A debate

Los concursos de ideas en los proyectos de puentes

Los concursos de ideas son muy frecuentes en otras disciplinas próximas como es por ejemplo la arquitectura, sin embargo, no es habitual que en España se realicen concursos de ideas para seleccionar un puente. Los concursos de ideas tienen diversos formatos que evidentemente pueden dar como resultado el éxito o el fracaso de esta vía de contratación. Las modalidades de concursos de ideas que se emplean en Europa son muy variadas y es evidente que su formato expresa también la fuerza o el reconocimiento de los profesionales que participan en estos procesos. Para abrir el debate sobre el tema se han planteado una serie de cuestiones que se han lanzado a un grupo de ingenieros de caminos relacionados con el mundo de los puentes.

Guillermo Capellán Miguel

Director Técnico. 

Arenas & Asociados (España)

Peter Tanner

MSc ETH Zürich. Dr. en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Cesma Ingenieros (Suiza)

Héctor Beade Pereda

Head of Design. Knight Architects (Reino Unido)

Gaute Mo

MSc Sivilingeniør ICCP MRIF. Socio director. Degree of Freedom Engineers (Escandinavia)

Peter Tanner | MSc ETH Zürich, Dr. en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Cesma Ingenieros (Suiza)

"Los concursos ofrecen oportunidades a las oficinas jóvenes y, por tanto, contribuyen a la formación de las futuras generaciones de profesionales"

En la ingeniería estructural, la traducción eficaz de un número elevado de condicionantes a una solución que cumpla con todos los requisitos, incluidos aquellos que no se puedan normalizar, como es el caso de los aspectos económicos y estéticos, depende esencialmente del diseño conceptual. Por este motivo, no se puede sobrevalorar la importancia de esta fase, dentro de todo el proceso de elaboración del proyecto de una estructura de ingeniería en general y, en particular, de un puente. La concepción estructural no solamente requiere una comprensión intuitiva de los mecanismos de resistencia de un puente, sino también unas dosis adecuadas de imaginación y un sentido desarrollado de las formas y la estética. A pesar de ello, el pensamiento conceptual y creativo se subestima sistemáticamente, tanto en la formación de los ingenieros como en la práctica diaria. El empobrecimiento resultante de la profesión no es solo el resultado de una creciente especialización, que responde a necesidades reales por lo que difícilmente es reversible, sino también del modelo de negocio dominante en el sector de la construcción, entre otros motivos.

Según este modelo, que ha ido cristalizando a lo largo de los años, en paralelo con el creci-miento del mercado doméstico, y que no desapareció con el estallido de la burbuja inmobiliaria y de las infraestructuras, los grandes contratistas pujan por las obras públicas sobre la base de rebajas irracionales en sus ofertas que, una vez adjudicada una obra, intentan compensar con reclamaciones posteriores. Este enfoque, según el que prima el precio aparente sobre la calidad y el valor añadido de lo construido, requiere de ejércitos de abogados mientras que los equipos técnicos desahuciados son multitud. Con la connivencia, explícita o implícita, de los promotores y gestores de las obras públicas, que descubrieron la rentabilidad política de las inauguraciones frente a la buena gestión, cuyos frutos no se pueden recoger de inmediato, este modelo de negocio les ha permitido a los contratistas conformar a su antojo el sector en su conjunto, sin contrapesos eficaces.

Ignorar que un entorno construido de alta calidad debería formar parte de las prioridades de la política cultural en general no es el privilegio de políticos y gestores de las obras públicas. Es probable que esta falta de “Baukultur” se extienda a la mayoría de los estratos socioeconómicos, culturales y profesionales. Por ello las asociaciones profesionales del sector deberían fomentar el debate sobre las contribuciones potenciales de la ingeniería y la arquitectura a la mejora de las condiciones de vida de las personas, explicando tanto al público en general como a los gestores de las obras públicas, en qué consisten estos oficios. Como el diseño conceptual resulta fundamental para toda construcción, la institucionalización de los consursos de ideas en el proyecto de puentes podría contribuir de manera eficaz no solamente al mencionado debate, sino también a una mejora considerable de la calidad de estas obras. Tal y como lo pone de manifiesto la experiencia en otros países, los concursos fomentan las ideas y su intercambio, inducen la innovación, ofrecen oportunidades a las oficinas jóvenes y, por tanto, contribuyen a la formación de las futuras generaciones de profesionales. Los concursos de ideas deberían por ello estar abiertos a la participación de todas las oficinas del sector, nacionales e internacionales.

Cesma Ingenieros. Propuesta para la pasarela peatonal sobre el río Urubamba. Distrito de Echarati (provincia de La Concepción), Perú.

Héctor Beade Pereda | Head of Design. Knight Architects (Reino Unido)

"Los concursos de ideas pueden generar grandes beneficios para el cliente, el equipo participante y el usuario"

Como apasionado de los procesos creativos y del diseño de puentes en particular, siempre me ha resultado tremendamente gratificante participar en concursos. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacerlo desde muy pronto en mi carrera, y con mucho más éxito del que hubiese esperado. Los concursos de ideas en proyectos de puentes pueden generar grandes beneficios para el cliente, el equipo participante y el usuario.

Un concurso bien planteado permite obtener reflexiones de máxima calidad, provenientes en muchos casos de los mayores expertos, acerca de cuál es la mejor solución posible para el problema que se requiere resolver. Esto es de incalculable valor tanto para el cliente como para el futuro usuario. Los concursos son también una buena manera para que el cliente pueda dar a conocer un proyecto a la sociedad, a través del anuncio del concurso y la publicación de las opciones presentadas o mejor calificadas.

Desde el punto de vista del consultor, permiten desarrollar un diseño desde el análisis del lugar hasta una solución razonablemente elaborada en un periodo de tiempo relativamente breve y sin las interrupciones programáticas y cambios de dirección que son habituales en desarrollos de diseños sin concursos de ideas, en los que puede llegar a pesar más la habilidad gestionando relaciones entre diferentes partes que la creatividad. Esto, cuando los concursos están bien organizados, contribuye al desarrollo profesional y realización de cualquier diseñador, independientemente de su experiencia, y es una oportunidad única para la formación y motivación de los profesionales más jóvenes.

Suponen también una buena manera de iniciar o probar relaciones de colaboración con otras empresas, formando equipo con ellas. Pueden servir de laboratorio de generación de ideas para la empresa y ofrecen oportunidades de marketing si se ha hecho un buen trabajo, aun en el caso de no resultar ganador.

Todos estos beneficios existirán en caso de que el concurso esté organizado adecuadamente. En caso contrario, pueden suponer una pérdida de tiempo para todo el mundo y generar una gran frustración. Un concurso jamás deberá utilizar a los participantes para justificar y publicitar una decisión tomada previamente. Un concurso bien organizado requerirá, entre otras cosas, justicia en las decisiones; una composición del jurado adecuada (un jurado no puede ser mucho menos experto que los participantes para poder comprender y valorar correctamente sus propuestas); un pliego con información clara, suficientemente procesada, y lo más concisa posible (para obtener el máximo de los participantes, estos deben dedicar la mayor parte de su tiempo a crear y proponer soluciones, no a descifrar información confusa o contradictoria); suficiente incentivo como para que los mejores equipos se sientan atraídos a asumir el riesgo de participar (una primera selección basada en méritos y un pago que cubra una parte de los costes es una manera de animar a asumir este riesgo); o una explicación a todos los participantes no ganadores de por qué su propuesta fue considerada menos adecuada que la vencedora, de modo que el esfuerzo realizado no sea en vano y permita aprender para ser mejor en futuras ocasiones.

Knight Architects. Pooley Bridge. Cumbria. Reino Unido. Inauguración: 23/10/2020. Fotografía: Beccy Lane.

Gaute Mo | MSc Sivilingeniør ICCP MRIF. Socio director. Degree of Freedom Engineers (Escandinavia)

"Considero importante preseleccionar equipos expertos en los concursos de ideas en el diseño de puentes"

Degree of Freedom es una ingeniería de estructuras con marcado enfoque en proyectos de carácter arquitectónico, y con gran interés y experiencia en el diseño de puentes singulares de vanos medios. La empresa dispone de oficinas en Oslo, Valencia y Atenas. En los últimos años, hemos podido participar en numerosos concursos de ideas de puentes en países escandinavos, siendo la práctica totalidad concursos públicos. La mayoría son para proyectos de pasarelas, organizados por ayuntamientos que, en muchos casos, no tienen ninguna experiencia previa organizando concursos de ideas para puentes. También hay concursos de puentes de carretera, que se organizan por el Ministerio de Fomento correspondiente, cuyos técnicos sí tienen mayor experiencia en la organización de los mismos. Los concursos en que hemos participado se pueden organizar en tres categorías: concursos abiertos, restringidos, y concursos de diseño paralelo.

Concursos abiertos

En mi opinión, esta es la forma de concurso menos adecuada. Son concursos anónimos que suelen estar dirigidos a arquitectos. Es habitual que el ingeniero, cuya asesoría necesitan los arquitectos durante el concurso, no tenga asegurada su participación en el futuro proyecto, aunque la propuesta fuera elegida ganadora. La firma ganadora es la del arquitecto y es este quien liderará la relación con el organismo organizador del concurso.

Esta forma de concursos resulta en un gasto enorme para el sector, teniendo en cuenta el gran número de propuestas que se presentan y las dedicaciones de cada equipo. Además, por la forma en que se organizan, el promotor no podrá saber si el ganador tiene experiencia en el diseño de puentes, ni siquiera si la propuesta es ejecutable. A veces el jurado no cuenta siquiera con un ingeniero. Mi impresión es que, en este tipo de concursos, gana el puente que mayor ilusión genera, el más interesante formalmente, pero no necesariamente el mejor como compromiso entre estética, economía, sostenibilidad, durabilidad y ejecución.

La participación en estos concursos no se cobra, pero los tres primeros puestos suelen recibir premios de alrededor de 50.000, 30.000 y 20.000 euros, además del propio proyecto que realizará el ganador.

Concursos restringidos

Esta es la forma que me parece más aconsejable al evaluar pros y contras. En una primera fase, normalmente se preseleccionan de tres a cinco equipos. Se suele requerir que el equipo conste de un ingeniero de estructuras, un arquitecto y un paisajista, como mínimo. A veces, también un director de proyecto por encima de todos ellos. Para poder ser preseleccionadas, las empresas que forman el equipo tienen que demostrar solvencia vía proyectos de referencia relevantes, y para diferenciar y evaluar a los equipos se puntúan los CV de los profesionales que forman los equipos.

La segunda fase se puede organizar de diferentes formas. La más simple consiste en proceder a partir de entonces como en los concursos abiertos, pero ya con un número limitado de finalistas y criterios técnicos normalmente más claros para seleccionar al ganador. Las propuestas son anónimas. Una versión más completa conecta algo más a los participantes. El promotor cita a los equipos, normalmente en la ubicación del futuro puente, y explica sus expectativas y ambiciones. Los finalistas pueden hacer sus preguntas delante del resto. Durante el concurso, que suele durar un par de meses, el promotor organiza reuniones con los equipos por separado, para poder guiar a los concursantes en la dirección que considera correcta. Sirva como ejemplo que nos ha ocurrido entrar en esas reuniones con una propuesta de puente atirantado y salir con un puente tipo viga. Al final, el promotor reúne de nuevo a los finalistas y cada uno presenta su propuesta al resto. El orden de las presentaciones es aleatorio, aunque mi experiencia es que el orden tampoco importa, ya que los finalistas siempre son respetuosos con las propuestas presentadas anteriormente.

Los finalistas suelen percibir entre 20.000 y 40.000 euros, y el ganador de esta fase realizará el proyecto. No existe una regla fija en la ley, pero junto a la propuesta muchas veces se exige la entrega de la oferta económica de la empresa para hacer el proyecto, que puntuará alrededor de un 10% de la evaluación. En Escandinavia no es costumbre como en España mantener los sobres cerrados hasta que la evaluación de la propuesta técnica ha terminado.

Degree of Freedom Engineers Pasarela Bumerán. Oslo, Noruega, inaugurado 25.11.2016. Fotografía: Are Carlsen

Concursos de diseño paralelo

La primera fase es similar a la anterior, es decir, que el promotor elige normalmente de tres a cinco equipos tras una fase de preselección. Sin embargo, en la segunda fase estos elaborarán sus propuestas en paralelo, muchas veces en diálogo con el promotor, y nunca se nombrará un ganador. Al finalizar esta fase, el promotor puede utilizar partes de las diferentes propuestas y crear su propia solución con ellas. Por ejemplo, le puede gustar el puente de un equipo y la solución paisajística de otra propuesta. No hay, por tanto, un premio, pero los equipos preseleccionados pueden cobrar entre 30.000 y 70.000 euros, dependiendo de la complejidad, tamaño del puente y entregables.

Una vez el proceso ha finalizado, se suele publicar un nuevo concurso, por ejemplo, para contratistas, como un proyecto llave en mano. Lo normal es que los equipos que habían sido preseleccionados vuelvan a participar, de la mano de un contratista.

Conclusión

Como reflexión final, considero importante preseleccionar equipos expertos en los concursos de ideas en el diseño de puentes. También es importante la implicación del promotor en el proceso de diseño, para alcanzar el objetivo de que la propuesta finalmente adjudicataria sea lo más próxima posible a sus expectativas iniciales.

Guillermo Capellán Miguel | Director Técnico. Arenas & Asociados (España)

"Este tipo de concursos son oportunidades de innovar, tanto formal como técnicamente"

El tema de los concursos abiertos siempre me ha parecido un asunto especialmente interesante, teniendo en cuenta que los concursos de ideas en el mundo de la arquitectura sí son habituales y diferentes. Los arquitectos están habituados a exponer y defender sus ideas abiertamente, y se encuentran cómodos en esta manera de concursar, mientras que los ingenieros no hemos cultivado esta forma de trabajar y competir. 

Los concursos de ideas en puentes son pocos y, los que se dan, suelen ser algo ambiguos porque los criterios y sus evaluadores son dispares. En ellos, me parecen determinantes los jurados que, en muchos casos, condicionan la solución. Por nuestra experiencia, en algunas ocasiones se necesita más tiempo para llegar a comprender al jurado, para saber por dónde orientar la propuesta, que el dedicado a diseñar la propia solución, si quieres tener éxito. 

Los jurados deberían estar llenos de especialistas que de verdad tengan amplia experiencia en diseño y construcción de puentes. Así, los participantes deberían poder ser los que quisieran, por ser el jurado capaz de filtrar las propuestas técnicamente relevantes de las que no lo son. Al contrario, si los jurados no son elegidos de entre profesionales reconocidos (que no quieran o no puedan, en ese caso, presentarse y, evidentemente, independientes del todo) las garantías de participar en el concurso con éxito son bajas y la dedicación que se pone suele acabar en frustración. Razón, ella, por la que se selecciona mucho en cuáles participar. 

No obstante, existe una parte muy positiva en este tipo de concursos de ideas. Porque en este formato de concurso se hacen reflexiones y aportaciones que, bien publicadas y razonadas, ayudan a mejorar a los propios diseñadores, la calidad y la competencia de la profesión. Son oportunidades de innovar, tanto formal como técnicamente, y permiten poner a funcionar todo lo acumulado y aprendido en anteriores proyectos y obras. 

Arenas & Asociados. Cabeza del mástil del puente de acceso al Parque Científico y Tecnológico de Cantabria. Santander. (2010) Fotografía: Isabel Gurbindo. España.