El patrimonio de las obras públicas. Del Puente Romano de Alcántara al diálogo con la actualidad

A modo de introducción, María del Mar Lozano Bartolozzi establece sabiamente tres pilares fundamentales a la hora de acometer (equipos profesionales interdisciplinares), transmitir (conocimientos técnicos, culturales y estéticos de los estudiantes) y divulgar (labor pedagógica entre los niños y con el turismo) el patrimonio cultural de las obras públicas.

Se trata de un libro de lectura imprescindible para los profesionales y estudiantes de escuelas y facultades universitarias que se dediquen al patrimonio cultural de las obras públicas o que hayan sentido curiosidad por ello. Pero, evidentemente, es una obra de interés para cualquier lector porque el tiempo invertido en su lectura permite descubrir aspectos inéditos del puente de Alcántara y de la presa de Proserpina, y enseña a distinguir entre vías romanas y caminos de mulas.

La primera sección del libro empieza de la mano de José María Álvarez Martínez, que hace una recopilación de todas las dudas acerca de la veracidad o autenticidad de algunos elementos que se contemplan en una obra tan insigne y perfecta como es el puente de Alcántara, como los argumentos de Luis García Iglesias y María Cruz Villalón referidos al proyecto y a un hipotético primer puente arrollado por las aguas, desmentidos de forma magistral.

A continuación, Joan Carbonell y Helena Gimeno presentan nuevos datos sobre el dintel del arco triunfal y el templete del puente romano de Alcántara, completándolos con conclusiones y correcciones.

La sección finaliza con el proyecto del nuevo puente de Alcántara, presentando los condicionantes de su diseño y la estructura proyectada finalmente.

La segunda sección del libro nos acerca al patrimonio cultural de las obras públicas de Extremadura; la empieza Fernando Aranda Gutiérrez con una extraordinaria descripción de las presas históricas extremeñas, que sirve también como inventario cronológico de las mismas y establece dos grupos marcados por el límite temporal de la primera presa científica —esto es, con arreglo a los principios de mecánica racional— de Extremadura, que fue la presa Peña del Águila (1870).

En esta descripción destacan tres ideas claves: en primer lugar, el mayor protagonismo de la arqueología en los estudios acerca de las presas antiguas; en segundo lugar, frente a otras líneas de pensamiento, el autor considera incontrovertible el origen romano de la presa de Proserpina y lo fundamenta en el descubrimiento de la conexión de la presa con su acueducto (2010); finalmente, se señala el enorme interés histórico y artístico de la presa del estanque de Guadalupe, —documentada ya en 1435 durante la visita del rey de Castilla Juan II, que navegó por el estanque— a pesar de no haber sido declarada bien de interés cultural.

Prosigue la sección Emilio Manuel Arévalo Hernández con una descripción exhaustiva y concreta de la evolución temporal del patrimonio viario extremeño y que no obvia algunas conclusiones desoladoras referidas a su implantación. Trata, además, el patrimonio ferroviario extremeño cuyo apogeo tuvo lugar a finales del siglo XIX.

A continuación, Javier Cano Ramos define el paisaje cultural y se propone como objetivo analizar el modo cómo los nexos de un grupo humano concreto propician cambios en el territorio, determinando aquello que podemos calificar como colonización. Un claro ejemplo de ello es el río Tajo, que cuenta con una propuesta metodológica desde 2005.

Se hace referencia también a los no paisajes. Esencialmente se presenta una cronología de cómo un espacio —en este caso, el río Tajo— se ha ido transformando en un paisaje cultural. Se hace hincapié en la importancia de destacar esos patrimonios olvidados, como los poblados de las presas (Lozano Bartolozzi, 2019), con la irrupción de la denominada «arquitectura del ingeniero», una expresión acuñada por Carlos Fernández Casado. Con esas líneas se subraya además la importancia de estos poblados, como tan bien se hizo en Italia con Crespi d’Adda, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1995.

Seguidamente María Cruz Villalón nos deleita con su informe sobre Campomanes (1760) que, como indica de manera magistral, incluye las propuestas que inspirarán las normas por las que se regulará el funcionamiento de las sucesivas obras de las nuevas carreteras. De la misma manera, presenta una espléndida narración del ingeniero militar Miguel Sánchez-Taramas (1733-1789) y su aportación a los puentes extremeños de Alcántara (especialmente valorado), Badajoz, Almaraz, Mérida y Medellín.

Para concluir, en la última sección, titulada Obras Públicas y Patrimonio Cultural, Manuel Durán Fuentes nos presenta sus reflexiones sobre la enseñanza, así como sobre los criterios de intervención en puentes de fábrica de piedras. Después, Francisco Javier León González nos acompaña hasta el puente de Deba (Guipúzcoa); en mi opinión, tras visitar las actuaciones de emergencia de la obra, este es un caso ejemplar de restauración de un puente.

Otro elemento que cabe destacar son las costosísimas modificaciones de las nuevas infraestructuras de las que, tal y como apunta de forma excelente Isaac Moreno Gallo, las vías romanas no se benefician. Con todo, hay excepciones de las que puedo dar fe —como el tramo de la autovía A-11 Santiuste-Venta Nueva que se puso en servicio recientemente, en concreto, el 17 de junio de este año. En resumen, se puede afirmar que muchos caminos antiguos de losas de piedra señalizados como romanos en realidad no lo son.

A continuación, Carlos Nárdiz Ortiz brinda un perfecto discurso sobre el patrimonio cultural de las obras públicas, en el que determina la necesidad de que los ingenieros de caminos, canales y puertos tengan en cuenta los valores estéticos, paisajísticos, urbanísticos y territoriales de las obras construidas, para cuya mejor valoración se hace necesaria su visita, más allá del conocimiento especializado.

Luego, Pedro Plasencia Lozano hace un maravilloso recorrido por los miradores de la obra pública subrayando a la vez la infraestructura del mirador en sí misma y el aumento del número de ellos, posiblemente por influencia de las redes sociales.

Hay que destacar el proyecto que está llevando a cabo Rita Ruiz y su equipo de investigación para identificar, gestionar y proteger infraestructuras históricas de transporte. En este sentido, se señala que en nuestro país apenas contamos con ejemplos de estrategias de recuperación de obras públicas territorialmente extensas, salvo algunas excepciones, como el Canal de Castilla. A la hora de valorar el patrimonio de las carreteras es importante el aporte de todos los elementos que configuran la infraestructura. Después António Ventura nos detalla de forma minuciosa el desarrollo del ferrocarril en Portugal. Parte de sus orígenes con la creación del Ministerio de Obras Públicas (1852), revisa el ejemplo español o francés de la concesión ferroviaria, analiza la influencia de España en el ancho de vía y narra las obras del puente de María Pía —una infraestructura clave para llegar a Oporto— y su puesta en servicio el día 5 de junio de 1877. La conexión con España se realizó por medio del Ramal de Cáceres, inaugurado el 6 de junio de 1880 y clausurado no hace mucho, en concreto, el 15 de agosto de 2012. Para finalizar, José María Álvarez Martínez y María del Mar Lozano Bartolozzi, en calidad de comisarios de la exposición dedicada al puente de Alcántara en el Museo de Cáceres y en el Palacio de los Barrantes Cervantes de Trujillo, nos ofrecen un resumen del contenido de esta muestra que, en mi opinión, por su calidad debería ser itinerante a nivel nacional e internacional para así dar una mayor divulgación al puente de Alcántara como parte del legado de Roma.

El patrimonio
de las obras públicas.
Del Puente Romano
de Alcántara al diálogo
con la actualidad

ISBN: 978-841-8888-564

Autora: María del Mar Lozano Bartolozzi (Dir.)

Editorial: Sial Pigmalión S.L. Junta de Extremadura. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (2022)

Número de páginas: 559 pág.