Universidad

Reflexiones desde la universidad

Disrupción, formación y profesión

Eugenio Pellicer Armiñana

Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.
Director de la ETS de ICCP de Valencia.

La Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, la Ingeniería Civil tal y como es conocida universalmente, es tan antigua como la propia civilización. Hace ya milenios que la humanidad lleva construyendo caminos pavimentados, canalizaciones de abastecimiento de agua y alcantarillado, siglos antes incluso de que los romanos cimentaran la Vía Augusta. La necesidad de transportar personas y mercancías, y también de obtener recursos naturales (fundamentalmente agua y minerales), dio lugar a la planificación, diseño, construcción y mantenimiento de puentes, acueductos, presas, puertos y túneles, entre otros. Nuestra milenaria profesión ha sabido adaptarse a las circunstancias que la sociedad ha ido demandando con el tiempo.

Nos encontramos, no obstante, en el umbral de la cuarta revolución industrial, cuando todavía no hemos asimilado del todo la revolución digital que la precede y con la que se está solapando. Esta cuarta revolución industrial se caracteriza por la disrupción y por la velocidad del cambio, no sólo desde el punto de vista de las tecnologías de la información y comunicación, sino también por el modo de entender la relación entre el ser humano y el entorno ambiental y social que lo rodea. La adaptación de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos a la transformación digital de finales del siglo pasado (tercera revolución) se está produciendo poco a poco; lógico, si tenemos en cuenta la inercia que tiene una profesión tan antigua como la nuestra. No obstante, el contexto actual de gran incertidumbre y la inmediatez intrínseca a la cuarta revolución nos obligan a reaccionar con celeridad, no tanto desde el punto de vista de las tecnologías de la información y la comunicación que ya las tenemos asumidas como necesarias, sino desde el enfoque ambiental y social de nuestra profesión. La pandemia que estamos padeciendo actualmente no hace más que acentuar esta disrupción y la necesidad de adaptación.

En las últimas décadas hemos asimilado perfectamente que las infraestructuras deben estar integradas ambiental y socialmente en el territorio como una metamorfosis positiva del mismo. En esta cuarta revolución tenemos que asumir también que todo el proceso de planificación-diseño-construcción-explotación de la infraestructura debe estar socialmente orientado. Además, en esta nueva etapa disruptiva, a la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos se le están abriendo nuevos horizontes que, aunque ni mucho menos definidos ni delimitados, están cambiando el enfoque tradicional de las profesiones; las reflexiones de documentos de asociaciones profesionales hermanas, como ASCE Vision 2025, o la 2013-2015 Strategy ICE, inciden en ello. También debemos fijarnos en propuestas que nos pueden orientar sobre el futuro inmediato: el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 de Naciones Unidas, el Programa de Acción por el Clima de la Unión Europea o el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 del Gobierno de España, son un ejemplo claro de ello.

© Amador Toril

Una encrucijada como la actual presenta, por una parte el peligro de pasar a ser extremadamente vulnerables si optamos por la inacción, pero por otra parte, supone una oportunidad para profundizar en campos propios e incidir en otros más tangenciales a los que no hemos prestado la suficiente atención durante la etapa de bonanza anterior. Es ineludible incluir conceptos relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, tales como la mitigación y adaptación al cambio climático, la transición hacia una sociedad basada en una economía verde, la visión global sobre el territorio, la gestión del transporte y la movilidad segura o la nueva gobernanza aplicable a nuestra profesión. Otro aspecto a tener presente es la ingeniería humanitaria, aplicando la ingeniería civil y ambiental en aquellas situaciones prolongadas que impliquen la carencia de una necesidad básica, o bien situaciones críticas, generadas por un accidente o una catástrofe (incendio, inundación, terremoto, subsidencia del terreno, etc.). La gestión resiliente de las infraestructuras existentes en fase de uso, explotación y mantenimiento, es una necesidad que viene reflejándose en sucesivos informes, artículos e intervenciones de numerosos compañeros durante las tres últimas décadas; no obstante, tenemos todavía mucho campo de acción: la monitorización de nuestras infraestructuras mediante técnicas remotas o no invasivas y la utilización de tecnologías relacionadas con sistemas de predicción, alarma temprana e inteligencia artificial, entre otros. 

El aprovechamiento de los recursos naturales como el agua y la generación de energías limpias o el desarrollo y aplicación de materiales multifuncionales y de altas prestaciones, así como de soluciones basadas en la naturaleza, son otros campos en los que nuestra profesión ya está teniendo una presencia que debería incrementarse año tras año; sin olvidarnos, por supuesto, de la logística y del transporte multimodal. La gestión anticipada de riesgos que afectan al territorio y sus infraestructuras (durante todo su ciclo de vida) debe permitirnos tomar decisiones que también tengan en cuenta las interrelaciones socioambientales.

Desde hace siglos, los logros de la Ingeniería de Caminos han impactado en la sociedad

Todo ello se enmarca dentro de una sociedad cambiante y exigente, ambientalmente consciente, y con una imperiosa necesidad de ser eficiente en el aprovechamiento de sus recursos. Así lo recoge también el nuevo Pacto Verde Europeo que define la hoja de ruta hacia una economía sostenible, transformando en oportunidades la superación de los retos climáticos y sociales.

Ahora bien, ese futuro de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos demanda nuevas generaciones de ingenieras e ingenieros que nos vayan renovando y reemplazando progresivamente: es ley de vida. ¿Cómo atraer a esos niños, niñas y jóvenes hacia la Ingeniería Civil? No es tarea fácil. Nuestra profesión se ha visto seriamente afectada por la crisis de 2008; lamentablemente, gran parte de la sociedad nos asocia con la “burbuja inmobiliaria” y su posterior estallido. La idea generalizada, aunque muy poco fundamentada, de que en los países desarrollados “todo está construido” tampoco nos ayuda. Todavía estamos sufriendo las consecuencias de estos dos estigmas… Es necesario que las nuevas generaciones perciban que la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos no está centrada únicamente en la “construcción”, sino que tiene mucho que aportar en materia de movilidad, transición energética, cambio climático, resiliencia, economía circular, cadena de suministro y ciudades inteligentes, por ejemplo. Hay que hacer atractiva nuestra profesión de nuevo a la sociedad; debemos aprender a “vender” nuestro producto: profesionales con gran capacidad analítica, instrumental y creativa, muy bien preparados para comprender y resolver problemas complejos en el contexto socio-ambiental de la cuarta revolución industrial.

El prestigio de nuestra profesión está basado en una formación rigurosa, exigente y generalista que ha tenido históricamente como destinatarios a los mejores estudiantes de cada generación. Este prestigio sólo podemos mantenerlo si continuamos atrayendo a buenos estudiantes, ilusionados por ejercer la profesión. Es evidente que, entre el colectivo de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, somos los profesores universitarios los que estamos en primera línea: recibimos a los jóvenes candidatos para formarlos. Los profesores universitarios que impartimos docencia en las titulaciones que habilitan para nuestra profesión, siendo Ingenieros (y cada vez más Ingenieras) de Caminos, Canales y Puertos, somos muy conscientes y estamos muy sensibilizados con el principal problema que tenemos: la predisposición cada vez mayor entre nuestra juventud, sobre todos entre los mejores estudiantes de cada promoción, hacia titulaciones alejadas de la Ingeniería Civil. Debemos ser conscientes de que la atracción del talento no es únicamente una tarea del profesorado (o dicho de otro modo de la Universidad), sino que es un reto del colectivo profesional en su conjunto con el fin de garantizar su propia supervivencia. 

¿Cómo podemos revertir esta tendencia? En mi opinión sólo hay un modo de hacerlo: transmitir la transversalidad de nuestra profesión (más allá de la “obra”) incidiendo en nuestra capacidad analítica y creativa para resolver problemas complejos. Esta difusión social hay que hacerla desde todos los niveles del colectivo: universidades, empresas, administraciones públicas y el propio Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (con el apoyo de la Asociación y de la Fundación, por supuesto). Este mensaje debe ser coherente desde todos los niveles, hasta unificado me atrevería a decir, sobre todo desde las voces más “oficiales”: Universidad y Colegio.

Existe un segundo problema añadido que también está influyendo en la escasa atracción de los jóvenes hacia Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. La reforma universitaria, iniciada en 2007, dividió las titulaciones universitarias en tres niveles: grado, máster y doctorado. Esto ha provocado una pérdida de visibilidad de las profesiones cuyos títulos habilitantes tienen nivel de máster (como el de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos) para los estudiantes provenientes del bachillerato. Además, este nuevo diseño universitario presenta problemas adicionales, tales como la inadecuada secuenciación de la formación básica, desligada entre el grado y el máster, o la inversión de la lógica formativa, dado que el grado especializa y el máster generaliza. Los programas consecutivos que integren titulaciones de grado y máster interrelacionadas, permitirían la ordenación y secuenciación coherente de las materias correspondientes a ambos títulos, tal y como sucede ya en otros países europeos y americanos. Tanto desde el Colegio como desde la Universidad, venimos luchando conjuntamente por una reforma legislativa que permita la puesta en marcha de estos programas consecutivos o integrados lo antes posible.

Esta dualidad profesión-universidad no es nueva, como demuestra la fundación casi paralela de la Inspección General de Caminos (1799) y la Escuela de Ingenieros de Caminos (1802). En España, Francia y otros países, el nacimiento oficial de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos como una rama de la Ingeniería se materializa con la creación de la Escuela en la que se formaliza el conocimiento para su preservación, transmisión y avance por medio de la investigación aplicada. De este modo, la Universidad recopila la sapiencia almacenada tras siglos de experiencia, sienta las bases para un desarrollo ordenado, vigoroso y dinámico de la disciplina y, consecuentemente, forma a los futuros profesionales. Desde hace siglos, los logros de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos han impactado enormemente en la sociedad, con una repercusión tal vez sólo comparable al de la medicina.

Este impacto sólo puede alcanzarse con centros universitarios de excelencia, como son nuestras actuales Escuelas, y con una estrategia efectiva de atracción de talento que capte a los mejores para formarlos como profesionales. De este modo, el futuro está más que garantizado. Desde la Universidad somos muy conscientes de esta problemática y estamos trabajando para superarla. Partimos de una voz unificada: las trece universidades públicas que impartimos las titulaciones de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos (a nivel de Máster) y de Ingeniería Civil (a nivel de Grado) estamos coaligadas en CODICAM. Esta asociación da cobijo a más del 70% de los estudiantes de Ingeniería Civil y más del 90% de los estudiantes de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de toda España. La asociación tiene como fines fundamentales la divulgación y difusión de la imagen de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en la sociedad, el avance constante de la calidad de los estudios y la mejora de las condiciones de inserción profesional de sus titulados. Estos ejes también forman parte del ideario del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Podemos afirmar que los objetivos de la Universidad y del Colegio confluyen plenamente.

Este va a ser el objetivo principal de la sección “Universidades” que se estrena con este artículo en esta nueva época de la Revista de Obras Públicas: buscar sinergias y aunar esfuerzos entre el mundo académico y el profesional, entre las escuelas y las empresas, entre los estudiantes y los colegiados, en definitiva, entre la Universidad y el Colegio. Os animo a todos a participar en los próximos números de la ROP, generando ideas, análisis, debate y reflexión que nos permita avanzar difundiendo una visión de la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos imbricada en la cuarta revolución industrial.