El diseño en la obra pública 2

La fuerza del diseño

José Romo Martín

Ingeniero de caminos, canales y puertos.

CEO de FHECOR.

Coordinador del monográfico.

Presa de Susqueda (Girona). © Paisajes Verticales

Este nuevo monográfico de la revista, dedicado al diseño, pretende seguir incidiendo en los aspectos plásticos y formales de la obra pública. A pesar del mal predicamento del diseño dentro de la profesión, esta es una actividad básica para el reconocimiento de los ingenieros. La calidad del diseño de la ingeniería española es uno de nuestros factores diferenciadores.

Ahora bien, como dice Javier Manterola en la entrevista que se incluye en este número, para que se valore nuestro trabajo tenemos que diseñar bien. El reconocimiento desde el exterior pasa por que hagamos día a día un diseño de calidad. Coincido con Javier en que hay que ganarse el prestigio trabajando bien diariamente, pero también considero que tenemos que hacer un esfuerzo como colectivo para dar a conocer esas obras cuidadas de las que estamos tan orgullosos, y también para criticar los errores que todos los que “hacemos” cometemos: es la única forma de mejorar.

Porque diseñar bien no es una tarea sencilla. En uno de sus escritos, el reconocido diseñador italiano Bruno Munari dice: “complicar es fácil y simplificar es difícil. Quitar en vez de añadir es conocer la esencia de las cosas”.

Volviendo a la entrevista, Manterola nos dice que la única forma de mejorar es probar y probar. Coincido con Javier en que, como en todas las profesiones creativas, el diseño en ingeniería pasa por explorar sin perder de vista que en la buena ingeniería esencia y forma tienen que ir de la mano.

Pero los ingenieros no diseñamos objetos aislados. Presas, puentes, carreteras y túneles se tienen que ejecutar en un punto o una zona concreta del territorio, en un paisaje natural, o en uno más o menos trabajado. Obra y lugar se pueden reforzar mutuamente dando lugar en algunos casos excepcionales a un resultado sublime cuyos ejemplos tenemos todos en la retina. Ahora bien, sin tener que llegar a ese extremo, cualquier obra de ingeniería que pretende ser de calidad tiene que trabajar correctamente con el terreno. En ingeniería civil, la posición relativa entre obra y terreno no es únicamente una cuestión formal. Ese encaje es algo fundamental para la supervivencia física de la obra, y por tanto forma parte decisiva de ese diseño de calidad que buscamos. Esa variedad de situaciones entre la construcción y el terreno hace que cada obra sea única. Por eso en nuestra ingeniería no se pueden aplicar sistemáticamente soluciones de diseño en serie.

Un rasgo diferenciador del diseño en la ingeniería civil es la magnitud de las fuerzas que hay que manejar debido a la escala de nuestras obras. Presas, muros, puentes y puertos tienen que resistir empujes del viento, de tierras o del agua y pesos colosales. Esto hace que, como nos recuerda César Lanza, las formas en ingeniería no vengan condicionadas por la geometría, sino que estén determinadas mecánicamente. Por tanto, el formalismo puro no tiene sentido en ingeniería. El diseño tiene que formularse sobre el conocimiento y la razón.

El diseño debe ser de calidad para que la profesión siga teniendo una posición dominante en la concepción de la obra pública

Sin embargo, una misma forma resistente, como es un simple arco, puede tener múltiples variantes. Un arco puede ser más o menos rebajado, más o menos esbelto. Su sección transversal puede ser sección rectangular, trapecial, triangular, curva, ovoide o incluso irregular, y también puede ser constante lo largo de la directriz o puede ser variable. Como el lector puede deducir, la unidad básica de diseño, el concepto elemental, como es un arco, tiene muchos matices que además hay que combinar con las variaciones propias del resto de elementos que componen el puente, como son el tablero y el sistema de conexión de este con el arco. Este puede materializarse también mediante elementos rígidos o con cables y con distintas disposiciones. Como puede observarse, la deseada conjunción entre esencia y forma permite múltiples interpretaciones, incluso en un concepto tan canónico como puede ser un puente arco, lo que explica la importancia del trabajo de diseño de cualquier obra por ortodoxa que esta sea. Pero esta variabilidad no solo proviene de lo puramente estructural; el contexto, en el sentido más amplio (físico, técnico, histórico, social, económico o político), introduce múltiples variables que generan un abanico de gran riqueza que el diseñador tiene que explorar y explotar: ese es su campo de juego.

En resumen, si bien es relativamente sencillo elegir un buen concepto, no lo es tanto su formalización y su interacción con el contexto. Es importante conseguir unas proporciones agradables y una lógica entre las partes que forman la obra, tanto en lo técnico como en lo plástico, como en su relación con el paisaje. Muchas de nuestras construcciones, como por ejemplo los puentes, son una suma de elementos, cuyas conexiones tienen que diseñarse para asegurar el recorrido más lógico de las fuerzas. El diseño de calidad se consigue cuando los componentes de la obra y sus conexiones tienen también un lenguaje formal coherente entre sí y que vaya bien con el entorno en el que se inserta la obra. El diseño ingenieril no es, por tanto, un mero ejercicio estético. El buen diseño en ingeniería se consigue con la conjunción ejemplar de esencia técnica, forma y lugar.

Este número es una continuación de la serie iniciada en el número 3628 de la ROP, dedicado al diseño. Aprovechamos esta atalaya para destacar y reivindicar tanto el trabajo de gran calidad que desarrollan nuestros ingenieros como las reflexiones de todos ellos sobre sus obras, en particular, y sobre el diseño, en general.

En esta ocasión contamos con especialistas en puentes y pasarelas, en caminos y carreteras, en obras hidráulicas, en obras marítimas, en estructuras de edificación y en estructuras industriales.

El buen diseño en ingeniería se consigue con la conjunción ejemplar de esencia técnica, forma y lugar

Como se ha comentado antes, contamos con una entrevista a Javier Manterola y, además, se incluye un apartado de debate en el que se tratan diversos aspectos relativos al diseño en la ingeniería civil. También se ha incluido la visión del diseño en la obra pública desde perspectivas exteriores a la profesión, como son el mundo del diseño y el de la crítica de la arquitectura.

En la contraportada de este número se incluye una imagen de la propuesta ganadora de Arenas y Asociados en el concurso para el nuevo puente del Metro de Oporto, que es un ejemplo paradigmático de la fuerza del diseño español.

En resumen, el objetivo de este número es mostrar la formalización de nuestras construcciones, así como su relación con el sitio, es decir, su diseño. Ese diseño debe ser de calidad, para que la profesión pueda seguir teniendo en el futuro, como lo es ahora, una posición dominante en lo relativo a la concepción y al proyecto de las obras públicas; una posición que pasará por aprovechar la potencialidad de esa fuerza del diseño de la ingeniería española que entre todos tenemos que cuidar, mantener y promover.