El Camino | Carmen de Andrés Conde

Presidenta de Creatividad y Tecnología

“Me siento como un torrente de agua”

Desde el ámbito público y privado, Carmen de Andrés ha impulsado el desarrollo de la sostenibilidad, la tecnología y la innovación en España y en la ingeniería de caminos. Contribuyó a la elaboración de la Ley de Residuos Tóxicos y Peligrosos y el Decreto sobre Evaluación del Impacto Ambiental. Acaba de recibir el Premio Nacional de Ingeniería Civil 2021 y asegura que “hace falta un Pacto de Estado sobre agua y energía”.

Daniel Rodríguez 

© Luis de las Alas

Con el sextante de bronce que tiene en su casa, Carmen de Andrés podría comprobar con precisión micrométrica la latitud de los astros que alumbran su vida: su familia, la ingeniería de caminos y el Cantábrico asturiano. Sus seres queridos palpitan en el horizonte más cercano; decenas de fotos familiares desbordan las mesas y unos coloridos juguetes aguardan impacientes la algarabía de sus siete nietos.

Se considera “muy poco obediente e independiente”, lo que le ha permitido transitar desde la empresa privada a la Administración pública. Ha sido directora general de Política Tecnológica del Ministerio de Industria y Energía y presidenta de la empresa pública Tecnología y Gestión de la Innovación. Hoy preside la consultora Creatividad y Tecnología, que compró al grupo TYPSA, y es miembro independiente del consejo de administración de OHL.

Carmen de Andrés (Madrid, 1951) ha sido la primera mujer que obtuvo el título de ingeniera de caminos, canales y puertos, la primera en conseguir una plaza en el Cuerpo de Ingenieros de Caminos del Estado, y también la primera que ha recibido el Premio Nacional de Ingeniería Civil. “El primer detonante para hacer algo es querer hacerlo”, afirma con rotundidad. También prefiere que estos logros no sean solo los que la definan y siente en su interior “la responsabilidad de completar una trayectoria profesional que sea útil para otros”.

Dinámica, productiva y emprendedora, esta aficionada al bridge y a la novela policiaca corre cinco kilómetros tres veces a la semana. Nos recibe derrochando energía a las ocho de la mañana de un sábado. En su ajardinada casa de Majadahonda, a las afueras de Madrid, recuerda las dificultades económicas de sus comienzos: “Encendía la caldera de leña hasta el mes de abril porque no podíamos pagar el gas”.

En 1973, cuando se licenció, España padecía la crisis del petróleo. ¿En qué ha contribuido la ingeniería de caminos al desarrollo de nuestro país?

La ingeniería de caminos ha sido un pilar fundamental en el desarrollo y la modernización de España. Y en ello han tenido mucho que ver los Fondos Europeos para el Desarrollo Regional. Fueron una oportunidad para España porque contaron con la ingeniería, capaz de transformar esas grandes ideas sobre las infraestructuras que había que hacer en proyectos concretos. Había empresas capaces de hacer estos proyectos, de construirlos, y luego el papel de la Administración, que era fundamental. Sirvieron para convertir a España, inmersa en el subdesarrollo, en uno de los países líderes en infraestructuras en Europa, como somos en este momento.

El primer Decreto de Evaluación de Impacto Medio Ambiental representó un cierto revulsivo

Entre 1986 y 2006 recibimos de Europa 200.000 millones de euros. ¿Con los Fondos Next Generation experimentaremos una transformación tan rotunda?

La transformación será diferente porque estos fondos vienen a ayudar a salir de las consecuencias que ha tenido la COVID-19 y están enfocados al reto digital y al del cambio climático. Son complementarios de los anteriores, que eran para sacar del subdesarrollo a un país europeo y dotarlo de infraestructuras modernas.

Ahora se destinarán a acondicionar esas infraestructuras para que sigan siendo útiles para el proceso de digitalización, el desarrollo económico y en la lucha contra el cambio climático. El cambio climático tiene dos partes: cómo contribuyen las infraestructuras construidas para que el cambio climático no sea un problema y cómo construimos las nuevas para que produzcan el menor efecto posible.

La empresa Uralita la contrató al terminar sus estudios, ¿qué supuso aquella experiencia profesional?

Fue un cambio importante porque chocaba con la filosofía de mi familia de funcionarios. Mi padre militar, mis dos hermanas también funcionarias, y aunque mi hermano trabajaba en una empresa privada, la atmósfera era de funcionarios. Era una empresa internacional en plena expansión y participé en la tecnificación de la empresa, también pude viajar al extranjero y asistir a muchas jornadas técnicas.

Hice muchos estudios sobre el comportamiento de las tuberías. En particular sobre el golpe de ariete y sobre el tema del espesor apropiado cuando se colocaban en una zanja en función de la presión que soportaban. Aprendí muchísimo.

Su primer empleo llegó a través del Colegio de Ingenieros de Caminos, ¿esta institución tiene que seguir hoy generando oportunidades laborales?

Sí, el Colegio hoy día está en plena transformación y tiene la obligación de ofrecer a los profesionales la posibilidad de encontrar trabajo. En la profesión se han producido en los últimos años dos cambios importantes. Uno es la necesidad de trabajar en el exterior y el otro es que trabajamos en otros ámbitos como la energía o la banca, en sectores no tradicionales de la profesión.

El Colegio, hasta ahora, no sé si ha sido suficientemente flexible para admitir esos cambios del todo. En la Junta de Gobierno en la que estoy, junto con su presidente, estamos apoyando al ingeniero de caminos esté donde esté y trabaje en lo que trabaje. El papel que tiene ahora el Colegio es muy importante.

Tras aprobar una oposición en el Cuerpo de Ingenieros de Caminos del Estado se incorporó al área de medioambiente del Ministerio de Obras Públicas. En 1986 contribuyó a la elaboración del Decreto 1302/86 de Evaluación del Impacto Ambiental. ¿Qué significó aquella norma para el sector?

El primer Decreto de Evaluación de Impacto Ambiental en el mundo de la construcción representó un cierto revulsivo. Desde el punto de vista académico, los ingenieros de caminos hemos tenido siempre en la elaboración de proyectos unos anejos sobre movimiento de tierras o de plantaciones. Lo que ocurría es que no se les daba mucha importancia porque veníamos de un mundo en el que no había carreteras, ferrocarriles, ni puertos suficientes. En aquel momento al decreto se le veía como un impedimento para el desarrollo económico.

A raíz del decreto salieron todo tipo de normas sobre calidad y medioambiente, las ISO 9000, 14000, y el sector dijo: “El tema medioambiental ha venido para quedarse, así que cuanto antes nos adaptemos mejor”. Ahora muchas de las empresas más importantes del sector, como las ingenierías, tienen departamentos de cambio climático y medioambiente. Las empresas constructoras también, y además han hecho inversiones en empresas de energías renovables. Es decir, el sector se ha convertido en un líder del cambio climático, de los temas medioambientales y de impedir un cambio climático severo.

Los ingenieros de caminos son decisivos ante el cambio climático

© Luis de las Alas

¿En qué aspectos se concretó el Decreto de Evaluación de Impacto Ambiental?

Es más lo que se ha podido evitar que lo que se visualiza. En algunos casos, lo que se pensaba hacer, aparte de un desastre natural o de la pérdida de una serie de espacios protegidos, era terrible desde el punto de vista medioambiental. Además, en todos los organismos promotores de infraestructuras ha supuesto un ahorro económico porque suponía una inversión excesiva que se ha evitado.

Y de lo que se visualiza, podría poner como ejemplo las pantallas antirruido en las carreteras, que antes no existían y ahora sí. También los cambios de firme y de rasante de las carreteras en las que se ha mejorado su trazado.

¿Cuál es hoy el papel de los ingenieros de caminos en el cambio climático y en las infraestructuras resilientes?

Los ingenieros de caminos son decisivos contra el cambio climático. Sobre las infraestructuras existentes hay que hacer estudios de los efectos que estas pueden producir en el futuro. Sobre las nuevas, debemos hacer estudios previos para saber cómo influyen sobre el cambio climático y diseñarlas bien.

Hay una dificultad añadida a los efectos visibles del cambio climático y son las sequias e inundaciones que ahora son más fuertes y más frecuentes. Por eso habrá que adecuar toda la tecnología que tenemos a estudiar estos fenómenos. A los ingenieros de caminos nos sobran conocimientos sobre sequías e inundaciones para aplicarlos dentro y fuera de España.

España es un país de extremos y de color amarillo. El agua no es un recurso permanente y, además, no está distribuida bien geográficamente. Menos mal que las más de 1500 presas que tenemos controlan el 40 % del agua de lluvia para que podamos beber. Habrá que hacer más presas para poder asegurar el abastecimiento de las poblaciones.

¿En qué condiciones hay que hacer esas presas?

En los planes hidrológicos hay previstas una serie de actuaciones en presas, precisamente no solo para asegurar el abastecimiento, sino como posibles almacenes de energía. El agua se puede bombear cuando haya exceso de energía disponible y se puede turbinar cuando falte. En el marco de la nueva Ley de Transición Energética, las renovables van a tener más incidencia y las puntas no sé si se van a poder asumir.

Vamos a tener que hacer más presas con los conocimientos actuales, garantizando que, aguas abajo de la presa, haya un caudal suficiente y dentro de la normativa de seguridad vigente. En esto España tiene un conocimiento y un prestigio muy importante a nivel internacional.

¿Cómo valora los desembalses que se produjeron el pasado verano en el contexto de la subida de precios de la energía?

La gestión de presas la hace muy bien la Administración; lo que pasa es que hay presas de propiedad estatal y presas en concesión. Hay que fijarse en lo que es la gestión tradicional, permanente, el control de la seguridad.

Los hechos aislados, debidos a distintas razones, son los que hay que evitar. Hay que evitar los abusos en general, pero igual que con los embalses, con otro tipo de cosas como los vertidos que se hacen en los cauces de los ríos. Debemos tratar de controlar todo ese tipo de conductas abusivas que nos llevan a un deterioro del medioambiente muchas veces mayor que todas las actuaciones que se hayan podido hacer, anteriormente, por desconocimiento.

¿España tiene un problema energético?

Sí, creo que España tiene un problema energético, pero tiene conocimientos suficientes para resolverlo. Lo que ocurre es que hay que ser un poco precavido en cuanto a las distintas fuentes de energía, porque no tenemos petróleo y no tenemos gas.

La energía eólica y la solar tienen ventajas, pero también tienen sus inconvenientes. Hay que pensar muy bien si todos estos objetivos de energía renovable previstos para los años 2050 y 2080 los vamos a poder asumir a un precio razonable para los ciudadanos y para el país. Hace falta un acuerdo por parte de todas las personas involucradas.

¿Es necesario un Pacto de Estado?

Sí, hace falta un Pacto de Estado sobre agua y energía. Hacen falta acuerdos a todos los niveles: técnico, político y a nivel empresarial, porque son inversiones importantes.

Como directora general de Política Tecnológica participó en la elaboración de la Ley de Industria de 1992 y en el Ministerio de Obras Públicas en la Ley de Residuos Tóxicos y Peligrosos, ¿qué aportaron estas normas en la defensa medioambiental?

La elaboración en 1992 de la Ley de Industria supuso un hito. Por ejemplo, sirvió para regular la homologación de vehículos automóviles.

En relación a los residuos tóxicos y peligrosos había prácticas muy bien hechas en diversas comunidades autónomas, pero había otras que tenían que regularse. Por ejemplo, en lo relativo a los vertederos de residuos sólidos de los ayuntamientos, se han ido cada vez mejorando, organizando, tecnificando. Hoy son una ventaja, porque muchos de ellos se han utilizado para hacer parques encima o para generar biogás.

Años después fue presidenta de la empresa pública de la SEPI, Tecnología y Gestión de la Innovación, la pusieron en venta y la quiso comprar.

Hice una oferta y al final no me la admitieron, entonces no me quedó más remedio que abandonar la Administración. Me sirvió también de lección para darme cuenta de que no todo en la vida sale como tú quieres que salga.

En aquel momento el grupo TYPSA conoció el proceso y me ofreció el puesto de directora general de gestión, que estaba relacionado con transporte, medioambiente y abastecimiento de agua. Normalmente no es fácil cambiar de un sitio interesante a otro interesante.

¿La espinita de que no pudiese comprar TGI se la quitó al adquirir una de las empresas del grupo TYPSA, que es la que hoy preside?

Sí, la espina se me quitó definitivamente. Fue un salto al vacío porque yo estaba en el Grupo TYPSA con una experiencia tremenda, y un desarrollo económico fenomenal, en una posición estupenda, viajaba… Y de repente di el salto al vacío. Me dije: “Oye, estos veinte empleados dependen de lo que tú hagas”. Tuve que meditarlo mucho tiempo. Con una ingeniera industrial que trabajaba conmigo dimos el salto. Años después compré su parte. Nos fue y nos sigue yendo muy bien.

¿Qué la motivó a dar ese salto y convertirse en empresaria?

© Luis de las Alas
Raquel Sánchez, ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana entrega a Carmen de Andrésel Premio Nacional de Ingeniería Civil 2021. Madrid, 27 de octubre 2021.

Soy muy poco obediente. Soy una persona muy independiente. Llega un momento en que en el entorno en el que estoy me creo que lo sé todo y, claro, quiero salir de mi entorno, subir de categoría. Eso no siempre es fácil ni asumible, sobre todo cuando tú no eres el propietario de nada. Quería ser la dueña de mí misma para hacer lo que quisiera. No me sentía suficientemente independiente en el trabajo que tenía. Además, como tenía el ofrecimiento de comprar la empresa, pensé que tenía que aprovecharlo.

Con su empresa han trabajado hasta en Potosí aplicando soluciones tecnológicas en el control de calidad del ciclo del agua.

En el área de ingeniería de Creatividad y Tecnología hay dos partes. Una en la que trabajamos en el proceso de planificación hidrológica de los planes en los que hemos participado, por ejemplo, en las cuencas del Cantábrico y en el Miño-Sil.

Otra parte es la internacional, que pensé en impulsar desde que me hice cargo de la empresa en 2004. Aprovechando los fondos de ayuda al desarrollo que da la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo, planteamos dos temas relacionados con la calidad. Uno, en Jordania, sobre el control del agua subterránea, y otro sobre la calidad del agua en las zonas mineras de Potosí, en Bolivia.

¿Qué relevancia tienen los servicios de consultoría de su empresa sobre subvenciones y fondos europeos que gestionan para las Administraciones?

Esta área de consultoría es muy importante. Empezamos, a través del Ministerio de Industria, con el Plan Avanza, para ayudarles a la justificación de las ayudas europeas. Luego hemos seguido con instituciones, por ejemplo, Red.es, AECID o la Agencia Estatal de Investigación. Es decir, ayudamos a la Administración.

Al principio eran ayudas relacionadas con la tecnología, la informática, el medioambiente. Ahora se han convertido en ayudas en general, porque lo que necesitan es rapidez, fiabilidad, y no tienen medios suficientes. Tenemos una gran experiencia en el tratamiento de fondos europeos.

Cuando recibió el Premio Nacional afirmó que uno de los retos actuales es incorporar a más mujeres en puestos directivos. Como consejera en OHL, ¿qué opina sobre la participación de la mujer en los consejos de administración?

La presencia de mujeres en los consejos de la administración española tiene dos vertientes. La primera es que efectivamente hay una escasez total. Depende de los sectores, pero estamos en el 20 % y al menos habría que llegar al 50 %. La segunda reflexión es que, si hace unos años no había mujeres preparadas, ahora las hay, y con experiencia, susceptibles de ser nombradas consejeras.

También hay mujeres que han demostrado que no tienen interés por esos puestos. A lo mejor no están preparadas o no tienen interés por hacer cursos de gestión y especialización. Las mujeres que quieran entrar en un consejo deberían prepararse, organizarse y tener una red profesional de contactos. Por su parte, los consejos de administración tienen que efectuar nombramientos, pero que no solo tengan en cuenta el género, sino también la especialización.

A algunas reuniones de trabajo a las que asiste no suele quedarse hasta el final, ¿es por un principio de productividad?

Cuando en una reunión ya he contado lo que quería contar y he oído lo que me tienen que decir, el ser reiterativo me pone muy nerviosa. Procuro diseñar el tiempo que le voy a destinar a cada tarea. No lo hago por escrito, lo hago en función de cómo veo los acontecimientos.

Tengo mucha necesidad de utilizar bien mi tiempo porque tengo muchos frentes: mi marido, mis hijos, la casa de Madrid y la de Asturias, la empresa, ser consejera de OHL. Por eso, tengo una idea del tiempo muy precisa. Me considero una persona eficaz, operativa. No me gusta hacer colas. Me gusta resolver las cosas rápidamente.

© Luis de las Alas

¿Cómo lleva ser la primera mujer licenciada en Ingeniería de Caminos? ¿A veces llega a ser un lastre?

Ser la primera ingeniera de caminos no es un lastre, es un orgullo, una satisfacción. Lo que sucede es que cuando se convierte en la única manera de presentación, ahí es donde ya no me parece bien. Por ejemplo, cuando vas a una reunión de trabajo te presentan, mencionan el puesto de trabajo que ocupas y dicen “es la primera…”; ahí es cuando ya no me gusta. Es como decir de otra persona que juega muy bien al golf o que sabe mucho de historia. No, ese tipo de menciones hay que apartarlas de la actividad profesional.

Cuando se licenció, solo el 32 % del alumnadoque terminaba estudios superiores eran mujeres. Su ejemplo es un modelo, no solo para que las mujeres terminen sus estudios universitarios, sino las carreras STEM.

No soy consciente de ser un modelo, aunque lo sea. Mi única preocupación es lograr una trayectoria profesional que sea útil para otros. Es decir, que de alguna manera sirva de ayuda, no solo porque en aquel momento acabé la primera, sino porque lo seguí siendo a lo largo de toda mi vida profesional.

Tengo una responsabilidad de seguir trabajando y ocupándome de labores diferentes para que sirvan de referencia. Ahora mismo siento que tengo una responsabilidad por acabar bien mi trayectoria para que el modelo se complete.

En los años en los que usted comenzaba a trabajar, las mujeres tenían que pedir permiso a su marido para poder hacer gestiones cotidianas, ¿se considera feminista?

Sí, era necesario permiso hasta para abrir una cuenta corriente. Con ese tipo de avances estoy de acuerdo. Con lo que no lo estoy es con utilizar autopistas en vez del camino razonable para llegar a los sitios, porque generalmente no da buen resultado o supone un retroceso. Creo que me considero feminista porque siempre defenderé a las mujeres. Ahora bien, no defenderé actuaciones arbitrarias en favor de la mujer. Nunca. Si hay la posibilidad de mejorar la situación de una mujer, lo haré. Pero si no está preparada, no, nunca.

Si tú quieres hacer algo lo haces

¿Qué le diría a una joven que esté dudando qué estudiar?

Le diría que estudiase lo que quiera. Si le gusta algo, que lo estudie, que va a encontrar oportunidades si quiere. El principal detonante para hacer algo es querer hacerlo. Y si alguien quiere hacer algo, lo acaba haciendo por encima de todo. Eso es lo que tienen que tener las mujeres. No decir “no me dejan”. No, no. Si tú quieres hacer algo, lo haces. Generalmente lo haces.

¿Por qué no se ha jubilado?

Por varios motivos: porque tengo una familia que me apoya, tres hijos, marido, al que le debo también mucho por la ayuda de todos estos años, de procurar compaginar siempre sus trabajos y viajes con los míos, y los míos con los de él. Mi madre también me ayudó, y mi suegra. Y luego siete nietos a los que quiero servir de referencia, y creo que si estoy activa les puedo ayudar más que si no lo estoy.

Me encuentro joven todavía para seguir, para no jubilarme. A pesar de que las jubilaciones ahora son tratadas socialmente de otra manera, creo que tiene que ser cuando yo mentalmente lo decida, no porque haya una edad estipulada. Tengo mucha energía vital.

¿Qué le queda por hacer?

En primer lugar, en el ámbito profesional, tengo que pensar qué hacer con la empresa en los próximos cinco o seis años. Porque algo que uno crea y desarrolla no le apetece que se pierda. En el ámbito personal soy una persona muy inquieta. Me apetece ver cómo evoluciona el cambio climático y la digitalización. También viajar y conocer otros países.

En el Colegio de Ingenieros de Caminos, como vocal, quiero que el ingeniero de caminos recupere su posición en la sociedad por la importancia de las actividades que desarrolla y que la institución le ofrezca los mejores servicios.

¿Asturias es una afición o una necesidad?

Asturias se ha convertido en una necesidad. Yo necesito el mar y además las playas del oriente de Asturias. Necesito bañarme, pasear, necesito ver el monte. Está mal que lo diga porque soy de Madrid, y de familia de Valencia, pero necesito el mar de Asturias. Probablemente me retire frente a ese mar.

Le he escuchado contar que el ingeniero de caminos y catedrático de puentes Carlos Fernández Casado le formuló en la Escuela de Ingeniería de Caminos una pregunta decisiva…

Me acuerdo como si fuera ahora. Eran los primeros días de cuarto curso en la clase de la especialidad de Estructuras. Tenía 19 años. De repente, entra para impartir la clase, se acerca a mi pupitre y me dice: “Señorita, disculpe, pero tengo que hacerle una pregunta importantísima, porque de esa contestación va a depender todo. ¿Usted será capaz de sentirse puente?”. Le contesté con rotundidad: “¡Por supuesto!”. Y entonces me dijo: “Ya me quedo tranquilo; si no, no la podría aprobar”.

Y tras este camino recorrido, ¿cómo es capaz de sentirse ahora?

Soy capaz de sentirme cualquier infraestructura. Me ha apasionado todo lo relacionado con mejorar la vida de los ciudadanos, el acceso al agua potable y los transportes. Ahora me podría sentir carretera, puente, agua, aunque no como un embalse porque me gusta el movimiento.

¿Como un torrente?

Sí. Me siento como un torrente de agua.