La Clave

La descarbonización de la edificación: un desafío sin precedentes

En este artículo se detalla el marco legal de la UE y de España para conseguir la descarbonización del sector de la edificación en 2050. La rehabilitación no puede ser únicamente energética, aunque debiera incorporar siempre este componente. Los objetivos de rehabilitación energética suponen multiplicar por 50 el ritmo actual de este tipo operación, pasando de unas 6.000 actuales a más de 300.000 actuaciones en 2030. Además, se analizan varias propuestas para abordar este cambio de ritmo tan importante en la rehabilitación energética: la creación del libro digital y el pasaporte digital, los nuevos instrumentos para canalizar la inversión privada y las modificaciones normativas para poder conseguir los objetivos. Por último, se presentan los 13 artículos y la entrevista que forman parte de este número, destacando sus aspectos más relevantes. Todos los autores que intervienen están liderando esta necesaria transición en sus respectivos campos de actuación.

Palabras clave: Rehabilitación, rehabilitación energética, regeneración urbana, descarbonización, edificación, código técnico edificación, análisis ciclo de vida, pasaporte del edificio, distrito de energía positiva.

This article details the legal framework of the EU and Spain for achieving decarbonisation in the building sector by 2050. Renovation cannot be solely about energy, although it should always incorporate this component. The energy rehabilitation goals entail a fifty-fold increase in the current rate of this activity, going from the current 6 000 actions to more than 300 000 in 2030. In addition, several proposals to address this important change of pace in energy renovation are analysed such as the creation of the digital book and the digital passport, the new instruments to channel private investment and the policy changes needed to achieve the goals. Finally, the 13 articles and the interview that are part of this issue are submitted, highlighting their most relevant aspects. All the authors involved are leading this necessary transition in their respective fields.

Keywords: Renovation, energy renovation, urban regeneration, decarbonisation, building, technical building code, life cycle analysis, building passport, positive energy district.

Luis Irastorza Ruigómez

Ingeniero de caminos y economista.

Socio director de TECNOPEN y vicepresidente de GBCe.

©Toya Legido

No hay duda de que vivimos un momento en el que resulta perentorio conseguir reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de una manera radical y acelerada a lo largo de los próximos años. Esta necesidad afecta a todos los sectores de la economía, entre ellos, a la edificación, que, por su especificidad, debe seguir su propio camino para conseguir su total descarbonización.

Este número de la revista, dedicado a la rehabilitación y regeneración urbana, pretende, en primer lugar, realizar un diagnóstico de la situación de partida en que se encuentra el sector de la edificación en España en todos sus aspectos —actividad de rehabilitación, normativa, aspectos sociales y económicos— para, a partir del mismo, realizar propuestas de actuación que posibiliten alcanzar el ambicioso objetivo de la completa descarbonización de los edificios.

El contexto general

Estamos viviendo un momento de profunda transformación de nuestra economía y, consecuentemente, de la edificación. Siendo el cambio consustancial con la actividad humana, no hay duda de que el mismo se está acelerando y debe acelerarse aún más como consecuencia de la necesidad de hacer frente al calentamiento global y sus consecuencias probables, en general muy negativas si no actuamos de una manera decidida.

La Unión Europea, consciente de que este vector de transformación va a conformar el futuro de nuestras sociedades durante un periodo bastante dilatado, desea liderar esta transformación, lo que le podría permitir, además de hacer frente al grave problema que se plantea a la humanidad, recuperar una posición de liderazgo y de influencia tanto política como económica en el contexto mundial, en cierta forma perdida por la pujanza de otras regiones geográficas.

Esta estrategia arrancó hace más de 20 años, con la firma del Protocolo de Kyoto en 1997 y su posterior ratificación en 2002, a lo que siguió, entre otros, la creación del régimen de comercio de derechos de emisión (2004), el Paquete de Energía y Clima 20-20-20 (2007), el Marco Estratégico de Energía y Clima (2014) y el Paquete de Energía limpia para todos los europeos (2016) y su desarrollo en varias directivas y reglamentos.

Actualmente, la estrategia está basada en el Pacto Verde Europeo (2019), uno de los pilares de la legislatura de la Comisión liderada por Ursula Von der Leyen para el periodo 2019 a 2024, que está obligando a modificar una gran cantidad de directivas y reglamentos europeos, y por la Ley Climática Europea, que dimana de dicho Pacto y que establece la obligatoriedad de conseguir la neutralidad climática en 2050.

A estos efectos conviene distinguir entre neutralidad climática, compromiso de la UE para 2050, y neutralidad de carbono, compromiso de China para 2060. La neutralidad climática hace referencia a conseguir que sea nula la influencia sobre el clima del conjunto de elementos derivados de la actividad humana (dióxido de carbono, otros gases de efecto invernadero y el resto de elementos derivados de actividades antropogénicas, como aerosoles, uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura y, finalmente, estelas de aviones). La neutralidad de carbono se refiere únicamente a conseguir que las emisiones netas de dióxido de carbono —el principal de los gases de efecto invernadero, pero no el único— sean nulas. Este último compromiso no considera, por tanto, el resto de gases de efecto invernadero ni otros factores causantes del cambio climático. Es decir, el compromiso recientemente anunciado por el Gobierno de China —por otra parte, de enorme trascendencia— es que sus emisiones de CO2 deben ser compensadas por sumideros, no haciendo, por tanto, referencia alguna al resto de elementos que causan el calentamiento de la atmósfera.

Estando muy claro en la UE el objetivo, la neutralidad climática, el marco temporal para alcanzarla (2050) y la necesidad de conseguirlo a nivel mundial, no obstante, existe una notable incertidumbre sobre la posibilidad real de conseguirla en dicho plazo, así como sobre la magnitud de los costes sociales y económicos a lo largo del proceso de descarbonización.

Ejemplos en este sentido son el coste de la rápida implantación de generación fotovoltaica en nuestro país en 2008, que finalmente generó una notable deuda eléctrica que todavía estamos pagando hoy; las protestas sociales de los chalecos amarillos en Francia por el aumento de la fiscalidad del gasóleo; o bien la previsible volatilidad de los precios del petróleo a medida que vaya siendo sustituido por energías renovables, que podría estar motivada por la falta de inversiones a largo plazo en exploración o la concentración creciente de la producción en unos pocos países de la OPEP con costes de extracción muy bajos.

En estos momentos, podemos afirmar que el camino hacia la total descarbonización de la economía está razonablemente definido en la UE hasta el año 2030 a partir de los planes nacionales de energía y clima elaborados por los 27 países de la Unión, pero las actuaciones posteriores para continuar presentan una notable incertidumbre tanto tecnológica como económica.

Marco legal y alcance de la descarbonización del sector de la edificación

Para el año 2030, el marco reglamentario en la UE deriva del documento denominado “Fit for 55” (julio de 2021), compuesto por 11 textos legislativos y reglamentarios cuyo objetivo es conseguir una reducción de las emisiones en 2030 del 55 % con respecto a 1990, debiendo tener en cuenta que el objetivo anterior —recogido en el Marco estratégico europeo de energía y clima de 2014— era de una reducción para dicho año del 40 %. Según estimaciones de BPIE (Building Performance Institute of Europe), dicha reducción del 55 % supondría para la edificación una disminución del 60 %.

En el caso de España, el documento estratégico para cumplir con las políticas que dimanan de la UE en aspectos de energía y clima es el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, que se desarrolla y concreta para la edificación en la Estrategia para la Rehabilitación Energética del Sector de la Edificación en España (ERESEE) 2020.

Por otra parte, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) 2021-2026 contempla la asignación de 6820 millones de euros de fondos públicos a la rehabilitación energética de viviendas y de otros 1320 millones de euros destinados al autoconsumo y almacenamiento y a la implantación de sistemas térmicos renovables en los edificios, con el objetivo de recuperar la actividad económica en el sector de la construcción, debiendo servir para acelerar el cumplimiento de los objetivos de la ERESEE.

La Clave

Una urgencia

Resulta urgente abordar normativamente las grandes diferencias entre los consumos teóricos de proyecto y los reales, establecer límites cuantitativos al carbono en el ciclo de vida, implantar el pasaporte del edificio o establecer estándares mínimos para las prestaciones de los edificios.

Asimismo, para 2050, el marco legal de la UE está constituido por la Ley Climática y, para España, por la Ley de Cambio Climático y Transición Energética y por la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo (ELP 2050). 

En cuanto a España, los objetivos y la estrategia para abordar la descarbonización de la edificación están definidos en la ERESEE 2020 y en la ELP 2050. 

La ERESEE establece una disminución del consumo de energía final del sector de la edificación desde los 304.277 GWh en 2020 hasta 260.813 GWh en 2030 (–14 %) y hasta 192.727 GWh en 2050 (–37 % sobre 2020). En cuanto a las emisiones, únicamente las cuantifica para el uso residencial, estableciendo el objetivo de pasar desde las 17.044 tCO2 en 2020 hasta 10.725 tCO2 (–37 %) hasta las 201 tCO2 en 2050 (–99 % sobre 2020).

Por otra parte, la cuantificación de la reducción de emisiones de la edificación a 2050 viene definido por la ELP, que establece que las emisiones de carbono en la fase de operación deben ser nulas en dicho año. En cuanto a las emisiones del ciclo de vida del edificio excluyendo las de carbono operativo (es decir, las correspondientes a las fases de extracción de materias primas, fabricación de los materiales, transporte en sus diferentes fases —de las materias primas a las fábricas de materiales, de estas a la obra y, finalmente, una vez demolido el edificio, de la obra a vertedero o a su reciclado—, construcción, utilización, mantenimiento, reparación, reposición y rehabilitación y demolición y reciclado), que denominamos carbono embebido, estas no vienen desglosadas específicamente para la edificación, sino que vienen incluidas en las del sector industrial, cuyas emisiones deben reducirse desde los 72 MtCO2 en 2020 hasta los 7 MtCO2 en 2050 (–90 %), y en las del transporte, que deben pasar de 87 MtCO2 en 2020 hasta 2 MtCO2 en 2050 (–98 %).

En síntesis, podemos concluir de lo anterior que los instrumentos de planificación de la descarbonización en nuestro país establecen el objetivo de emisiones nulas en la fase de operación del edificio y prácticamente nulas para el carbono embebido.

En el caso de la reducción del carbono operativo, existe una estrategia clara, que consiste en reducir la demanda del edificio, diseñar sistemas muy eficientes y suministrar la energía necesaria mediante energía procedente de fuentes renovables, producidas preferentemente en el entorno del edificio. Por el contrario, para la energía embebida, ni siquiera existe mención alguna en la Directiva UE de Eficiencia Energética en los Edificios ni una metodología acordada para poder evaluarla, algo que empieza a resultar urgente para empezar a abordar su reducción.

Aspectos que deben tenerse en cuenta para abordar la rehabilitación energética

En primer lugar, es importante tener en cuenta que la rehabilitación no puede ser, en general, únicamente energética, pero debe tener siempre el componente de reducción de la demanda energética si se quiere cumplir con los ambiciosos objetivos recogidos en nuestro marco legislativo y de planificación. En concreto, diversos estudios realizados en nuestro país estiman que de las escasas 30.000 viviendas que se rehabilitan anualmente, únicamente el 20 % incluyen el componente de mejora de la eficiencia energética, porcentaje que está en menos del 10 % para las rehabilitaciones en el área mediterránea.

La rehabilitación de los edificios no puede ser solo energética, aunque debe incorporar siempre la componente energética

Si damos las estimaciones anteriores por buenas, esto quiere decir que tendríamos que pasar de una rehabilitación energética de 6000 viviendas al año a las 300.000 viviendas anuales que establece la ERESEE 2020 para finales de esta década, lo que significa que hay que multiplicar por 50 el ritmo de actividad en esta línea. Todo ello sin tener en cuenta que las rehabilitaciones hasta la fecha podrían ser, al menos en parte de ellas, de menor profundidad de la necesaria en el aspecto de la rehabilitación energética, algo que no debería ocurrir a partir de ahora.

En todo caso, algo que va a favorecer sin duda el inicio de esta andadura es que, como consecuencia de la pandemia y de la falta de adecuación de muchos hogares para servir de lugar de descanso, de trabajo y de ocio, existe una mayor predisposición de muchos propietarios para rehabilitar sus viviendas de forma que sean capaces de satisfacer las nuevas necesidades. 

Otra cuestión muy relevante es la necesidad de establecer mecanismos de ayuda a los colectivos vulnerables, no únicamente económica, sino también en cuanto a la definición y alcance de las obras a acometer y el acompañamiento a lo largo de la ejecución de las obras.

En tercer lugar, para poder alcanzar los ambiciosos objetivos comprometidos en los plazos señalados, resulta esencial abordar programas a escala de barrio, lo que requiere la implicación directa de la propia Administración local, que debe establecer un marco de actuación y unas condiciones estables para la incorporación de capital privado en las operaciones de remodelación. Es necesario tener en cuenta que no va a resultar posible canalizar la inversión privada hacia actuaciones de regeneración urbana sin una expectativa fundada de retorno, lo que va a requerir o bien la tutela de la Administración local o bien la colaboración público-privada en este tipo de proyectos.

En actuaciones a nivel de barrio, se hace imprescindible la consideración de determinados aspectos de planificación urbana, algunos de los cuales son: hay que avanzar hacia un modelo urbano compacto, un transporte público cómodo, rápido, económico y no contaminante y una limitación cada vez mayor del vehículo privado; hay que conseguir ámbitos de actuación energéticamente autosuficientes a partir de comunidades energéticas locales; y, por último, hay que contemplar en la planificación urbana la frecuencia cada vez mayor de los fenómenos extremos, como olas de calor o fuertes riadas.

En cuarto lugar, la rehabilitación energética requiere un cambio en el papel pasivo del consumidor, que debe convertirse en un consumidor activo y, en algunas ocasiones, en un prosumidor, es decir, en productor o consumidor en diferentes momentos.

Por último, una dificultad que hay que superar es la actual estructura del sector de la rehabilitación: un sector muy atomizado, con un 75 % de empresas con cinco o menos empleados, con un bajo nivel de digitalización, con una falta de atractivo para el talento joven y con escasa presencia de la mujer, y en el que se ha producido, como consecuencia de la crisis de 2008 a 2014 y a la lenta recuperación posterior, un notable envejecimiento de la mano de obra (en 2020 el 70 % de los empleados eran mayores de 40 años, mientras que eran el 48 % diez años antes, con una escasa presencia de los menores de 30 años).

©Santi Burgos

Algunas propuestas para acometer la transformación de la edificación en un sector descarbonizado

Conseguir el muy ambicioso objetivo de descarbonizar el sector de la edificación va a requerir la contribución proactiva de todos los agentes del sector: Administraciones públicas, promotores, proyectistas, constructores, instaladores, propietarios y usuarios y fabricantes de materiales. Quizá el cambio más importante que se requiere es el cambio de actitud de trabajar en compartimentos estancos, como ocurre actualmente, a trabajar de manera colaborativa para conseguir los objetivos que se plantean al inicio de cada proyecto.

El marco regulatorio de la UE que ha venido marcando hasta el momento la transformación del sector de la edificación en un sector progresivamente más descarbonizado está recogida en una serie de Directivas y revisiones de las mismas, siendo las más relevantes la de Eficiencia Energética de los Edificios, la de Eficiencia Energética, la de Energías Renovables y el Reglamento de Productos de la Construcción, todas las cuales han sido traspuestas a la legislación española. 

A su vez, son también muy relevantes para las instalaciones de los edificios los reglamentos de diseño ecológico y los reglamentos de etiquetado energético de equipos, que exigen niveles mínimos de eficiencia energética para todos los equipos que forman parte de las instalaciones de los edificios —bombas de calor, enfriadoras, calderas, motores eléctricos, bombas hidráulicas, ventiladores, climatizadores, recuperadores, calentadores de agua, ventiloconvectores, depósitos de agua—, progresivamente más exigentes y que son vinculantes para todos los países de la Unión desde su publicación sin necesidad de ser traspuestos a la legislación nacional. 

Y en cuanto a las estrategias o marcos de actuación, debemos mencionar aquí la Oleada de Renovación (Renovation Wave), que propone duplicar la tasa de rehabilitación energética de aquí a 2030 y fomentar las renovaciones en profundidad, y el Marco Level(s), que propone una metodología común para analizar los impactos ambientales derivados de la construcción en todo su ciclo de vida.

Adicionalmente a lo anterior, es necesario desarrollar una serie de instrumentos administrativos y financieros, así como una serie de modificaciones legales, con el objeto de canalizar todo el esfuerzo requerido de una manera eficiente. 

Dos instrumentos esenciales en este proceso son el libro digital y el pasaporte del edificio, cuya implantación de una forma seria y rigurosa permitiría, por un lado, que todos los agentes intervinientes en el proceso de rehabilitación tuvieran una documentación completa, con el ahorro de costes y de tiempos que esto podría suponer, y, por otro, que se defina una imagen final del edificio y sus instalaciones, lo que permitiría actuaciones parciales de rehabilitación de forma que no fuera necesario desmontar en intervenciones posteriores. A estos efectos, dentro de las ayudas a la rehabilitación recogidas en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, se contemplan subvenciones para la elaboración del libro del edificio existente para la rehabilitación, lo que puede ser el detonante para su progresiva implantación en el parque edificado.

Algunas propuestas para viabilizar la canalización de la inversión privada hacia la rehabilitación de edificios podrían ser el Ecobonus (crédito fiscal transferible por el importe de la rehabilitación), los préstamos PACE —Programa de Activación en el Capital ecológico de Edificios— (permiten canalizar inversión privada a la financiación de proyectos de eficiencia) o la creación de un Banco Verde (especializado en financiar proyectos de rehabilitación sostenible).

Los agentes del sector deben trabajar de una forma mucho más colaborativa

Una propuesta que merece una atención especial, por su potencial de canalizar la inversión privada hacia proyectos de rehabilitación energética de edificios, es el desarrollo regulatorio de los certificados de ahorro energético, mediante el cual las compañías suministradoras de electricidad y gas, actualmente obligadas a aportar unas determinadas cantidades anuales para nutrir el Fondo Nacional de Eficiencia Energética —que finalmente se canaliza hacia la rehabilitación de edificios—, puedan cumplir dicha obligación mediante la justificación de haber aportado los fondos necesarios en proyectos de rehabilitación energética. Esto obligaría a establecer un sistema de medición y cuantificación de los ahorros energéticos obtenidos en la rehabilitación y a la posibilidad de transmisión de dichos certificados de ahorro a las compañías obligadas al pago de las cuotas de ahorro (las compañías suministradoras de electricidad y gas).

En cuanto al marco específicamente técnico que regula las obligaciones que deben satisfacer las actuaciones en los edificios, a continuación expongo las cuatro propuestas que considero necesarias para poder avanzar en el camino hacia la descarbonización.

En primer lugar, dado que el edificio es algo unitario en su concepción, en su construcción, en su utilización y en su demolición y reciclado, resultaría muy conveniente que hubiera una competencia única en la Administración. Actualmente, el edificio sin las instalaciones es competencia del MITMA y las instalaciones son competencia del MITERD, algo que ha venido ocurriendo desde hace muchos años, aunque los ministerios han ido cambiando de nombre y de funciones. Esta separación del edificio en dos componentes está creando disfunciones muy importantes y supone una inconsistencia con el hecho de que el objetivo de descarbonización de la edificación es único, no habiendo un objetivo para la envolvente y otra para sus instalaciones.

En segundo lugar, la obligación de que las emisiones de carbono operativo de los edificios sean nulas en 2050 obliga a contemplar los siguientes aspectos en las futuras revisiones del Código Técnico de la Edificación (CTE) y del Reglamento de Instalaciones Térmicas de los Edificios (RITE): 

  • Dado que hay grandes diferencias entre los consumos estimados en fase de proyecto y los consumos reales que finalmente se producen, hay que pasar de reglamentar el consumo teórico en fase de proyecto al consumo medido en condiciones de operación reales. Para ello es necesario monitorizar consumos y tipificar las condiciones de operación para eliminar las distorsiones que crea el usuario final, lo que requeriría desarrollar modelos de simulación energética para cada edificio y calibrarlos en fase de uso.
  • Hay que contemplar todos los consumos del edificio y no únicamente los reglamentados ahora (climatización y agua caliente sanitaria en los edificios residenciales, y climatización, iluminación y agua caliente sanitaria en los terciarios), incluyendo equipos y consumos auxiliares.
  • Habría que analizar en profundidad si la descarbonización del gas natural y su sustitución por biometano o por biogás es razonablemente plausible en los próximos años, dado que, si no lo fuera, sería necesario eliminar la utilización de combustibles fósiles en los edificios.

En tercer lugar, habría que establecer en la siguiente revisión del Código Técnico de la Edificación, prevista para el año 2024, la incorporación de limitaciones cuantitativas a las emisiones en el ciclo de vida del edificio, lo que requeriría: 1) el desarrollo de una metodología consistente, estable y armonizada con el resto de los países de la UE; 2) la creación de una base de datos de emisiones de los materiales de construcción pública, transparente y actualizable; y 3) la obligatoriedad de que todos los materiales de construcción tengan una declaración ambiental de producto (DAP) emitida por un tercero. 

A estos efectos, conviene indicar aquí que los países de Finlandia, Dinamarca y Francia tienen borradores de norma con limitaciones cuantitativas a las emisiones en el ciclo de vida del edificio en 50 años de ciclo de vida (Finlandia: entre 10 y 14 kg CO2eq/m2 al año en 2025; Dinamarca: 12 kg CO2eq/m2 al año en 2023; y Francia: de 12,8 a 14,8 kg CO2eq/m2 al año en 2025), cuya entrada en vigor está prevista en el corto plazo, y que el RIBA (Royal Institute of British Architects) ha propuesto limitaciones de carbono en el ciclo de vida de 800 kg CO2eq/m2 en 2020 y de 600 kg CO2eq/m2 en 2025.

Por último, una manera de activar la demanda de rehabilitación energética sería la de establecer unos requisitos mínimos de eficiencia energética para los edificios (minimum energy performance o MEP) en unos determinados plazos en función de los usos, lo que obligaría a actuar sobre los edificios que no alcanzaran dicha calificación. Habría que complementar esta exigencia con un plan de ayudas, especialmente para colectivos vulnerables. Esquemas de este tipo han sido ya implantados recientemente en Países Bajos, Francia, Reino Unido y EE. UU.

Autores invitados a participar en este número de la revista

De lo anterior se deriva que el asunto de la descarbonización de la edificación es muy poliédrico y que requiere actuaciones y modificaciones, en algunos casos muy profundas, en varios campos y ámbitos de actuación. Es por ello por lo que hemos invitado a este número de la Revista de Obras Públicas, dedicado a la rehabilitación y regeneración urbana, a varias de las personas más autorizadas en sus respectivos campos para que nos ilustren sobre las iniciativas necesarias para poder conseguir el difícil objetivo de descarbonizar la edificación.

Ha sido, sin duda, un privilegio para mí tener la oportunidad de debatir con cada uno de ellos acerca del enfoque de su participación en esta revista, así como del contenido de sus artículos. Desde aquí les transmito mi gratitud y la de la revista, y espero que sus ideas, muchas de ellas originales, nos sirvan para avanzar en este camino hacia la neutralidad climática.

A continuación, describo muy brevemente el contenido del artículo de cada uno de los autores que han participado en este número de la revista:

©Lucía Moreno Diz–Miguel Sánchez Moñita
  • Eduardo de Santiago, consejero técnico del MITMA y coordinador principal de la ERESEE 2020, en su artículo “La hoja de ruta para orientar el futuro de la rehabilitación en España: la Estrategia a largo plazo para la Rehabilitación Energética en el Sector de la Edificación (ERESEE 2020)”, nos sintetiza el contenido del documento que recoge el conjunto de actuaciones necesarias para descarbonizar en nuestro país el carbono operativo de la edificación en 2050.
  • Adrian Joyce, secretario general de EuroACE – Energy Efficient Buildings, una asociación de la Industria Europea, en su artículo “Building Renovation and Urban Regeneration in the EU”, nos da una panorámica europea describiendo el marco regulatorio en la UE, así como diversas iniciativas punteras que se han tomado en varios países de la misma.
  • Antonio Serrano, doctor ingeniero de caminos y catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio de la UPV (1983-2010), en su artículo “Rehabilitación, Regeneración y Resiliencia urbana en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Español (Plan España Puede)” hace una detenido análisis sobre los condicionantes existentes en los procesos de rehabilitación, regeneración y resiliencia urbana, así como sobre las posibilidades de intervención a partir de los recursos movilizados por dicho plan.
  • Isabel Alonso, directora de la Región Sur de Europa de Sostenibilidad y Desarrollo de Negocio de BMI, en su artículo “El Plan España Puede, una oportunidad única, una gran responsabilidad” explica el aumento de predisposición del propietario de viviendas a acometer su rehabilitación como consecuencia de las restricciones sufridas a lo largo de la pandemia y analiza las barreras que hay que superar desde el punto de vista de la oferta de empresas y profesionales de la rehabilitación de viviendas.
  • Hemos realizado una entrevista conjunta a las tres siguientes directivas de BPIE (Buildings Performance Institute Europe), probablemente el centro de estudios más prestigioso de la UE en asuntos relacionados con la necesaria descarbonización del sector de la edificación y generador continuo de informes y conocimiento que iluminan a los diferentes agentes del sector en este proceso: Mariangiola Fabbri, Head of Research, Caroline Milne, Head of Communications y Hélène Sibileau, Senior Policy Adviser. En dicha entrevista se abordan asuntos de gran relevancia y actualidad para acometer la transformación del sector de la edificación, como, entre otros, los aspectos en los que debe ser modificada la Directiva UE de Eficiencia Energética en la Edificación o bien la posición de BPIE sobre la incorporación de la edificación al comercio de derechos de emisión, a la que, por cierto, se muestran contrarias.
  • Ignacio de la Puerta, director de Planificación Territorial y Agenda Urbana del Gobierno vasco, en su artículo “Modelo Opengela. Hacia la cohesión social por la eficiencia energética” nos explica el Proyecto Opengela, ejemplo práctico de implantación de la Agenda Urbana-Bultzatu 2050, que forma parte del Proyecto Europeo HIROSS4all —financiado por el programa H2020— como proyecto piloto, para acometer después un modelo de gestión que permita la descarbonización del parque edificado del País Vasco.
  • Jordi Mas, coordinador del Área Técnica del Consorcio de la Vivienda del Área Metropolitana de Barcelona, en su artículo “El Plan de Rehabilitación de viviendas del Área Metropolitana de Barcelona: una estrategia adaptativa para escalar la actividad rehabilitadora” explica que se va a acometer este proyecto a partir de la experiencia adquirida en un proyecto de rehabilitación acometido en 2013 en el municipio de Santa Coloma de Gramenet (120.000 habitantes) en una actuación sobre 32 edificios de los años 60 y 70, con un total de 360 viviendas, y con la Administración local como Administración actuante.
  • Juan Rubio, director del Observatorio Ciudad 3R, en su artículo “Realizar lo soñado”, después de cuantificar en alrededor de un 20 % las actuaciones de rehabilitación que tienen el componente de mejora de la eficiencia energética —porcentaje que estima en un 7 % para el área mediterránea—, afirma que no es conveniente circunscribir las políticas de fomento de rehabilitación exclusivamente a la dimensión del ahorro energético, concepción originada en Europa continental y que está lastrando el despegue de las políticas de rehabilitación en España. Afirma que, en nuestro país, son necesarias, además del ahorro energético, actuaciones en accesibilidad, conservación, renovación de instalaciones antiguas, adaptación al cambio climático, sustitución de fuentes fósiles y ampliación de superficie de terrazas.
  • Emilio Miguel Mitre, líder de colaboración del proyecto MAKING-CITY, y Miguel Segovia, técnico de proyectos, ambos empleados del Green Building Council España, en su artículo “Los distritos de energía positiva como semilla de la ciudad descarbonizada” nos explican el proyecto MAKING-CITY, financiado al 90 % por el programa Horizon 2020 de la Comisión Europea, en el que participan 34 organismos, incluidos ayuntamientos, centros de investigación y empresas. Detallan los requisitos para desarrollar un distrito de energía positiva, así como los dos proyectos piloto, uno en Groninga (Países Bajos) y el otro en Oulu (Finlandia). A estos efectos, es conveniente resaltar que el Strategic Energy Technology Plan (SET-PLAN) de 2018 de la Comisión Europea tiene el objetivo de tener en desarrollo 100 distritos de energía positiva en 2025, para lo que las enseñanzas que puedan conseguirse en el proyecto MAKING CITY son de vital importancia.
  • Dolores Huerta, directora general de GBCe; Ander Bilbao, coordinador de proyectos, Cíclica; Raquel Díez, directora de proyectos de GBCe; Borja Izaola, miembro del equipo de proyectos de GBCe; Joaquim Arcas, director ejecutivo de Cíclica; Miguel Segovia, miembro del equipo de proyectos de GBCe; y Lucía Martín, miembro del equipo de proyectos de GBCe, en su artículo “La descarbonización de la edificación en todo su ciclo de vida” desarrollan, por un lado, la importancia de abordar el análisis en el ciclo de vida (ACV) de las emisiones de la edificación, por cuanto que suponen el 10-12 % de las emisiones totales en algunos países de la UE; y, por otro, explican el ambicioso proyecto Building Life, financiado en su totalidad por el fondo filantrópico Ikea Laudes, cuyo objetivo es desarrollar las hojas de ruta de la Unión Europea y de diez países de la UE (Países Bajos, España, Alemania, Gran Bretaña, Irlanda, Croacia, Italia, Polonia, Francia y Finlandia) relativas a la descarbonización completa de la edificación en todo su ciclo de vida.
  • Joaquim Arcas, director ejecutivo de Cíclica, en su artículo “PAS-E. Pasaporte del edificio. Instrumento para la rehabilitación profunda por pasos”, después de explicar la necesidad de desarrollar un nuevo instrumento de diagnosis y planificación a escala del edificio —el pasaporte del edificio—, detalla sus tres componentes, que son: el libro digital del edificio, el plan de acompañamiento a lo largo de la rehabilitación y el plan de rehabilitación del edificio, que es una hoja de ruta a medio y largo plazo que define la intervención por pasos y la imagen final.
  • David Martínez, Consejero delegado de AEDAS HOMES, en su artículo “El ineludible reto de la actuación sobre la ciudad consolidada” comenta que en los barrios residenciales e industriales es necesario abordar, de forma conjunta con la rehabilitación energética, la regeneración medioambiental, social y económica. Adicionalmente, afirma que las actuaciones de regeneración urbana, que deben tener una cierta escala, requieren del liderazgo y del impulso de las Administraciones públicas y de una colaboración estrecha entre estas y el sector privado, el cual necesita un marco claro y estable para poder intervenir.
  • Eduardo Brunet, presidente de Greenward Partners, en su artículo “Avanzar en rehabilitación energética requiere la confluencia de capital público y privado”, tras afirmar que el mayor escollo para avanzar a la velocidad deseada en la rehabilitación energética en la financiación, propone el desarrollo de tres instrumentos para canalizar la inversión privada hacia la rehabilitación: el Ecobonus, el Programa para la Activación del Capital ecológico en los Edificios (PACE) y la creación de un Banco Verde. Adicionalmente considera que las comunidades energéticas locales (CEL) podrían desempeñar un papel muy relevante en la transformación del sistema energético. Y, por último, propone el desarrollo de los certificados de ahorro energético como mecanismo para acelerar la rehabilitación energética de la edificación.
  • Javier García Breva, asesor en Nuevos Modelos de Negocio Energéticos y exdirector General del IDAE, en su artículo “Crear mercado y demanda de rehabilitación energética” afirma que para acelerar la rehabilitación energética es necesario romper con dos tabúes: por un lado, es necesario considerar el uso de la energía en la ordenación del territorio y, por otro, es necesario considerar la eficiencia energética como inversión y no como sobrecoste. También considera que la rehabilitación energética exige un cambio de actitud en el consumidor, que debe pasar de un papel pasivo a un papel activo.

Esperamos sinceramente que el lector encuentre en el contenido de este número el material necesario para hacerse una idea de cuál es la situación actual del sector de la edificación y, sobre todo, que encuentre ideas y propuestas que le puedan iluminar en su actividad profesional.

Referencias

9

Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (2021)

https://planderecuperacion.gob.es/documentos-y-enlaces



 

12

Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética

https://www.boe.es/boe/dias/2021/05/21/pdfs/BOE-A-2021-8447.pdf



22

Código Técnico de Edificación (CTE), Documento Básico de Energía (2019)

https://www.codigotecnico.org/DocumentosCTE/AhorroEnergia.html

23

Reglamento de Instalaciones Térmicas de los Edificios (RITE), Legislación consolidada (2021)

https://www.boe.es/buscar/pdf/2007/BOE-A-2007-15820-consolidado.pdf