Universidad | José Capilla Romá

Rector de la Universitat Politècnica de València (UPV)

“Percibo una necesidad imperiosa de un cambio estructural importante en el marco legal de las universidades españolas”

El catedrático José Capilla Romá (Valencia, 1961) es, desde junio de 2021, el primer Rector de la Universidad Politécnica de Valencia con la titulación de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Trabaja en reducir la burocracia, lograr la sostenibilidad económica y el remplazo generacional de la UPV. Reclama más inversión en investigación en España “para el desarrollo de la innovación y de nuestra economía”.

Redacción

¿Cuáles son los principales objetivos que se ha marcado como rector de la UPV?

Nada sencillo contestar brevemente porque los retos y objetivos son múltiples. Como universidad pública, tenemos la necesidad de dar un salto en los planteamientos de la oferta formativa y en cómo se imparte, aprovechando la transformación digital que ha acelerado la pandemia; siempre con máximo aprovechamiento de la presencialidad en los campus y en las aulas, pero combinando las posibilidades de la docencia híbrida.

La investigación y transferencia se ha de desarrollar con mayor intensidad y cercanía a la sociedad y el tejido económico, incrementado su volumen. Y hay varios objetivos

transversales fundamentales que impregnan toda la actividad, como son la mejora de la gestión interna, reduciendo la burocracia hasta donde permita la legalidad vigente; la sostenibilidad económica; el reemplazo generacional de las actuales plantillas; una mayor internacionalización; y una planificación y desarrollo de los campus que nos permita aprovechar mejor los recursos y alcanzar en el menor plazo posible la total descarbonización de estos.

¿Qué avances destaca en su gestión y la de su equipo realizada hasta ahora?

Vamos muy rápido. Desde el primer día se inició un cambio en la gerencia de la universidad porque había una necesidad imperiosa de mejora. La gestión estaba muy anquilosada, con procedimientos y regulaciones internas que ya están cambiando de forma perceptible para la comunidad universitaria. Son actuaciones de urgencia.

Paralelamente mi equipo trabaja en estrategias que pronto se debatirán por la comunidad universitaria: plan estratégico, oferta de títulos, transformación digital, transformación ecológica, internacionalización y sostenibilidad económica. Todo esto se va realizando sin que se produzcan impactos no deseables en el día a día de la universidad, que es complejo, y paralelamente a cambios internos que nos van acercando a un funcionamiento cada vez más próximo a la realidad prepandemia.

¿Qué representa el Real Decreto del 29 de septiembre para los estudios de ingeniería de caminos? ¿Fomentará la matriculación de más estudiantes?

Que se contemplen programas con recorridos sucesivos es una buena noticia. Permitirá un mejor diseño de la formación con dos planes de estudios bien coordinados y complementarios. Debería suponer un atractivo más para atraer vocaciones y mejorar la calidad de la formación, pero esto debe ser conocido y explicado a los potenciales estudiantes.

En todo caso, queda muchísimo por hacer. Necesitamos un modelo de diseño de la oferta universitaria mucho más flexible y dinámico, donde realmente participe y se refleje lo que la sociedad pide al futuro titulado o titulada. Tenemos marcos normativos estructurales “viejos”, que no permiten responder a las necesidades actuales y que sitúan muy en desventaja especialmente al sistema universitario público. Y la competencia va a ser internacional.

¿Cómo ha influido la proliferación de escuelas que dan la titulación de máster en ICCP en la calidad de la formación de los alumnos que terminan el máster?

Considero imprudente lanzar una opinión sin datos objetivos. Desde luego mi percepción es que no es bueno para el sistema universitario ni para la profesión la sobreoferta actual, y supone un incremento del gasto público que resulta difícil justificar. Afecta también a otras titulaciones con proyección profesional, como bien sabemos, y es un debate que debería incorporarse a las agendas políticas. De momento estamos lejos de esto.

¿Hacia dónde se debe orientar la formación universitaria de los nuevos ICCP para adaptarse a las demandas sociales y del mercado, y qué pasos está dando la UPV?

Los perfiles profesionales deben evolucionar de igual forma que lo hacen las tecnologías y la demanda de competencias de la sociedad. El ámbito de los ICCP ha cambiado y se ha ampliado. Yo destacaría todo lo que tiene que ver con los impactos ambientales y la sostenibilidad como algo con gran necesidad de adaptación y con enormes oportunidades para las escuelas de ICCP. Desde la Dirección de la ETSICCP de Valencia se está haciendo un esfuerzo acertado y riguroso en esta dirección que tiene el respaldo de mi rectorado.

¿Están preparando las escuelas a los ingenieros de caminos para mitigar el cambio climático, generar una economía circular y lograr una movilidad sostenible con energías verdes?

Las competencias que la profesión puede tener en estos ámbitos son amplísimas, pero necesitan de una apuesta ambiciosa que amplíe la formación de los ICCP y de la generación de ofertas formativas complementarias que especialicen lo necesario en otros casos.

¿Considera necesario que los profesores de las escuelas que forman a ingenieros de caminos hayan trabajado o ejerzan profesionalmente en el ámbito que enseñan?

Depende de la naturaleza de la materia impartida, pero, como regla general, sí es importante que la actividad investigadora esté ligada a los ámbitos formativos del ICCP. Desde luego en muchas materias me parece vital la experiencia profesional, y la combinación colaborativa de profesorado que ejerce la práctica profesional con profesorado envuelto la investigación y la innovación me parece un óptimo deseable.

Entre otros proyectos, en el Instituto de Ciencia y Tecnología del Hormigón (ICITECH) de la UPV están desarrollando un hormigón ultrarresistente y autosanable. ¿Es suficiente la inversión que se destina a la investigación en España?

Estamos lejos de invertir en I+D lo que sería deseable y necesario. Tenemos unas políticas muy alejadas de las de los países más avanzados. Prueba de ello es que nuestro gasto en I+D es inferior al 60 % de la media de la Unión Europea. Un lastre de nuestras universidades, centros de investigación y, por supuesto, para el desarrollo de la innovación y de nuestra economía.

Los perfiles profesionales deben evolucionar de igual forma que lo hacen las tecnologías y la demanda de competencias de la sociedad

¿La pandemia ha generado oportunidades?

La pandemia ha acelerado muchos cambios que van a tener impacto y consecuencias importantes en la economía, en los equilibrios internacionales, en la demanda de titulados con nuevos perfiles, en los actores que pueden presentarse para ofertar esta formación y en otros muchos aspectos. Me gustaría que como sociedad fuéramos conscientes de esto y actuáramos con mucha mayor visión de futuro, pero tengo la impresión de que no está siendo así.

Desde el ámbito académico percibo una necesidad imperiosa de un cambio estructural importante en el marco legal de las universidades españolas, que no viene con la anunciada LOSU, y la falta de una verdadera apuesta por incrementar la inversión en educación y en I+D+i, muy enfocada a la colaboración universidad-empresa y en un fomento decidido de las actitudes emprendedoras y competencias transversales de nuestro estudiantado.

¿Tras esta crisis sanitaria, qué espacio ocupará la formación online o telemática en la UPV?

Somos una universidad presencial y el valor de la formación en los campus es enorme. Hay multitud de actividades de aprendizaje que están ligadas a la vida en el campus y a la actividad en talleres y laboratorios. Sin embargo, la pandemia nos ha permitido percibir que es posible ser más eficientes y trasladar algunos aspectos de la formación a la actividad no presencial. Debemos aprovechar esta oportunidad, y lo haremos, para facilitar la formación, mejorar su calidad y llevar nuestra oferta docente mucho más lejos facilitando la atracción de más estudiantes de fuera.

¿Cómo se podría estrechar la colaboración entre las escuelas que forman a ingenieros de caminos, canales y puertos y el Colegio de Ingenieros de Caminos?

Hay muchos caminos para ello y considero que hay buenos ejemplos. Los colegios pueden asesorar en aspectos relacionados con los programas de estudios, dar a conocer mejor la profesión en las propias escuelas al estudiantado y también colaborar con las escuelas en la organización de prácticas en empresas e incluso en aspectos relacionados con la empleabilidad de los futuros titulados.

¿Qué le ha aportado ser ingeniero de caminos en el desarrollo de su carrera académica?

Muchísimo, y no es sencillo valorarlo. He desarrollado mi actividad de investigación y transferencia en ámbitos muy propios de la profesión, en algunos casos colaborando con la empresa, y eso me ha permitido enriquecer mi ejercicio docente. Por otra parte, creo en la necesidad de mantener la formación en disciplinas básicas en la ingeniería, y estoy satisfecho porque en el plan de seis años que cursé recibí una formación básica muy sólida y también muy amplia en otros aspectos (derecho, economía, estética…),que me proporcionó unas mínimas bases para las múltiples responsabilidades de gestión que he ejercido en estos años, incluso más allá de lo puramente académico