La Clave | Regerenacción

¿Desmantelamos diques?

La costa, devuelta a su estado original

Vicente Negro Valdecantos

Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

Catedrático de Universidad (ETS ICCP–UPM)

Nerea Fátima Portillo Juan

Doctora en Sistemas de Ingeniería Civil (ETS ICCP–UPM)

El ser humano afronta el segundo cuarto del siglo XXI con un enorme reto ambiental. El litoral es sensible y está en deterioro progresivo y en un estado de regresión permanente evidente. Las acciones son cada vez más extremas, energéticas y frecuentes. La costa, un territorio en incertidumbre constante, línea fronteriza entre la tierra y el mar, está en peligro, agoniza. La mitigación y adaptación al cambio climático es un desafío que debe conducir a la restauración de los ecosistemas marinos y a la protección de la débil y presionada franja costera. Si a eso se le añaden los puertos, —líneas en el mar de grandes profundidades y longitudes dedicadas a múltiples usos que vertebran, comunican y conectan territorios en amplias redes de transporte—, la reflexión debe ser profunda. La conciencia amplia junto con la ingeniería son parte de las apuestas técnicas para poder disfrutar del mar en todos sus campos afrontando este mundo cambiante. En una costa con tantos puertos, ¿debemos desmantelar alguno de ellos?

Palabras clave: Emergencia climática; eventos extremos; Ingeniería de Costas y Puertos; desmantelamiento; diques.

Humans are facing the second quarter of the 21st century with an enormous environmental challenge. The coastline is sensitive, progressively deteriorating, and clearly in a state of permanent regression. Actions are increasingly extreme, energetic, and frequent. The coast, a territory in constant uncertainty, the border line between land and sea, is in danger. Mitigation and adaptation to climate change is a challenge that leads to the restoration of marine ecosystems and the protection of the weak and stressed coastal strip. If we also consider ports, maritime larges lines dedicated to multiple uses that backbone, communicate, and connect territories in extensive transportation networks, the concern is real. Broad awareness and engineering are key challenges we must overcome to fully enjoy the sea in all its dimensions amidst a changing world. On a coast with so many maritime structures, should we dismantle any of them?

Keywords: Climatic emergency; extreme events; coastal and harbour engineering; breakwaters; desmantle.

Dique exterior del puerto de Punta Langosteira, La Coruña.

En estos momentos, los impactos humanos sobre los escenarios naturales son cada vez más difíciles de revertir. Los territorios ganados al mar son de mayor extensión, la población se concentra en grandes ciudades en las proximidades del litoral y los servicios demandados reducen playas, incrementan temperaturas, aumentan vertidos y llenan el océano de plástico y suciedad, entremezclando las arenas con algas, sargazo, medusas o especies invasoras. La sociedad actual está en evolución permanente con resultados de dudoso equilibrio social, poblacional, económico, ambiental y de sostenibilidad.

Escribir estas reflexiones es repasar una vida de ejercicio profesional dedicada al mar. Durante más de cuarenta años, he visto temporales, borrascas, inundaciones, fallos, crecimiento vertiginoso y desproporcionado de puertos, y grandes diques en impresionantes calados, elementos fuera de escala en la bandeja de plata, con olas, mareas y corrientes, siempre basculando y meciéndose en sus melodías.

Decíamos en noviembre de 2019 en el diario El País tras la histórica marea alta de Venecia del día 13 de aquel mes, que el «mar caliente es una bomba». En 2021, se comentaba que «el mar está en la UCI». Hoy, años después, se sigue con la concepción de mucho diálogo, demasiado relato y escasas actuaciones conjuntas, sensibles y resilientes. En resumen, muchas palabras y escasos hechos.

Estamos convirtiendo la costa en acantilados de acero y cristal. La ciudad en el mar ya no tiene límites y ocupa sin escrúpulos el paisaje litoral.

Si a eso se le añaden los eventos extremos cada vez más intensos y frecuentes, el futuro no es halagüeño. Por citar algunos ejemplos: la tormenta Gloria, que provocó en el Mediterráneo destrozos incalculables con oleajes significantes —en Valencia superó los ocho metros (enero 2020)—; el evento de Filomena (enero 2021), que el centro de la península recordará por su nevada histórica; la tormenta Domingos (noviembre 2023), donde se registró el récord de altura de ola significante de una boya exterior de la Red de Puertos del Estado (Estaca de Bares, Hs = 13.89 m); la triste riada de Valencia del 29 de octubre de 2024; o la DANA en el litoral catalán de julio de 2025. Todo esto nos lleva a que, como personas e ingenieros, reflexionemos en profundidad sobre la naturaleza, la técnica y el clima. Lejos queda diciembre de 2007, o el primer trimestre de 2014, donde los temporales averiaron y destrozaron muchos diques cantábricos, porque toda variable ambiental es cíclica.

Se añade un dato más. Cada vez los medios de comunicación sensibilizan a la población con la temperatura del agua del mar en el Mediterráneo o la posibilidad de que se produzca un maremoto histórico en este siglo XXI. A esto se quiere comentar que en Dragonera, muy cerca de la bahía de Palma, en agosto de 2024 se alcanzó la temperatura de 31.87º. En julio de 2025 llegamos a estar cerca de los 31º.

En el golfo de Vizcaya, el 5 de julio de 2025 se registraron 24.45º. Esto repercute en la posibilidad de enormes depresiones en niveles altos de la atmósfera, tormentas e inundaciones de sexta categoría, lluvias intensas y pedriscos, y devastación.

Finalmente, un recordatorio. El 1 de noviembre de 1755 se registró el gran terremoto de Lisboa con un gran tsunami que destruyó la ciudad y causó casi 100 000 muertos. El evento anterior había sido el 26 de enero de 1531. La gigantesca ola se sintió en el litoral sur del Atlántico español causando notables pérdidas humanas en poblaciones como Cádiz o Ayamonte. Por eso, la pregunta no es si vamos a tener un gran maremoto, sino cuándo se va a producir. A fecha de 14 de julio, en el mar Mediterráneo, frente a Níjar en Almería, se produjo un evento de 5.5 en la escala de Richter.

El panorama de fragmentación de la costa por la existencia de la acción humana con obras marítimas es alarmante

Se termina esta introducción con los puertos. En el comienzo del siglo XXI se ha perdido la esencia primordial de la condición humana, esto es, construir para habitar, para mejorar las condiciones de vida de las personas y para facilitar que la mayoría pueda «vivir». En este sentido, las obras marítimas —diques, muelles, rellenos, dragados— han proliferado con carencia de sentido y rigor.

Construir es parte del motor de la economía, crea empleo y desarrolla territorios. Sin embargo, muchas obras se acometen con necesidades inexistentes, realidades dudosas, y son actuaciones puramente instrumentales. No hay tráfico para tanta explanada ni tanto dique en gran calado para tanto barco y esto crea un «estar en el mundo» donde los puertos están vacíos y las superficies de tierra son espacios con vegetación y sin uso.

Como ingenieros seguiremos actuando sobre la naturaleza, cambiaremos su latido, intentando que tanto antecedente como nudo y desenlace sean atractivos en su inicio y resultado, creando infraestructuras para proteger y recuperar el litoral, restaurando los ecosistemas marinos y afrontando los retos climáticos del siglo XXI.

¿Desmantelamos los puertos?

Según el Inventario de Diques de Abrigo de España, el número total de diques ascendía a 294, repartidos al 50% entre las fachadas atlántica y mediterránea. El número de diques por cada 100 km de litoral era de 3.50, ascendiendo a 4.30 en el Mediterráneo, reduciéndose a 3 en el Atlántico y alcanzando el valor de 7 en la zona de Cataluña.

En aquella fecha, había más de 180 km de diques, de los cuales el 83% eran en talud, el 8% verticales y el resto, especiales o mixtos. La profundidad, en su gran mayoría, era inferior a diez metros, si bien en las zonas mareales se hacía crecer ampliamente su porcentaje. Esta breve estadística define que nuestra costa tiene un dique cada 30 km, y estos, dada la profundidad de sus morros, son barreras integrales al transporte. Como consecuencia, el efecto sobre el litoral es la parálisis de la corriente sólida que alimenta las playas a sotavento de los obstáculos.

En 2012, Puertos del Estado hizo un extraordinario esfuerzo para que la comunidad portuaria conociese la verdadera eclosión de la obra marítima en nuestro país, publicando un nuevo atlas con las obras ejecutadas entre 1986 y 2011 de los puertos pertenecientes a la red estatal.

En ese nuevo inventario se incluyeron 63 diques correspondientes a 21 autoridades portuarias, con una longitud superior a los 73 km, 63% en la fachada mediterránea y 37% en la atlántica. La longitud de estos tramos en talud fue de 49.3 km. La vertical alcanzó los 23.90 km. El más grande fue el dique sur de Barcelona, que superó los 4.7 km; el de mayor profundidad, Escombreras en Cartagena, en la isobata – 40.00 m, y el de mayor altura, Punta Langosteira, con 65 m, desde su base en – 40 m referidos a la BMVE hasta su coronación en la cota + 25.00 m.

Dada la nueva configuración del espacio marítimo con las transferencias a las autonomías de puertos pesqueros y deportivos, así como la dificultad de recoger otras tipologías (como los diques de playa, espigones, exentos o sumergidos, y los diques de puertos militares o industriales), el panorama de fragmentación de la costa por la existencia de la acción humana con obras marítimas es alarmante.

A esto se le deben añadir los volúmenes tan ingentes empleados en ganar terreno al mar con mares muy energéticos y condiciones muy adversas en todas las fases del proceso.

Estas obras, en ocasiones, carecen de sentido acometidas por naturaleza estructural e instrumental.

A partir de las tablas de la derecha es fácil observar las cantidades de algunas de las obras emblemáticas desarrolladas en los inicios del siglo XXI. Sus volúmenes y dimensiones son motivo de reflexión y conciencia.

Comparación de un portacontenedores con la planta de un estadio de fútbol.
Comparación de un portacontenedores con la puerta de Alcalá (Escala 1:1000).
Volumen de relleno sobre la planta de un estadio de fútbol.

A nivel visual, se muestra también la comparación de un gran barco portacontenedores con las dimensiones de un estadio de fútbol (véase la imagen de la izquierda). Su geometría en sección con relación a la Puerta de Alcalá y el volumen de relleno del puerto exterior de Gijón sobre la planta de un estadio de fútbol, que representa un edificio de más de tres kilómetros de altura (véase la imagen siguiente).

Observando sus geometrías, tipologías, número, profundidad y usos, es posible observar las dimensiones de estas nuevas realidades que, después de casi quince años, tienen sus superficies de agua con reducido uso y niveles de explotación escaso en sus explanadas.

Basta preguntarse el motivo de tener tantos puertos, unos diques que fragmentan el litoral y condicionan el entramado urbano de nuestras ciudades costeras.

Debe añadirse que el cambio climático puede afectar al comportamiento estructural y funcional de las obras de defensa. La costa es un territorio en incertidumbre constante; la subida del nivel del mar y los eventos extremos cada vez más recurrentes e intensos provocan temporales de alturas de ola significante cada vez más elevadas (Mediterráneo), períodos ondulatorios más altos (Cantábrico) y flujos de energía mayores, que afectan a la estabilidad y rebase de nuestros diques, reducen nuestras playas a mínimos de uso y disfrute, con lo que se demuestra la necesidad de tomar medidas para proteger los sistemas costeros frente a los cambios que se están sucediendo. Para esta victoria ambiental y sostenible, la ciencia y la técnica deben estar por encima de la política y la economía.

Si bien este artículo se empezó a escribir a mediados del 2025 y la Agenda 2030 está próxima y parece más una utopía que un marco real, los Objetivos de Desarrollo Sostenible — entre ellos, el ODS 11 Ciudades y Comunidades Sostenibles o el ODS 13 Acción por el Clima— deben servir para reflexionar sobre el uso de los puertos, algo que puede abrir la puerta a su desmantelamiento, eliminando así brechas, fracturas y barreras que coaccionan la corriente sólida erosionando la costa en su zona de sombra.

Conclusión

El cambio climático es un proceso irreversible y difícil de revertir. La adaptación y la mitigación son estrategias que requieren de conciencia social, cooperación internacional y el esfuerzo de todos los países.

En España tenemos un dique cada 30 km, con profundidades en zonas activas de transporte sólido que constituyen barreras integrales al transporte. Muchos de nuestros diques producen brechas insalvables en la evolución del paisaje costero.

De izquierda a derecha, Puerto exterior de Gijón. Puerto exterior de Valencia. Contradique de cubípodos del puerto de Punta Langosteira, La Coruña.

En el Cantábrico, la problemática del cambio climático se produce en las rías y presenta un incremento de los períodos ondulatorios del oleaje. En el Mediterráneo, alturas de ola, temporales, sequías e inundaciones son nuestros problemas. Como ingenieros, técnicos sensibles y humanísticos del siglo XXI tenemos que tomar un papel activo en la adaptación de nuestras obras. Somos vectores del cambio y devolver la costa a escenarios originales puede ser una solución a largo plazo. Eso puede conllevar al desmantelamiento de diques que se acometieron con necesidades inexistentes y realidades dudosas, y fueron actuaciones puramente instrumentales.

El mar es tan hipnótico que lo devuelve todo, desde los recuerdos hasta los sueños que nunca soñé.

Referencias

1

Zabelascoa, Anatxu. (16 noviembre 2019). El mar caliente es una bomba. El País. [https://elpais.com/sociedad/2019/11/15/actualidad/1573804215_269730.html]

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Negro Valdecantos, V.; Varela Carnero, O.; García Palacios, J. H. y López Gutiérrez, J. S (2008). Diseño de Diques Rompeolas, 2.ª edición. Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Colección Seinor, núm. 28.

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Negro Valdecantos, V. (2022). Las ingenierías del mar. Reflexiones sobre sostenibilidad, medioambiente y cambio climático. Editorial Catarata. ISBN: 978-84-1352-585-3

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9

Portillo Juan, N., Negro Valdecantos, V., y Del Campo, J. M. (2022b). A New Climate Change Analysis Parameter: A Global or a National Approach Dilemma. Energies, 15(4), 1522. https://www.mdpi.com/1996-1073/15/4/1522

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Portillo Juan, N., Negro Valdecantos, V., y Del Campo, J. M. (2022c). Review of the Impacts of Climate Change on Ports and Harbours and Their Adaptation in Spain. Sustainability, 14(12), 7507. https://www.mdpi.com/2071-1050/14/12/7507

11

Diques de abrigo en los Puertos de Interés General del Estado, 1986 – 201. (2012) Ministerio de Fomento. Puertos del Estado.

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