Artículo referenciado

Obras de saneamiento

La gestión aplicada al diseño y a la estética

La estética forma parte de la calidad. Un elevado grado de calidad estética puede obtenerse mediante un enfoque coherente a lo largo del ciclo de vida del proyecto, empleando sistemas de gestión ya establecidos. Las obras de saneamiento pueden y deben ser objeto de un adecuado diseño estético por la posible ocupación de espacios de valor paisajístico y por la necesidad de poner en valor los elementos del sistema. Conseguir estos objetivos exige seleccionar el ciclo de vida más adecuado, gestionar los requisitos en cada fase y organizar la participación de los agentes: promotor, proyectistas, constructores y otras partes interesadas.

Palabras clave: Estética, calidad, dirección de proyectos, saneamiento, gestión de la calidad, ciclo de vida.

Aesthetics is part of quality. A high degree in aesthetics quality may be obtained by a coherent approach throughout the life cycle of the project, using are already well-developed management systems. Water treatment constructions can and should be subject to aesthetic design in order to create highly valuable sceneries in the occupied spaces and the need to enhance the value of the elements of the sewage system. Achieving these goals requires an appropriate selection of the life cycle, managing the requirements of each phase and organizing the participation of the stakeholders such as: sponsors, designers and constructors among others.

Keywords: Aesthetics, quality, project management, waste water, quality management, life cycle.

Rafael Díaz Martínez

Jefe de Área de Planificación y Seguimiento de Actuaciones de Aguas de las Cuencas de España, S.A. Ingeniero de Caminos Canales y Puertos.

Pozos de registro, hitos en el paisaje. Saneamiento del río Louro (CHN, Augas de Galicia, 2005).

La construcción de una infraestructura reconfigura en mayor o menor medida el entorno que la acoge e incorpora nuevas funcionalidades o elementos de disfrute para los usuarios. Esa capacidad de transformación, que puede exceder sus objetivos funcionales, le añade al equipamiento nuevas dimensiones que entroncan con el mundo de las emociones y, por lo tanto, con el arte y la estética. Esto, que es muy evidente para los puentes, carretas o presas, no lo es tanto para las obras de saneamiento. En entornos urbanos, su construcción entorpece la actividad de los vecinos, interfiere con otras infraestructuras, ensucia las calles… en definitiva, solo se respira tranquilidad cuando las conducciones ocupan el subsuelo y se reponen los pavimentos destrozados. ¿Es posible, entonces, encontrar algo de emotividad en las obras de saneamiento? Desde nuestro punto de vista, pensamos que sí. No solo es posible, sino que la creciente sensibilidad ambiental así lo exige a sus promotores y proyectistas y, por extensión, a la comunidad técnica involucrada. 

La cuestión es cómo se pueden proyectar y construir obras, incluso de saneamiento, que incorporen cualidades estéticas apropiadas que se irradien a su entorno. El diseño y la estética, que es una componente del diseño, pueden y deben desarrollarse con una sistemática de trabajo que asegure unos mínimos de calidad en el más amplio sentido de la palabra. Estas cualidades de lo construido son demasiado importantes como para que los resultados queden al albur de acciones personalistas o de coincidencias más o menos afortunadas. El impacto temporal de las obras puede ser tan grande que merece la pena revisar si las prácticas habituales posibilitan los mejores resultados en el ámbito estético.

La opción que se propone comienza con el empleo adecuado de estándares y procesos de gestión de las organizaciones y de la dirección de proyectos (disciplina que, con la misma denominación, incluye la ejecución de obras). Pero además de cómo hacerlo, es importante determinar cuándo. Para ello hay que tomar en consideración el ciclo de vida de la infraestructura, que comprende desde que se establecen su necesidad y los requisitos de contratación hasta su puesta en servicio y explotación. Las mejores ideas e intenciones pueden resultar inaplicables si los diferentes actores que intervienen en cada fase del ciclo de vida no integran lo funcional y lo estético con un enfoque sistémico y lo incorporan en el momento adecuado. 

Calidad y estética

Se puede definir la calidad como el “grado en el que un conjunto de características inherentes satisface los requisitos” (PMI, 2017). Que sea un grado significa que se asocia a un nivel determinado: pobre, bueno, excelente, por ejemplo. Así, una obra puede haber superado todos los controles de calidad, pero tener un grado de calidad pobre por no cumplir algunas de las expectativas relevantes de los interesados. Para entender mejor el concepto de calidad es necesario profundizar en el de requisito. Un requisito es “una necesidad o expectativa [que puede estar] establecida, [o] generalmente implícita [que es habitual o práctica común para la organización, para los clientes y otras partes interesadas], [y] que también puede ser obligatorio” (ISO, 2015) (1). Una expectativa también es un requisito que, al poder ser implícito, no tiene por qué estar necesariamente determinado ni tampoco ser un parámetro medible, a diferencia de los que asociamos al control de la calidad. Los requisitos y las expectativas proceden de las partes interesadas, que es un concepto mucho más amplio que el de cliente. Por ejemplo, los usuarios de una infraestructura o los vecinos directamente afectados son interesados clave: si queremos conseguir una obra con un elevado grado de calidad, debemos conocer las expectativas y gestionar los requisitos de los interesados clave.

Por otra parte, la estética es la “armonía y apariencia agradable a los sentidos desde el punto de vista de la belleza”, y esta es la cualidad que se atribuye a algo “que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por extensión, al espíritu” (RAE, 2020). La estética forma parte de los requisitos o expectativas que intervienen en la apreciación del grado de calidad. Apelando a la definición de la calidad enunciada antes, muchas características son de naturaleza implícita y comúnmente aceptadas. Por ejemplo, no es necesario incluir en una lista de comprobación de una obra que la pintura de una barandilla no debe tener salpicaduras ni cuál es el tamaño máximo admisible de estas; tampoco lo es cuánto puede estar desalineado un bordillo, etc. En el caso de la estética, la mayor parte de estas características están presentes en nuestra apreciación de la belleza: los ritmos, las modulaciones, las gamas de colores, etc. Cualquier expresión artística tiene reglas de esa naturaleza, que garantizan algunos valores estéticos. Visto de otro modo: nuestros diseños difícilmente resultarán agradables si no se cumplen estas reglas asociadas a la armonía. En ese caso, su grado de calidad será bajo.

En consecuencia, es posible incluir las cuestiones estéticas en los procesos de gestión de la calidad, ya que forma parte de esta. Para obtener un elevado grado de calidad general y de estética en particular, debemos emplear planteamientos y métodos de trabajo que aseguren que se consigue la excelencia de modo eficiente.

La definición de la estética en el ciclo de vida de una obra

El ciclo de vida de un proyecto es la serie de fases que atraviesa desde su inicio hasta su conclusión. Estas fases “comprenden desde la definición de sus requisitos hasta la finalización de su uso, que abarca su desarrollo, producción, operación y mantenimiento y disposición” (PMI, 2017). 

La capacidad de influencia para introducir cambios y los impactos que estos generan varían sustancialmente a lo largo del ciclo de vida de la infraestructura. En la figura de la derecha se representa esquemáticamente la evidencia de que el impacto general de las decisiones o cambios en un proyecto en las primeras etapas es grande, pero en los costos es pequeño; sin embargo, a medida que avanza el proyecto o la obra, la posibilidad de introducir cambios de cualquier tipo se reduce y los impactos económicos asociados aumentan.

Este efecto es muy importante en la gestión de los requisitos y, en particular, es aplicable a los que afectan a la estética. El color de la pintura, que puede ser crucial desde el punto de vista estético, no tiene relevancia económica si lo seleccionamos antes de aplicarla, pero cambia si lo hacemos una vez que ya está comprada o si el elemento ya está pintado. Y se agrava aún más si no hemos definido su calidad en el proyecto o en el pliego de la licitación. 

Este ejemplo resalta la idea de que la calidad y sus requisitos, que incluyen los estéticos, deben gestionarse durante todo el ciclo de vida de la infraestructura y en los momentos oportunos. Parece claro que gestionar un proyecto a base de modificaciones sucesivas no es una opción. Toca trabajar con método, anticipación y visión de conjunto.

Los agentes responsables del resultado estético de una infraestructura son múltiples e intervienen de modo diferente a lo largo del ciclo de vida en función de este y del tipo de obra. No es acertado pensar que el resultado recae siempre y en mayor medida en el proyectista, por ejemplo. Su labor es imprescindible, pero, por muy acertadas que sean sus ideas y muy amplias sus competencias profesionales, el diseño de la infraestructura ha de enmarcarse, por ejemplo, en unas decisiones estratégicas y contractuales que entran en el ámbito del promotor, normalmente una administración pública. Es el promotor quien establece los requisitos de partida y el marco económico, técnico y de gestión que han de emplearse a lo largo del proceso. 

En general, podemos hablar de tres ámbitos de gestión de requisitos que tienen diferente grado de influencia: el del promotor, el del contratista (ya sea como proyectista o constructor) y el de la dirección del contrato de la dirección de la redacción del proyecto o de la obra.

Aliviadero saneamiento del río Louro (Pontevedra) (CHN, Augas de Galicia 2005).

Una primera decisión estratégica del promotor es elegir el ciclo de vida y las fases para su desarrollo. En esta elección, el modo de contratación es importante tanto para la redacción de un proyecto como para la ejecución de una obra. No es lo mismo la gestión de los requisitos en una subasta, en un concurso de obra, de proyecto y obra, o en un diálogo competitivo. Cada caso exige una labor específica con los requisitos, que puede comenzar con su declaración explícita en el desarrollo de una solución previa o anteproyecto, o simplemente con la especificación en los documentos de la licitación de los requisitos, expectativas y criterios de valoración de las opciones ofertadas. 

La elección del ciclo de vida depende de la tipología de infraestructura y del problema que se debe resolver. Así, un puente tiene un ámbito de impacto estético a escala territorial y otros a escalas más reducidas, como, por ejemplo, el detalle de acabados, cuando se trata de puentes urbanos. Ambas escalas son importantes. En un proyecto de saneamiento, las decisiones sobre las formas de las estructuras visibles ocupan un lugar secundario. Los criterios ambientales para el diseño y dimensionado, la selección de trazado de las conducciones, los métodos constructivos, etc., condicionan la mayor parte de la solución técnica. Aun así, la gestión del detalle estético al nivel de usuario y de otras escalas intermedias también es relevante en este tipo de infraestructuras, pero raramente llegan al nivel territorial de los puentes, salvo en la selección de la ubicación de las estaciones depuradoras u otros elementos auxiliares como bombeos o aliviaderos.

En las tres figuras que se muestran a continuación se esquematizan los procesos y resultados de tres tipos de ciclo de vida. En el primero, el diseño se realiza en dos etapas, con dos contratos y sendos proyectistas, y luego se licita un contrato para la ejecución de la obra. En el segundo, el diseño y la construcción se gestionan mediante un único contrato (“concurso de proyecto y obra”) y en el tercero, también con un único contrato, pero mediante un diálogo competitivo, que es una modalidad de contratación novedosa que incorpora la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público (LCSP).

Fuente: elaboración propia
Fuente: elaboración propia
Fuente: elaboración propia

A continuación se representa de un modo simplificado cómo se van incorporando los requisitos de naturaleza estética en cada una de las fases de los tres ciclos de vida propuestos, cuando se trata de una obra de saneamiento. Para mayor claridad se han diferenciado los requisitos funcionales con implicaciones estéticas y los estrictamente estéticos (figura superior) Así, por ejemplo, el requisito funcional de no colocar pilares intermedios en el río tiene implicaciones estéticas; por el contrario, el color de una barandilla es de naturaleza estética. Por otra parte, se han diferenciado los actores que influyen en cada una de las fases (figura inferior).

En el caso de una obra organizada mediante el ciclo de vida (a) se aprecia cómo la mayor parte de los requisitos se gestionan en el proyecto constructivo y algunos, en la obra. Muy pocos se determinan en el anteproyecto, puesto que en obras de saneamiento esta fase está orientada a la solución funcional, con escasas implicaciones estéticas en la determinación del alcance y del coste. 

Se hace notar cómo en este y en los restantes casos de gestión de obras de saneamiento una parte no desdeñable de las cuestiones estéticas se dirimen durante la ejecución de la obra. Esto lo explica el uso de la planificación gradual que es una “técnica de planificación iterativa en la cual el trabajo a realizar a corto plazo se planifica en detalle, mientras que el trabajo futuro se planifica a un nivel superior” (PMI, 2017). En un proyecto de saneamiento, los componentes del alcance con incidencia en la calidad funcional y en los costes deben estar perfectamente definidos en el proyecto. Sin embargo, el cierre de la parcela de una estación de bombeo, por ejemplo, puede tener una definición suficiente como para determinar el coste, pero no se precisa el detalle constructivo ni el color para formular la oferta. 

En el caso del diseño de un puente no tendría mucho sentido, por ejemplo, relegar el diseño de la barandilla a la fase de construcción, puesto que generalmente forma parte intrínseca del diseño por los aspectos resistentes y la importancia estética que comporta.

En una obra de saneamiento gestionada según el ciclo de vida (b), “concurso de proyecto y obra”, el proyecto de licitación determina en mayor medida las cuestiones estéticas, que se completan en el proyecto constructivo y durante la ejecución de la obra.

Por último, en el caso (c), correspondiente al diálogo competitivo, las aportaciones a la estética se reparten entre todas las fases, aunque la mayor parte de los requisitos meramente estéticos (no derivados de las cuestiones funcionales) se introducen durante la fase de diálogo competitivo (antes de realizar la oferta económica), lo que resulta muy significativo por el grado de anticipación que exige y el compromiso que comporta para el licitador.

Fuente: elaboración propia

La participación de los agentes se establece sobre la base de la aportación de requisitos y de su materialización. En la segunda figura de la página anterior, se aprecia cómo el proyectista incide en los aspectos estéticos, básicamente en la redacción del proyecto constructivo, ya que, como se ha visto, en las obras de saneamiento los anteproyectos aportan poca información estética. En los casos (b) y (c) participa en todas las fases de diseño. Se llama la atención sobre la influencia permanente del promotor, ya sea mediante el órgano de contratación o en el equipo de dirección de los contratos de redacción de proyectos o de ejecución de las obras. En las fases de contratación lo hace a través de la imposición de requisitos con incidencia estética (características de materiales, elementos de diseño clave que se deben respetar, etc.). Durante la ejecución de las obras, mediante el impulso de la dirección de obra para sacar el mejor partido de las posibilidades de la planificación gradual o participando en las decisiones que sin influir en los costes, tengan un elevado impacto en el grado de calidad estético (colores, acabados, diseño de detalles, etc.)

La gestión de la estética también depende del tipo de obra. Las figuras de la izquierda reflejan una interpretación de la gestión de requisitos estéticos y la participación de los responsables en el diseño y obra de un puente para el ciclo de vida a: redacción de anteproyecto, redacción de proyecto y ejecución de obra, mediante tres contratos independientes.

Se aprecian varios cambios importantes respecto a una obra de saneamiento. En primer lugar, la mayor parte de los requisitos estéticos del puente se determinan en el anteproyecto y provienen directamente de la funcionalidad. No obstante, en la primera fase (redacción del anteproyecto) resulta especialmente relevante el papel del promotor, que luego es casi inapreciable en la redacción del proyecto constructivo, una vez decididos los principales requisitos. También se aprecia que, en este tipo de obras, las correcciones o mejoras estéticas durante la construcción son mucho más limitadas que en las de saneamiento por las razones ya apuntadas.

La estética y los sistemas de gestión

Según lo expuesto, para conseguir los objetivos relativos a la estética hay que aplicar durante todo el ciclo de vida una sistemática planificada y conocida por todos los participantes. Puesto que se ha asimilado la estética a la calidad, la premisa para hacerlo con éxito es sencilla: basta con emplear los sistemas de gestión para planificar y aplicar los procesos operativos necesarios. Esto exige conocer en profundidad estos sistemas, que se basan en normas y estándares, particularizarlos para cada caso y en cada fase, y mantener alineados con estos objetivos a todos los participantes, desde el promotor a los subcontratistas.

Fuente: elaboración propia

Los estándares o normas son recopilaciones de buenas prácticas aceptadas por la comunidad técnica. La norma básica, tan extendida como poco conocida, es la UNE-ENE ISO 9001:2015. “Sistemas de gestión de la calidad. Requisitos”. Además, en sectores como el de la construcción, donde cada proyecto u obra son productos únicos, es necesario incorporar a la sistemática de trabajo, como parte de los procesos operativos del sistema de calidad de la organización, los que se obtiene de las normas de dirección de proyectos (2). Por último, para mejorar la gestión de la información se dispone de la metodología BIM (3). Diseñar o construir de acuerdo a estos tres estándares exige adecuar el funcionamiento y la cultura de las organizaciones, pero sobre todo que el personal involucrado desarrolle las habilidades y competencias necesarias, que no se consiguen por imitación de lo cotidiano, sino mediante una capacitación específica y generalmente fuera de los planes de estudios convencionales.

Cualquiera de estas normas se caracteriza por emplear una gestión enfocada a procesos, no necesariamente procedimentados. Según se muestra en la figura superior, un proceso se caracteriza por una información de entrada, que puede estar constituida por documentos resultantes de otros procesos, formatos, ejemplos, etc. Esta información se transforma en una documentación de salida mediante la aplicación de técnicas y herramientas. La documentación obtenida podrá ser, a su vez, la entrada de otros procesos.

Vista del edificio del biológico y silo de fangos EDAR Lagares. (Acuaes, Augas de Galicia, Concello de Vigo, 2017).

En la selección de los procesos y, sobre todo, en la información de entrada es donde se juega o, al menos, se asegura el nivel de la calidad general y de los valores estéticos de nuestra obra. Por lo indicado en los anteriores apartados, parece claro que se debe contar con procesos de gestión de interesados y de requisitos, además de los asociados a la producción técnica. En cuanto a la información de entrada, el PMBOK determina la necesidad de incorporar a cualquier proceso lo que denomina factores ambientales de la empresa (FAE) y los activos de los procesos de la organización (APO).

Entre los FAE, están los estilos de la organización que desarrolla el proyecto, la capacidad de los empleados, la disponibilidad de recursos para el desarrollo del proyecto, las influencias y los asuntos de índole social y cultural (entre los que se encuentra la percepción estética de la obra), etc. En definitiva, son cuestiones que no están bajo el control del equipo de proyecto, pero que es necesario considerar. El responsable de cada etapa del proyecto debe valorar si su organización cuenta con personal capacitado y competente para el diseño estético; en caso negativo, es imprescindible su incorporación al equipo de desarrollo lo antes posible. Esto sería de aplicación, por ejemplo, a contar con la colaboración de un arquitecto.

Los APO, por el contrario, “incluyen cualquier objeto, práctica o conocimiento de alguna o de todas las organizaciones ejecutoras que participan en el proyecto y que pueden usarse para ejecutar o gobernar el proyecto” (PMI, 2017). Entre ellas se encuentran las lecciones aprendidas y las guías y criterios de diseño, que son información clave para dirigir, entre otras, las cuestiones de calidad estética.

En conclusión, para asegurar resultados estéticos aceptables en nuestras obras no hace falta encomendarse a las sensibilidades estéticas y a las habilidades individuales de los promotores, proyectistas o constructores. La vía más segura para tomar las decisiones correctas en los momentos adecuados es contar con un sistema de gestión basado en buenas prácticas desarrolladas en estándares y normas establecidas, que involucre a las organizaciones y a los equipos de desarrollo del proyecto con planes de la calidad que particularicen estos sistemas a cada caso. En concreto, sería adecuado anidar en el sistema de gestión basado en la ISO 9001 (ámbito de empresa), los de dirección de proyectos (ámbito de redacción de proyectos o de ejecución de obras) y, en el último escalón, el subsistema de gestión de la información BIM (como parte del de dirección de proyectos).

Experiencia de gestión de la estética y realizaciones en obras de saneamiento

Las primeras iniciativas de tratamiento estético de cierta entidad en obras de saneamiento en el norte de España tuvieron lugar durante el desarrollo del Plan Nacional de Interés Comunitario (PNIC) de Asturias, que se inició en los años ochenta bajo la responsabilidad de la Dirección técnica de la Confederación Hidrográfica del Norte (CHN). No se contaba con una sistemática de trabajo específica, pero sí con una determinación clara de impulsar la excelencia técnica de todo lo relacionado con el saneamiento y, en especial, con la idea de que los usuarios debían tomar consciencia de estas infraestructuras. Por ello se potenció, por ejemplo, la visualización de la traza de los colectores mediante la construcción de pequeñas edificaciones con un cuidado diseño sobre algunos de los pozos de registro, a modo de hitos en el paisaje. 

Con la misma idea se dio un adecuado tratamiento a los edificios que albergaban los aliviaderos de tormenta o las estaciones de bombeo, generando incluso zonas urbanizadas en su entorno. Actuaciones de esta índole también se llevaron a cabo en obras del Consorcio de Aguas de Bilbao y, posteriormente, en actuaciones de la CHN en Galicia, como fueron el saneamiento de la cuenca del río Louro, en Porriño (Pontevedra) o el saneamiento de Lugo o de Ourense, por poner algunos ejemplos.

Otros ejemplos más recientes, en las que se han empleado metodologías de gestión específicas, son las actuaciones de la Sociedad Estatal Aguas de las Cuencas de España (Acuaes) en Galicia. En las siguientes figuras se muestran una serie de vistas significativas de algunas de ellas: saneamiento de Vigo (EDAR Lagares) o de la EDAR de Ourense. En la actualidad, Acuaes está a punto de finalizar la licitación de la Nueva EDAR de Silvouta (Santiago de Compostela) mediante el método de diálogo competitivo, recientemente incorporado por la LCSP. Como se ha comentado, este sistema permite ampliar y refinar la estrategia de gestión de requisitos para incorporar antes del realizar la oferta la mayor parte de los requisitos y expectativas. 

Sin entrar en análisis estéticos profundos y sobre cómo se gestaron las soluciones en cada caso, cabría aportar algunas consideraciones que podrían formar parte de lecciones aprendidas para su aplicación en otras obras de saneamiento. Una idea básica es integrar en los equipos de desarrollo de las soluciones equipos de proyecto con capacidades en diseño desde los momentos iniciales. Esto aporta indudables ventajas, porque se consideran las verdaderas restricciones funcionales en el diseño arquitectónico (no las resultantes de los diseños estructurales, hidráulicos, etc., ya consumados); incluso se pueden adaptar los diseños tecnológicos generales a la organización compositiva o concepción arquitectónica del conjunto, así como a su integración en el entorno.

En la página izquierda se muestra cómo la edificación de la estación de bombeo utiliza la infraestructura enterrada como elemento de cimentación de la que cuelga el edificio, lo que genera un efecto estético interesante y una economía en las cimentaciones. Este es un ejemplo donde la arquitectura no es un mero maquillaje, sino que es partícipe y cómplice de la solución funcional, lo que solo es posible con la incorporación temprana del diseño estético al desarrollo funcional. 

Este planteamiento mejora mucho los resultados, pero obliga a organizar adecuadamente el equipo de desarrollo del proyecto. En definitiva, a adoptar una sistemática de trabajo colaborativo. Desde el punto de vista de la dirección del proyecto, es fundamental mantener una decidida proactividad y liderazgo para captar los posibles nuevos requisitos y expectativas y plantearlos a tiempo, ya sea en las bases de la licitación o en el desarrollo de las soluciones, según lo permita el ciclo de vida seleccionado. Otro punto de atención fundamental es el cuidado de los detalles, ya sea en los pequeños diseños, en la elección de los materiales o en la calidad de los acabados de ejecución. Como se indicó anteriormente, durante la obra se dirimen importantes cuestiones que tienen peso en el balance estético final: colores, acabados, diseños de detalle, etc. Hay que estar atento a ellas, a pesar de que cualquier obra genera suficientes problemas como para desviar esta necesaria atención.

EDAR de Lugo (CHN, 2008).

Conclusiones

La calidad de una obra de ingeniería no consiste solo en superar una serie de controles medibles. En un sentido más amplio, la calidad se entiende como el cumplimiento de requisitos y expectativas, no siempre materializados ni explicitados, que le otorgan un determinado grado de calidad basado en elementos de valoración subjetivos. Este concepto de calidad incluye sus características estéticas.

Un elevado grado de calidad y, por lo tanto, de valor estético de una obra debe obtenerse como resultado de un enfoque coherente y sostenido a lo largo del ciclo de vida del proyecto, desde que se licitan los primeros trabajos de diseño hasta su ejecución y puesta en funcionamiento. Los momentos y los responsables de influir en ellos variarán en cada caso, en los que podrá ser relevante la aportación del promotor, del proyectista o del contratista de la obra.

Para garantizar que se lograrán los mejores resultados basta con emplear sistemas de gestión ya desarrollados para planificar y aplicar los procesos operativos necesarios. Esto exige conocer en profundidad estos sistemas, que se basan en normas y estándares, particularizarlos para cada caso y en cada fase, y mantener la alineación de todos los participantes, desde el promotor a los subcontratistas. El uso adecuado del enfoque de procesos permite introducir de modo oportuno las restricciones de entorno y sus expectativas así como las bases de conocimiento de las organizaciones implicadas, buenas prácticas y criterios de diseño relativos a las implicaciones estéticas y las lecciones aprendidas. 

Vista general de la EDAR de Ourense (2017)
Edificio de bombeo y desbaste EDAR de Ourense (Acuaes, Augas de Galicia, Concello de Ourense, 2017)

Las obras de saneamiento pueden y deben ser objeto de un adecuado diseño estético. La ocupación de espacios de valor paisajístico puede ser un motivo importante, pero también lo es la oportunidad de poner en valor los elementos del sistema, mediante su visualización y adecuación estética. Desde los años ochenta, al menos en el norte de España, se ha impulsado la visibilidad de las instalaciones de saneamiento y su valor estético. Los sistemas empleados han evolucionado desde las directrices implícitas en los proyectos hasta su inclusión como requisitos para su gestión a lo largo de los contratos. El exponente más reciente de esta evolución es la licitación de la Nueva EDAR de Silvouta que ha promovido Acuaes mediante el sistema del diálogo competitivo, que supone un indudable avance en la gestión de la calidad general y de la estética en particular.

Agradecimientos

El autor quiere manifestar su agradecimiento a tres personas que en sus ámbitos de responsabilidad han influido en muchas obras y en los planteamientos de este artículo. 

A Ramón Álvarez Maqueda, Director Técnico de la Confederación Hidrográfica del Norte entre los años 1986 y 1996, por su decidida apuesta por la excelencia técnica y estética de las obras de saneamiento. A Jose Manuel Herrera Gómez, Director de departamento de SAITEC, por el impecable desempeño de su labor de proyectista, en la que siempre hay un hueco para las cuestiones estéticas. Por último, y de un modo muy especial, a la labor de Javier Fernández Comesaña, Director Técnico de la oficina de Vigo de FULCRUM, por ser un ejemplo de compromiso incansable con la calidad de la ejecución y con el resultado estético de las muchas obras en las que ha participado y por su colaboración en la revisión de este texto. 

Referencias

1

ISO. 2013. Directrices para la dirección y gestión de proyectos. UNE-ISO 21500. s.l. : AENOR, 2013.

2

ISO. 2 015. Sistemas de gestión de la calidad. Fundamentos y vocabulario (ISO 9000:2015). UNE-EN ISO 9000. s.l. : AENOR, 2015.

3

ISO. 2018. Sistemas de gestión de la calidad. Requisitos. UNE-EN ISO 9001:2018. s.l. : AENOR, 2018.

4

PMI. 2017. Guía del PMBOK. Pennsylvania : Project Management Institute, Inc., 2017. ISBN: 978-1-62825-194-4.

5

RAE. 2020. Diccionario de la lengua española. Edición del Tricentenario. 2020.

Notas

1

Se ha completado la definición con palabras o frases que ayudan a contextualizar la definición literal de la norma.

2

En la UNE-ISO 21500, “Directrices para la dirección y gestión de proyectos” (ISO, 2013) o bien el “Estándar para la dirección de proyectos”, que se desarrolla en la “Guía de fundamentos para la dirección de proyectos (Guía del PMBOK)”, (PMI, 2017)

3

Con directrices destalladas en la UNE-EN ISO 19650-1 “Gestión de la información al utilizar BIM. Parte 1: Conceptos y principios” y la UNE-EN ISO 19650-2. “Gestión de la información al utilizar BIM. Parte 2: Fase de desarrollo de los activos”.