El diseño en la ingeniería civil

Las formas en las que se expresa la ingeniería tienen una influencia notable en la calidad del entorno material que nos rodea. Igualmente, la apariencia de las obras condiciona de manera capital la visión que tiene el ciudadano de la calidad de las obras que proyectan los ingenieros.

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José Romo Martín

CEO de FHECOR. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Coordinador del monográfico.

Acuarela de Puente sobre el rio Piave (Italia)

En este monográfico se muestra, a través de una serie de ejemplos, cómo el aspecto formal –y, por lo tanto, el diseño– está presente de una manera más o menos explícita en prácticamente todas las ramas de la ingeniería civil.

Ahora bien, el lector podría preguntarse: ¿Qué es el diseño? ¿Y qué es el diseño en ingeniería civil? A la primera pregunta responde con claridad la declaración de la cumbre mundial del diseño realizada en Montreal en el 2017. Allí se definió el diseño como el proceso a través del cual se crean los entornos materiales, espaciales, visuales y de experiencia. Según esta definición, el ingeniero con su actividad creadora diseña una obra pública que entra claramente en relación con su entorno físico y cultural.

Lo específico del diseño en ingeniería

El diseño en ingeniería tiene una serie de peculiaridades que lo diferencian del diseño industrial, del diseño gráfico o del diseño en general de objetos. En ingeniería, cada obra tiene su propia singularidad asociada a su emplazamiento. El proyecto no puede ignorar los condicionantes topográficos, geotécnicos, ambientales, sociales y culturales específicos que van a condicionar la solución. El territorio en general, y el paisaje en particular, es el campo de aplicación de la ingeniería civil, siendo este aspecto –la relación de la obra con el espacio en que se construye– uno de los aspectos diferenciadores del diseño en ingeniería.

Además de la particularidad anterior, las obras de ingeniería tienen una escala considerable y, además, tienen que resistir fuerzas de gran magnitud tales como la gravedad, los empujes del terreno, del agua, la acción del viento o de un terremoto. El manejo de estas fuerzas, muchas veces colosales, así como su transmisión al terreno en el que se implanta la obra, es también un elemento diferenciador del diseño de la ingeniería, que tiene que dar respuesta a esos desafíos.

Diseño y funcionalidad en ingeniería

Hasta hace no mucho tiempo, el discurso dominante en ingeniería civil explicaba que las formas en las que esta se expresa procedían directamente de su función. Es un hecho indiscutible que la funcionalidad es la razón de ser de las construcciones realizadas por la ingeniería; sin embargo, es evidente que la expresión formal de la obra civil puede ser muy variada. Así, en el caso de un puente, es posible construir soluciones muy distintas en lo tipológico y en lo formal pero dotadas de la misma funcionalidad. Esta diversidad en el diseño refleja que el postulado funcionalista del form follows function (la forma sigue a la función) no es completamente aplicable a la ingeniería. Las formas en nuestra disciplina tienen que ver evidentemente con la función de la obra, ya sea esta un puente, una presa o un dique, pero no existe una relación biunívoca entre la expresión plástica concreta de una obra y su funcionalidad. El diseño, es decir, la manera de materializar la obra depende en gran medida de los criterios con los que el ingeniero encara el proyecto, de su experiencia personal y, en general, de su forma de entender la aplicación práctica de la profesión.

Si los ingenieros abandonan la expresión formal de sus obras, su lugar lo tomarán otros profesionales

Además, proyectar implica diseñar, ya que el ingeniero adopta una serie de decisiones que tienen una repercusión formal y plástica insoslayable. El diseño forma, por tanto, una parte importante de la actividad del proyecto y, aunque no es habitual hablar de diseño en la profesión, este condiciona fuertemente la apreciación que los ciudadanos tienen sobre el trabajo de los ingenieros.

De esta forma, la importancia creciente de los aspectos visuales de la obra pública nos obliga a prestar una especial atención al diseño. Si los ingenieros abandonan o descuidan la expresión formal de sus obras, su lugar será tomado por otros profesionales que pasarán a ser los nuevos líderes del proyecto. Esto ocurre ya en otros países de nuestro entorno, en los que el ingeniero ocupa una posición subalterna en un aspecto tan nuclear en la profesión como es el diseño de puentes. Allí, el blindaje legal que permite que el responsable técnico del proyecto de un puente sea un ingeniero no excluye que en muchos contratos públicos sea obligatoria la presencia y la firma como autor principal de otros profesionales, que se supone que aportan una calidad formal al proyecto que los ingenieros no son capaces de proporcionar. Por ello es importante reflexionar y discutir sobre los aspectos formales de la ingeniería, y a este fin se dedica este monográfico.

El contenido del número

La preocupación por el aspecto visual de las obras de ingeniería no es nueva; en muchas construcciones históricas se pueden apreciar detalles o aspectos que no tienen una justificación formal o resistente. En el texto preparado por Daniel Crespo para este número se pone claramente de manifiesto cómo el valor formal de la obra pública ha estado siempre presente en la historia de la ingeniería.

En casi todos los artículos que se incluyen en el monográfico, se percibe la importancia de la relación de la ingeniería con el medio. En el caso de la ingeniería marítima, los diques de abrigo son quizás uno de los elementos que mejor revelan el rigor de las fuerzas de la naturaleza. Como ejemplo del diseño en este tipo de obras, Vicente Negro nos presenta el espaldón de Tazacorte, en el que se combina magistralmente rigor técnico con forma y paisaje.

Otro de los temas tratados en este número es el diseño de puentes, que son quizás unas de las construcciones con mayor carga formal por su carácter aéreo. A esta materia dedica Ana Lorea un artículo en el que se realiza una reflexión sobre las implicaciones que tiene proyectar puentes en lugares tan singulares como el cauce del Urumea, en su recorrido urbano por San Sebastián, o en la ría de Bilbao. Siguiendo con los puentes, Juan Sobrino nos ilustra sobre la dificultad de proyectar unas pasarelas urbanas en Toronto (Canadá), especialmente cuando se trata de emplear un material no recogido por los códigos locales de puentes, como es el caso de las pasarelas del Garrison Crossing, proyectadas y construidas en acero inoxidable. Continuando con las estructuras, pero dentro de una actuación general muy compleja, Jürg Conzett, en su texto, muestra la importancia de la relación del puente y la carretera con el paisaje. El proyecto de Bondo se localiza en una zona de Suiza con grandes corrimientos de tierras. La obra es un ejemplo de esa ingeniería épica, que tiene que dar una respuesta equilibrada y segura frente a un desafío colosal como es la caída parcial de una montaña y su efecto en la cuenca situada aguas abajo.

Enlazando con la temática de la obra lineal y el paisaje, José María Jiménez nos presenta en su artículo la creación de un entorno nuevo, que se construyó para acopiar la cantidad gigantesca del material resultante de la excavación de los túneles de la nueva variante de Pajares. El reto técnico y ambiental era de primera magnitud y la solución tiene la bondad de crear un paisaje transformado pero indiferenciable del circundante.

Los concursos de ideas en puentes es uno de los temas de interés de este monográfico

Prosiguiendo con las obras ferroviarias, pero esta vez en el ámbito urbano, Jorge Bernabéu, Alex Sinclair y Pablo de la Puente presentan el proyecto de construcción de la primera línea de metro de Dublín. En el texto se recoge el desafío que supone diseñar una obra de esa envergadura en el centro de una ciudad consolidada como es la capital de Irlanda, así como las respuestas a los retos existentes.

Las obras de saneamiento de aguas tienen una parte subterránea y otra en superficie. Esta última parte tiene una gran relación con el entorno que, en general, es urbano o es el cauce de un río. En el artículo firmado por Rafael Díaz, se muestra la influencia del proceso contractual en el resultado formal de estas construcciones. El autor nos explica la importancia de la gestión en la calidad final de la obra y nos enseña el alto nivel plástico y paisajístico que se puede conseguir en este tipo de obras cuando existe la voluntad y el grado de organización necesario para alcanzar ese fin.

En otro ámbito completamente distinto, como es la edificación singular –campo, por otra parte, de experimentación y desarrollo de la ingeniería estructural–, Knut Stockhusen y Enrique Goberna presentan una serie de estadios espectaculares. En ellos se muestra cómo, gracias a esa ingeniería de alto nivel, se pueden hacer obras dotadas de un gran carácter formal y a la vez con una alta flexibilidad y adaptabilidad a distintos usos presentes y futuros, es decir, sostenibles.

Además de los artículos técnicos, el monográfico incluye un texto preparado por Modest Batlle en el que hace un repaso de las publicaciones dedicadas al diseño, realizadas en el pasado por el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Artículos y textos publicados a lo largo de los últimos decenios, muchos de ellos gracias al empuje e ilusión del autor por el tema, en los que se ha puesto de manifiesto la atención de la profesión al valor visual sus obras.

Otro tema que se ha considerado de interés, a la vista de las últimas experiencias nacionales, es el concurso de ideas en puentes. Esta forma de contratación es bastante frecuente en los países de nuestro entorno y se suele realizar con formatos diferentes. Es por ello que se ha pedido opinión sobre el tema a una serie de expertos como son: Guillermo Capellán, Gaute Mo, Héctor Beade y Peter Tanner. Uno de los aspectos resultantes de la encuesta realizada es la unanimidad de los autores al indicar que desde el Colegio se deberían propiciar los concursos de ideas en puentes; otro es la utilidad de disponer de una guía, preparada por el Colegio, para la realización de concursos de ideas que facilite el trabajo de los responsables de la Administración convocante.

Por último, dentro del monográfico se incluye una entrevista a Laurent Ney, uno de los más afamados especialistas internacionales en diseño de puentes con oficina principal en Bélgica. La entrevista se centra en una obra concreta: la pasarela de Tingatel, resultado de un concurso de ideas y con una amplísima repercusión mediática en Reino Unido.

Conclusiones

En resumen, en este número se ha tratado de presentar una serie de proyectos y reflexiones en campos muy distintos que permitan al lector hacerse una idea general sobre lo que es el diseño en ingeniería. El coordinador de este número se daría por satisfecho si este monográfico, de esta nueva etapa de la revista, sirviese para activar el debate sobre la relevancia de los aspectos formales y paisajísticos en las obras públicas y sobre el valor estratégico del diseño para la profesión.