Universidad

La movilidad

El primer gran reto de la ingeniería de caminos, canales y puertos en la cuarta revolución industrial

José Luis Moura Berodia

Director de la E.T.S.I. de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria. 

Ana Rivas Álvarez

Directora de la E.T.S.I. de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Castilla-La Mancha.

La formación universitaria española en ingeniería de caminos, canales y puertos ha tenido y tiene gran calidad y prestigio, estando considerados sus egresados entre los mejores profesionales de la ingeniería civil a nivel mundial. Esta afirmación, que es algo prácticamente axiomático para todos nosotros, requiere en estos momentos una seria y meditada reflexión, si deseamos que tal aseveración continúe siendo algo intrínseco y propio de nuestro ADN.

Los orígenes de nuestra profesión se remontan a tiempos remotos. Algunos consideran que ese punto de partida es el siglo XVIII, cuando se define el termino de ingeniería civil para diferenciarla de la ingeniería militar y se crea la primera escuela en 1747, en la ciudad de París, con el nombre de École Nationale des Ponts et Chaussées. Otros en cambio identifican claramente a la civilización romana como nacimiento de la ingeniería civil a través de la construcción de calzadas, acueductos, puertos, puentes, presas y alcantarillados, que ayudaron a mejorar la calidad de vida de sus ciudades. Y otros se remontan más atrás en el tiempo. Concretamente, a la revolución agrícola del Neolítico, cuando el ser humano
se vuelve sedentario y se desarrolla la agricultura y la ganadería, surgiendo nuevos retos o desafíos como, por ejemplo, la necesidad de construir una vivienda, la necesidad de canalizar el agua para hacerla llegar a sus cultivos y la necesidad de comunicarse entre ellos por medio de caminos. El ser humano, para crecer y sobrevivir, sin ser consciente en ese momento, se convirtió en “ingeniero civil”.

Independientemente de la determinación exacta del punto de partida, es manifiestamente claro que siempre ha existido un fuerte vínculo entre el desarrollo humano y la ingeniería civil. Y en este vínculo indisoluble el leitmotiv invariablemente ha sido resolver las necesidades de la sociedad teniendo en cuenta los recursos disponibles y racionalizando el uso de estos. Es decir, bajo el concepto fundamental de sostenibilidad.

Miles de años después nos encontramos con una sociedad que se enfrenta a muchos retos globales, como combatir las crisis económicas, el cambio climático, la degradación ambiental ylas desigualdades, y erradicar la pobreza. A esto hay que añadir el inesperado escenario de pandemia global que, si bien presentaba trazas de ser un suceso coyuntural y transitorio, acarrea consecuencias estructurales de enorme relevancia.

En este nuevo escenario, la ingeniería de caminos, canales y puertos debe ser actor Secciones Universidad Revista de Obras Públicas principal, por vocación, por conocimientos, por versatilidad, por capacidad de liderazgo y por capacidad de adaptación. En definitiva, nunca antes existió una época de la historia con tantos desafíos para nuestra ingeniería, con retos de una envergadura global, pero también con cambios acelerados por la tecnología que impactan profundamente en el sector económico y social. Y uno de esos retos y a la vez campo de acción de indudable trascendencia es el transporte y la movilidad. 

Existe una certeza unánime, y es probablemente la primera vez que esto ocurre, de que el movimiento de personas, bienes y servicios se va a transformar en un transporte más limpio, automatizado, con nuevas formas o modos de movilidad y nuevos ecosistemas para las actividades de carácter socioeconómico. Prueba de todo esto es el hecho que aquellos países que se encuentran en estos momentos definiendo sus líneas de acción estratégicas para afrontar el proceso de reactivación de la productividad incluyen la movilidad como parte de ese conjunto ineludible de líneas acción capitales.

Vista desde la ría del Museo Guggenheim y Puente de la Salve (Bilbao).

Los cambios en la movilidad ya se están sucediendo y seguirán aconteciendo, pues es un proceso inexorable. Ante este escenario tenemos dos posibles formas de actuar: podemos participar, involucrarnos y ser socialmente responsables y en definitiva demostrar que la ingeniería de caminos, canales y puertos es clave en el liderazgo de estos cambios, o podemos tomar un camino más arriesgado para nuestras opciones de tener un papel destacado ante el reto que supone la nueva movilidad: sucumbir a la idea de que la tecnología es la clave de este cambio y, por tanto, son otras profesiones las que deben abanderar estos proyectos.

Este futuro, pero a la vez cercano, escenario debe entenderse como un equilibrio entre la tecnología y la técnica y, por tanto, como una oportunidad inmejorable que no deberíamos dejar pasar. El proceso de transformación beneficiará a aquellos que tengan capacidad de innovar y de adaptarse, pues muchos de los problemas que habrá que resolver en el futuro, y en los que la ingeniería de caminos, canales y puertos debería tener interés en estar presente, no existen en la actualidad. Los desafíos van cambiando y la capacidad de poder adaptarnos al cambio ha sido y sigue siendo una de las señas de identidad de los ingenieros de caminos, canales y puertos. En función de cómo abordemos esta oportunidad real, en la que la movilidad será un actor principal, estaremos definiendo la posición de nuestra profesión ante los trascendentales proyectos vitales de las próximas décadas.

Para lograr este objetivo, debemos apostar con firmeza por la formación, la innovación y la captación de talento. Estos vectores definen el terreno de juego donde queremos situar a nuestras Escuelas de Caminos, ya que somos el único y necesario vínculo entre ese talento siempre presente de nuestros jóvenes y los futuros profesionales que necesitamos como sociedad. Si queremos estar a la cabeza de estos cambios, debemos aportar el perfil de profesionales cualificados que el mercado laboral necesita: gente disruptiva, con una extraordinaria formación y capacidad analítica, con ideas nuevas y ambición para afrontar los retos que están por venir. Y así son los egresados que salen de nuestras Escuelas. 

La docencia, la investigación y la transferencia son las tres actividades que configuran una universidad moderna y de calidad. Nuestras Escuelas de Caminos se enmarcan en este contexto, siendo en muchas universidades el centro y titulación que más aportan en esos tres ámbitos, de entre todos los que constituyen la propia institución. En el sector de los transportes y la movilidad, la mayoría de Escuelas cuentan con grupos de investigación con destacado reconocimiento e impacto internacional, y esta innovación debemos incorporarla en la formación de los futuros ingenieros, a través de profesores con una formación sólida y enriquecida durante su etapa investigadora, que aporten contenidos renovados y útiles para afrontar los retos de la movilidad del siglo XXI, formas docentes innovadoras y más adecuadas al perfil y capacidades de nuestros estudiantes, conocimiento de nuevas herramientas que son requisito fundamental para el futuro que hay que construir y, en definitiva, docentes capaces de preparar a las nuevas generaciones, muy diferentes a las anteriores, para dar respuesta a las necesidades que en cada momento tiene la sociedad. Tan importante es el concepto de transferencia tecnológica desde la investigación al tejido industrial, como la transferencia a la sociedad que se hace a través de la formación de personas, en nuestro caso, capacitando a los excelentes profesionales de la ingeniería de caminos, canales y puertos en materia de transporte y movilidad. Y este es el gran reto de nuestras Escuelas: adaptar contenidos, metodologías docentes y herramientas, teniendo en cuenta no solo los desafíos presentes y los que previsiblemente habrán de afrontar nuestros actuales estudiantes, sino considerando la manera en la que estos adquieren conocimiento
y lo aplican, y que dista mucho de parecerse a
los estudiantes de décadas pasadas.

Estamos al borde de una revolución del transporte que podría transformar drásticamente la forma en que viajamos, trabajamos y vivimos

Por lo anterior, y sin olvidar que nuestras titulaciones tienen como finalidad última habilitar para la profesión de ingeniero de caminos, canales y puertos, la irrupción de esta transformación social nos obliga a redefinir, adaptar y renovar nuestros planes de estudio, más si cabe, después de un recorrido de más de una década bajo la estructura de los planes de estudio adaptados al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), que han demostrado sus beneficios en algunos aspectos, pero también sus inconvenientes e ineficiencia en otros, derivados fundamentalmente de la implantación de las nuevas titulaciones con el desconocimiento inicial de cuál iba a ser el resultado de estos planes de estudio. A ello hay que añadir que nuestras Escuelas deben ajustarse a la normativa universitaria, que en muchos aspectos sigue funcionando con una tremenda lentitud y rigidez, características que confrontan con las que definen el avance actual del conocimiento y la tecnología y, en definitiva, de la sociedad. 

En el momento actual, en el que el foco está puesto en la sostenibilidad y nueva movilidad, los planes de estudio en este ámbito deben incorporar ejes de conocimiento que son imprescindibles para el ingeniero de caminos, canales y puertos del presente, como son los relacionados con las ciencias ambientales, la economía, las nuevas tecnologías y aquellas otras que refuercen la visión transversal y multidisciplinar, el pensamiento creativo y el compromiso y sensibilidad social. El liderazgo del ingeniero de caminos, canales y puertos en el ámbito del transporte y la movilidad tiene que ir unido, de manera irremediable, a un conocimiento de los avances tecnológicos, asociados a los imprescindibles conocimientos técnicos. La automatización de los análisis de datos y de la toma de decisiones, la gestión digital de las actividades y las estrategias de negociación inteligentes son alguna de las claves que ya están imponiéndose en el modelo de transporte actual. Nuestros egresados deben estar preparados para planificar la nueva movilidad de las ciudades apoyada en el transporte público como eje principal, considerando la movilidad eléctrica y compartida y la redefinición de los modos en la última milla, tanto para viajeros como para mercancías, como herramientas para luchar contra el cambio climático y devolver el espacio urbano a los ciudadanos tomado por el coche desde hace décadas. Las carreteras inteligentes ligadas al vehículo autónomo, cuyo desafío es aumentar la capacidad y seguridad de nuestras vías, unido a modelos predictivos que nos indiquen como se van a comportar las infraestructuras. La logística y el transporte multimodal apoyados en la inteligencia artificial y el internet de las cosas. Estos son algunos de los aspectos claves que deben incorporarse a los planes de estudio en el ámbito del transporte.

Por otro lado, las habilidades de los egresados, como son la capacidad de comunicación oral, de trabajo en equipo, de aprendizaje continuo, de liderazgo y de análisis crítico, entre otras, se muestran hoy en día imprescindibles para las empresas a la hora de incorporar el talento que necesitan. Y estas habilidades deben ser adquiridas en la Escuela a través de la formación mediante metodologías docentes que permitan desarrollar estas capacidades. En definitiva, el reto de nuestras Escuelas
no consiste solo en una actualización de contenidos, sino también del proceso formativo de los estudiantes que debe estar acompañado de la aplicación de herramientas.

Por último, esta transformación en el ámbito de la formación y la innovación debe ir acompañada de acciones que logren atraer el talento. Y para ello es esencial trabajar en la mejora de la imagen social de la ingeniería civil. Recuperar el atractivo de manera que los jóvenes con talento se incorporen a nuestra comunidad y apuesten por esta profesión –ya que nuestra ingeniería ha dejado de ser una de las opciones preferentes entre los que comienzan sus estudios universitarios en las ramas más tecnológicas– es un reto al que nos debemos enfrentar unidos Escuela y Colegio. Debemos ser conscientes
de que la dificultad para activar la captación de este talento es un problema actual para nuestras Escuelas y para nuestra profesión y, por tanto, tiene que ser una tarea compartida transmitir el atractivo de nuestra carrera, apasionarlos y crear referentes, pues la pérdida de talento afecta inexorablemente al prestigio que ha tenido nuestra tarea como ingenieros y que se ha fundamentado, principalmente, en los brillantes estudiantes que hace años llenaban nuestras aulas.

Laboratorio de Movilidad de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Santander.

Y para ello debemos ser capaces de proyectar la imagen de novedad, sostenibilidad e implicación social que nos es propia. Sin duda uno de esos pilares que se nos brindan como una oportunidad inigualable para transmitir esa visión actualizada de nuestra profesión es el transporte y la movilidad.