He leído la segunda edición (2026) de este libro treinta años después de haberme cautivado la primera. Si la lectura de entonces me animó a adentrarme con humildad en el fascinante mundo de las construcciones de piedra y ladrillo, esta segunda me ha hecho ver que, como se dice de nuestros mayores (Jacques Heyman, todo un gentleman que ha cumplido 101 años en marzo), el autor tenía razón en todo y, aún más, veo ahora conceptos y matices que pasé por alto entonces y que se manifiestan ahora esplendorosamente ante mis ojos. Es lo que suele pasar con los libros que, como éste, son de cabecera.

En poco más de 180 páginas (incluidas las del prólogo y el prefacio, que los sajones acostumbran a numerar en romano con minúsculas), este prolífico y clarividente ingeniero lleva de la mano al lector hacia la comprensión sencilla y desinhibida de unas construcciones cuyo análisis, en los últimos decenios, se ha visto orientado hacia los modernos y sofisticados métodos de cálculo que, si bien tienen ventajas indiscutibles, han tendido a cubrir con una máscara de sofisticación lo que, como Heyman demuestra, admite planteamientos sencillos y elegantes, muy pegados a una realidad, sin embargo, extraordinariamente compleja y hermosa.

Al introducir el comportamiento de arcos y antifuniculares desde el planteamiento del análisis límite, Heyman hace ver enseguida al lector que el estudio estructural de este tipo de construcciones, por supuesto sobre la base del equilibrio, no es posible con las premisas acostumbradas de las ecuaciones constitutivas y de compatibilidad o de contorno, que llevan, en la teoría elástica lineal, a la solución única. Real como la vida misma, como la propia actividad del ingeniero consciente. Esto no debe constituir una sorpresa para quien trabaja con modelos de bielas y tirantes en piezas de hormigón, o para quien tiene al menos nociones de cálculo plástico -Heyman se inició precisamente en el ámbito de la Plasticidad en estructuras metálicas-, en el muy recomendable ejercicio de trasvasar los conocimientos de un área a otra.

Se adentra después en el hoy infrecuente análisis de cúpulas, a partir de hipótesis simplificadas que va ajustando a la realidad, a las diferentes posibilidades de comportamiento de estas estructuras, pero llama la atención que, inmediatamente después, vuelve al caso de las bóvedas, que parece más sencillo en principio que el de las cúpulas. 

The Stone Skeleton. Structural engineering of masonry architecture

ISBN: 978-1-009-68241-1

Autor: Jacques Heyman

Editorial: Cambridge University Press. 2026

Número de páginas: 216 pág.

El lector que ha visitado una catedral románica (o una construcción renacentista) y ha visto las bóvedas de arista, o se ve atraído hacia las bóvedas de crucería del gótico, de pervivencia constructiva aún mayor, se da cuenta pronto de que el orden expositivo tiene toda lógica, reforzada por el análisis de las grietas y fisuras, que dicen mucho del modo de funcionar de estas construcciones y están ahí, esperando que el observador escudriñe su origen. Cuando el lector va cumpliendo años, como es el caso de quien esto escribe, y se va desprendiendo de prejuicios, advierte que la Geometría y la Estereotomía (derivada de la primera) han estado muy por delante del cálculo, como enseña la Historia.

Acompañamos a Heyman en su recorrido, mediado ya el libro, con un aparente retroceso hacia cosas más prosaicas como el muro o el pilar (simples o compuestos), avanzando luego hacia piezas cuya función estructural ha pasado inadvertida frecuentemente: pináculos y arbotantes, presentes en construcciones que no necesariamente son góticas, contrariamente a lo que induce el estereotipo que suele residir en nuestra mente. Singularmente atractivo resulta el acercamiento que propone para entender el funcionamiento de los fascinantes rosetones (con cuantía nula de acero, por cierto), o de las escaleras rectas o en espiral, con sus diversas tipologías.

El último tercio del libro se inicia con las torres -agujas incluidas- y las campanas, familiares pero desconocidas, como descubre asombrado el lector al seguir el rastro del maestro británico. Se cierra el libro con unas referencias históricas que ponen de relieve algo que, aunque obvio, es indispensable recordar: no puede entenderse el patrimonio construido sin conocer la Historia.

La prosa es precisa, de un inglés certero que requiere de alguna consulta al diccionario, ejercicio muy saludable, por cierto. El libro, lo hemos anticipado, tiene un sobrio prólogo de Santiago Huerta, arquitecto a quien tanto debemos los aficionados a estas construcciones y que tanto ha hecho, desde la Fundación Juan de Herrera, por difundir los escritos del profesor Heyman, entre otros muchos admirables autores.

Se trata, en suma, de un libro imprescindible para los ingenieros que quieran deleitarse con el disfrute del patrimonio construido. También lo es para los alumnos de nuestras Escuelas de Ingeniería, llamados a entender el patrimonio de estas obras para cumplir adecuadamente con el mandato y la responsabilidad de legarlo a quienes vengan detrás.

Francisco Javier León González

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