los impactos y afronten las futuras crisis ambientales, sanitarias y sociales que, inevitablemente, sabemos que nos esperan.

Durante la pandemia, el agua urbana se ha revelado como un elemento trascendental. Además de ser una primera barrera para el virus e imprescindible en la mayoría de medidas de higiene, es un servicio esencial y vital para el desarrollo económico y, como se ha visto en este artículo, un potente indicador de la difusión de la enfermedad, que nos permite valorar la eficacia de las medidas de control aplicadas y apoyar con datos objetivos la toma de decisiones.