La Clave

El valor de nuestros embalses en beneficio de la descarbonización

El almacenamiento hidráulico es clave para la descarbonización, flexibilidad y seguridad del sistema eléctrico y palanca para el desarrollo sostenible del territorio. La transición energética es una oportunidad para el desarrollo económico de zonas rurales. En este artículo se pretende destacar cómo el uso de almacenamiento energético de los embalses en nuestro país ayudaría a una transición justa al crear riqueza en el territorio, a partir de las infraestructuras públicas existentes.

Baldomero Navalón Burgos

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.

Consultor del sector energético.

Consejero coordinador de Sostenibilidad del Grupo Banco Caminos.

Presa del Villar en el río Lozoya (Madrid). ©Vicente Tofiño

De los muy diversos ámbitos en los que se puede abordar la transición ecológica en el territorio, me centraré en unos elementos vitales para el desarrollo de nuestro país en etapas anteriores y que hoy constituyen un activo de incalculable valor para la transición energética, imprescindible para la lucha contra el cambio climático; hablamos de los embalses.

Nuestro territorio, caracterizado por una climatología continental y una precipitación muy variable a lo largo de ciclos húmedos y secos, es complicado desde el punto de vista hidrológico, con ríos torrenciales secos en verano y desbordados en invierno. Para disponer regularmente de agua, elemento indispensable para la vida, y el desarrollo de la sociedad son imprescindibles los embalses.

En mi opinión, presa y embalse son una perfecta demostración de cómo la ingeniería civil se pone al servicio de la sociedad, diseñando, construyendo y explotando una infraestructura (la presa) que crea un elemento de gran valor económico, social y ambiental (el embalse). Los embalses resolvieron el problema de almacenamiento del agua independizando su posibilidad de uso del régimen natural de los ríos; por tanto, su disponibilidad permitió el desarrollo de la actividad económica en el pasado, a través de los diversos usos consuntivos, abastecimiento, riego e industrial, como de usos no consuntivos, como el hidroeléctrico y los usos lúdicos, navegación, pesca y deportes acuáticos.

Además, el embalse se constituye como elemento vertebrador del territorio, alrededor del cual se desarrollan nuevas actividades de tipo social y ambiental. Sin duda la construcción de estos embalses supuso en el pasado una importante afección al territorio, a sus habitantes y al entorno medioambiental, aunque con el tiempo se han generado ecosistemas nuevos de gran valor ambiental (Cañón del río Sil, Cañón de Los Arribes del Duero, Parque Nacional de Monfragüe, etc.), inductores de nuevas actividades en el entorno rural como puede ser el turismo rural y de naturaleza.

Los embalses ocupan una superficie del orden del 1% del territorio peninsular español, con una capacidad de almacenamiento cercana a los 56.000 hm3, que equivale al 50% de la aportación media anual de nuestros ríos. Para ello ha sido necesario construir unas 1.200 grandes presas, 45 de ellas en los últimos 20 años, unas 450 son anteriores a 1960 y más de 100 ya existían en el año 1915.

Esta inversión ha sido ejecutada por la iniciativa pública y privada, con diferencias desde el punto de vista territorial y del uso prioritario para el que fueron concebidas. A nivel muy general, se puede considerar que en la zona noroccidental (Tajo, Duero, Duero y cornisa cantábrica) predominan los embalses para usos hidroeléctricos de concesionarios privados, mientras que en las cuencas mediterráneas y más meridionales (cuencas internas de Cataluña, Júcar, Segura, Guadiana y Guadalquivir) predominan los embalse públicos y los usos consuntivos y de defensa. Si bien hasta los años 70 el crecimiento de la capacidad embalsada fue similar para la iniciativa pública y la privada, a partir de ese momento la iniciativa privada se estanca en los 21.000 hm3 y solamente se construyen nuevos embalses de titularidad pública donde el interés general de la infraestructura coexiste con la evolución de la sociedad hacia una mayor concienciación medioambiental y social.

Los embalses y el sistema eléctrico

Centrándonos ya en la relación entre los embalses y su importancia para el sistema eléctrico español, ya desde principios del siglo XX y hasta mediados de los años 80 se fue desarrollando todo el parque hidroeléctrico mediante la construcción de grandes presas y embalses, siendo la energía hidroeléctrica la primera energía de carácter renovable con un importante peso en el mix energético del país.

Entre los años 70 y 80, disponer de embalses ya construidos permitió el proyecto y la construcción de centrales hidroeléctricas de bombeo para almacenar la energía producida en las centrales térmicas (fuel, carbón y nuclear) en las horas de bajo consumo y producirla en las horas punta de demanda, y consiguiendo una eficiencia económica en la explotación del sistema eléctrico.

Ahora, de nuevo, nuestros embalses pueden ser un elemento muy valioso para ayudar a la descarbonización de la actividad humana mediante la electrificación de la economía. Aquellas infraestructuras que se construyeron en el pasado para laminar la irregularidad de nuestros ríos son hoy la mejor solución para complementar la volatilidad de las energías renovables eólica y solar fotovoltaica, permitiendo almacenar la energía eléctrica cuando la producción supera a la demanda eléctrica del sistema, y aportando energía hidroeléctrica también renovable en periodos de baja producción eólica o solar fotovoltaica.

Esta capacidad de almacenamiento estacional a gran escala contribuye a la estabilidad técnica y económica del sistema eléctrico, a la seguridad del suministro y al desarrollo racional de 

Fuente: elaboración propia

un mix de generación eléctrica basado en tecnologías de producción exentas de emisiones de gases de efecto invernadero.

La descarbonización de la economía

A nivel global, el Acuerdo de París de 2015, la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y el marco jurídico de la Unión Europea para cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a 2030 establecen la senda para la transformación del modelo económico.

En nuestro país se ha aprobado el Marco Estratégico de Energía y Clima, basado en la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y la Estrategia de Transición Justa. Su objetivo principal es la descarbonización de la economía española a través de las energías renovables, estableciendo una hoja de ruta para la década 2020-2030.

Es importante destacar que se ha aprobado y publicado la Estrategia de Almacenamiento, que establece la necesidad de contar con distintas tecnologías de almacenamiento de energía eléctrica y confirma el papel clave del almacenamiento hidráulico como única tecnología de almacenamiento masivo de energía eléctrica. De todo lo expresado, se deduce que tenemos un marco estratégico, una hoja de ruta, unas tecnologías maduras y una oportunidad única de aprovechar nuestras capacidades y activos para andar el camino hacia un modelo productivo más sostenible.

Los embalses y el territorio

Desde un punto de vista socioeconómico, el uso de los embalses para almacenamiento hidráulico mediante las centrales hidroeléctricas de bombeo es una palanca de desarrollo del territorio, una oportunidad para invertir en los territorios más aislados, ayudar a crear empleo y a fijar población en el entorno rural. En los embalses confluyen prácticamente todos los factores productivos del territorio: agua, energía, medioambiente, personas y paisaje.

Presa en el río Cuá en Vega de Espindadera (León). ©Vicente Tofiño

Es el Estado, a través de las administraciones públicas, quien debe asegurar un desarrollo territorial equilibrado mediante la dotación de infraestructuras públicas y dando las señales adecuadas para la inversión privada. Es el caso de los embalses de titularidad pública, donde ya existe un conjunto de infraestructuras construidas que hoy pueden ponerse al servicio de la lucha contra el cambio climático, ayudando al crecimiento de la economía regional.

Para ello, sería conveniente realizar una evaluación del potencial de almacenamiento por bombeo de los embalses de titularidad pública y, mediante criterios medioambientales, técnicos, económicos y sociales, establecer una priorización de los proyectos identificados. Con ello se podría elaborar un “Plan de utilización de embalses de titularidad pública para almacenamiento hidráulico”, que podría cubrir las necesidades futuras del sistema eléctrico basado en energías renovables más allá del PNIEC en el periodo 2030-2040.

Entre las ventajas de este plan podríamos destacar:

  • El mayor aprovechamiento de las infraestructuras hidráulicas ya existentes.
  • La inversión privada en nuevas centrales de almacenamiento por bombeo se concentraría en los proyectos de mayor valor estratégico conjunto y asegurando la competencia mediante procesos de subasta.
  • Se evitarían burbujas especulativas al construirse exclusivamente aquellas estrictamente necesarias para el operador del sistema eléctrico.
  • La redistribución de la riqueza entre los sectores productivos, al repartir los costes actuales de explotación y amortización de las citadas infraestructuras entre más usuarios, en este caso, el bombeo. El uso hidroeléctrico para bombeo no es consuntivo y no solo no compite con los usos agrícolas y de abastecimiento, sino que contribuirá a reducir los costes que estos soportan derivados del uso de infraestructuras públicas (presas y embalses) a través de tarifas del agua y cánones de explotación.
  • Oportunidad para la industria española, que está presente a lo largo de toda la cadena de valor del producto.
  • Creación de empleo en zonas aisladas.
  • Aprovechamiento de la infraestructura de evacuación de energía eléctrica existente.
  • Ingresos adicionales por la fiscalidad asociada a la actividad tanto a nivel estatal (IVA, impuesto a la electricidad, etc.) como local (licencias municipales de actividad y apertura, IBI, IAE, etc.).
Central hidroeléctrica de bombeo La Muela II (Valencia).
Presa embalse de El Atazar (Madrid). © Vicente Tofiño

Es relevante destacar que un proyecto de aprovechamiento hidráulico por bombeo tiene un plazo de tramitación de las autorizaciones administrativas pertinentes a nivel estatal, autonómico y municipal (de tipo ambiental, industrial, actividad, construcción, etc.) no inferior a los cuatro años y un plazo de construcción y puesta en servicio entre 4 y 6 años; estamos, pues, ante un plazo de 8 a 10 años de desarrollo de los proyectos. Los proyectos son intensivos en capital, ya que la inversión está entre los 0,5 y 2 millones de euros por megavatio instalado y su plazo de recuperación es superior a los 30 años. Por todo ello, es imprescindible una planificación a largo plazo que permita acompasar su construcción a las necesidades de almacenamiento del sistema eléctrico derivadas del desarrollo de las energías renovables eólica y fotovoltaica.

Si bien no es objeto de este artículo profundizar en los aspectos económicos del desarrollo de las centrales de bombeo, sí creo necesario aportar algunas magnitudes relevantes. Cumplir con las expectativas del PNIEC, es decir, poner en servicio 3,5 GW de potencia de centrales de bombeo antes del 2030, supone una inversión de capital privado entre 3.500 y 4.000 millones de euros, 5.000 empleos durante la construcción y unos 100 M€ de ingresos anuales recurrentes a las arcas públicas durante los años de explotación. Es una oportunidad única para el desarrollo de zonas aisladas del territorio, fomentando la actividad económica duradera en el tiempo, en clara contraposición al modelo efímero basado en las subvenciones.

Presa pantano de Alarcón (Cuenca). © Vicente Tofiño
Presa embalse de El Burguillo (Ávila). © Vicente Tofiño